sábado, 15 de agosto de 2026

Crónica de Tiara Virginia Caldez, entre el monte y el cupo

Un día, por error, Virginia le preguntó a una inteligencia artificial quién era. La máquina contestó con una lista de denuncias: acoso, esto, aquello. Nada del resto —el trabajo conseguido en Lanús, las amigas nombradas una por una, la reparación histórica que reclama para sus compañeras mayores, la fe con la que mira el presente— entró en esa respuesta. Solo el archivo de lo que le hicieron. Virginia pidió que se removiera ese dato. Pidió que se dijeran, en cambio, "otras cosas bonitas". No fue un capricho: fue la instrucción editorial más clara de toda la conversación, dada sin saber que la estaba dando. Esta crónica nace de esa escena y de la pregunta que deja abierta —quién decide de qué está hecha la biografía de una travesti— y se propone como una respuesta posible: no el prontuario que ofreció el algoritmo, sino el relato completo de una mujer que decidió ser otra cosa.

VOLVER A EMPEZAR

Crónica de Tiara Virginia Caldez, entre el monte y el cupo

 

Por Fernando Pequeño Ragone,
Agosto de 2026. 
Generado con asistencia de IA: Gemini + Claude. 

 

Esta crónica nace de una conversación con Virginia sobre su presente en la Subsecretaría de Género y Diversidades de Lanús. Para entender ese presente hizo falta, primero, recordar pasajes de nuestras charlas en un “mundo anterior”.

Ilustración 1 25 ene 2023. En paraje El Mollar, próximo a El Sunchal, tierra natal de Virgi.
Ver https://www.youtube.com/watch?v=nM9pHrsjTbY

En el contexto de esta conversación,
la amiga “Virgi” dijo:

Quiero recordar siempre a mi madre con una sonrisa  que me hizo revolucionaria y fuerte feminista, a  mi abuelo que me enseñó a ser noble ante la adversidad,  porque el murió siendo gaucho y jamás cuestionó mi homosexualidad es más me apoyó y respetó y a él nadie le enseñó nada porque en aquellos tiempos hasta mí me costaba comprender lo que sentía.

Todo lo que hoy soy es por ellos.

Hoy siento que vale la pena ser trans. Nadie debe hablar por nosotras. Todas tenemos que armar un mundo donde no tenga lugar la violencia en todas sus formas con nuestros pedacitos de historias.

 

Hay una frase que Virginia repite de distintas formas a lo largo de toda la conversación, como quien vuelve una y otra vez al mismo lugar aunque tome caminos distintos para llegar: volvemos a empezar. La dice para hablar de un trabajo perdido, de una ciudad abandonada, de una adicción vencida, de una vida entera rearmada más de una vez desde cero. Y sin embargo no la dice con resignación. La dice como quien enuncia un método. Ese es el nudo del que está hecha toda esta historia: una mujer a la que le sacaron, sucesivas veces, el lugar donde pararse —el trabajo, el pueblo, algunas de sus amigas más queridas— y que en cada pérdida decidió no quedarse en el relato de lo que le sacaron, sino ocuparse de lo que construía después. "En la calle no se muere", dice en un momento, "en la calle se lucha." Esa distinción, entre la muerte que se espera de una travesti pobre del interior y la lucha que ella eligió protagonizar, es la columna que sostiene todo lo que sigue.

La conversación con Virginia ocurre, en el presente, enfocada en Lanús. Ahí trabaja hoy, en la Subsecretaría de Género y Diversidades del municipio, con horario, con recibo de sueldo y con una rutina que ella describe casi como un descubrimiento: dormir de noche, vivir de día, tener con quién hablar en un pasillo a media mañana. Lanús es, en su relato, el lugar donde el cupo laboral trans dejó de ser una ley en un papel para convertirse en una puerta que se abre todas las mañanas. Pero para entender lo que significa esa puerta hace falta conocer también el otro extremo del mapa: San José de Metán, el pueblo del interior salteño donde Virginia tuvo su primer trabajo formal, antes de que existiera ningún cupo, y donde tuvo también su primera expulsión, la de un intendente que la dejó afuera de un día para el otro. Entre Metán y Lanús no hay solamente kilómetros: hay una distancia de derechos, la misma que separa a una travesti tolerada de una travesti con salario. Virginia caminó esa distancia más de una vez, yendo y viniendo, antes de que Buenos Aires terminara por darle lo que Salta todavía le debe.

El Crestón, antes de todo

Virginia se presenta con el nombre completo, como quien firma un documento: Tiara Virginia Caldés, del barrio El Crestón, feminista, peronista, "artista nata y de corazón". Dice que siempre le gustó la política, que tiene "un corazón noble" y que es "fuego puro" porque nació bajo el signo de Aries. Y ahí mismo, sin pausa dramática, sin anunciarlo como una confesión, agrega lo otro: "Me auto percibo travesti. Trans." Lo dice en el mismo tono con el que dijo lo del barrio y lo del corazón noble, como un dato más de una identidad que no jerarquiza entre lo político, lo artístico y lo sexo-genérico. El Crestón es el primer territorio de esta historia, el lugar de origen antes de cualquier viaje.

 [1] "Bueno, este, hola, me llamo Tiara Virginia Caldés, soy del barrio El Crestón, siempre feminista, peronista, artista nata y de corazón, ya te dije. Y siempre me gustó incursionar en la política, tener llegada al más necesitado. Tengo un corazón noble. Soy del signo Aries. Soy fuego puro. Me auto percibo travesti. Trans."

Ilustración 2 Ver https://www.youtube.com/watch?v=ScRp6huCoVc

De ahí en más, la vida de Virginia se cuenta, durante un buen tramo, en trabajos y en pérdidas de trabajo. Hace diez, once, doce años, recuerda, no existía el cupo laboral trans en ningún lado. El municipio de Metán le dio, sin embargo, una oportunidad: empezó a trabajar de forma administrativa, "de un día para el otro". Duró lo que duró esa gestión: un intendente la dejó sin trabajo y tuvo que volverse a Buenos Aires. Fue la primera vez que Virginia tuvo que elegir entre las pocas puertas que un pueblo del interior le dejaba abiertas a una travesti sin cupo: "verdulera, si sos peluquera, si has hecho un curso, si sabes algo de enfermería." O la ruta.

 [2] "Nos remontamos a 10, 12, 11 años atrás, cuando no existía el cupo laboral trans. El municipio de Metán me dio una gran oportunidad y comenzé a trabajar de forma administrativa, no por laboral, sino antes y de un día para el otro. Este, un intendente de Metán me dejó sin trabajo y me volví a Buenos Aires porque no están siempre las oportunidades para una trans. O verdulera o si sos peluquera, si has hecho un curso o si sabes algo de enfermería o por si estudiaste, no hay otra. Sí o sí tenés que empezar desde abajo, vender, y si te gusta, ruta 34."


Los bosques, el Gondolín y las que ya no están

Virginia hizo su transición en Buenos Aires. Trabajó en los bosques de Palermo, en una zona que nombra con una ironía sin amargura, "Tiempos de Oro", donde el servicio sexual costaba cincuenta y cien pesos y una volvía a su casa con la cartera llena de esos billetes, guardando para lo que llama "operaciones costosísimas". Habla de esa época sin golpe de pecho impuesto desde afuera: la nombra como trabajo, como una economía que existió y que ella sostuvo. Y en esa misma época, dice, vivió también sus mejores momentos, en el Hotel Gondolín, con amigas —"amigas que están, amigas que no están"—, en frases cortas que dejan pasar, sin detenerse demasiado, un cementerio propio que dice cargar en la cabeza: compañeras que hoy deberían estar vivas y que se las llevó, dice, "la TC", los inviernos crudos, el alcohol, las drogas.

 [3] "Eh, mi transición la hice acá en Buenos Aires. Fui, trabajé en los bosques de Palermo, Tiempos de Oro, donde el servicio sexual costaba 50 y 100. Vos te llegabas a tu casa la cartera llena de billetes de 50 y 100 y todo eso lo ibas guardando, acumulando para hacerte operaciones costosísimas. ¿Qué activista social? Activista y militante social. Y me tocó vivir mis mejores tiempos en el Hotel Gondolín, donde así pasé con grandes amigas, amigas que están, amigas que no están. Momentos que quedarán grabados en la rutina de mis ojos. También pienso que en mi cabeza hay como un cementerio de chicas que murieron, que realmente hoy tendrían que estar vivas, que se la llevó la TC, se la llevó en unos crudos inviernos, se la llevó el alcohol, se la llevó las drogas."

 


Ella misma se vio complicada con las drogas y el alcohol, cuenta, en lo que llama "ese sistema prostituyente, prostibulario", la zona roja liberada que, según describe, "te ofrece un abanico de muchas oportunidades" para perderse. Hasta que pudo decir basta. Se reconoció adicta y volvió a Metán. La salvó, dice, el amor de la familia, volver a reunirse con ellos. "Acá estoy con vida."

 

 

[4] "Gracias a Dios me pude dar cuenta, este, a estar complicada ya con las drogas, con el alcohol, todo lo que ese sistema, eh, prostituyente, prostibulario, no sé cómo llamarlo, esa zona roja liberada te ofrece, que es un abanico de muchas oportunidades. Eh, yo pude decir basta, me reconocí, este, adicta, y dije: no. Y me salvó volverme a Metán, me salvó el amor de mi familia, volver a reunirme con ellos, y acá estoy con vida."

Volver a empezar, otra vez

La vuelta a Metán no duró para siempre. Consiguió, esta vez, un nuevo puesto bajo la gestión de quien nombra como el entonces licenciado, ahora doctor, Fernando Romeri. Pero cuando asumió otro mandato el intendente Isa, la corrió, y Virginia se encontró de nuevo frente a la misma pregunta que ya se había hecho una vez: quedarse en un pueblo que no ejecutaba el cupo laboral trans, o volver a Buenos Aires, donde sí se aplicaba. Eligió volver. Y ahí, dice, se puso en juego todo de nuevo: "o soy prostituta, vuelvo a la droga, vuelvo al alcohol, vuelvo a la violencia en todas sus formas... o busco un puesto laboral." Esta vez optó distinto. Empezó a trabajar —más que trabajar, dice, a "estar", a "cuidar"— en Red Puentes, a cambio de comida y techo, todavía sin sueldo. Ahí compartió con chicas en situación de calle, en situación de extrema vulnerabilidad, atadas al alcohol y al consumo problemático, con personas que atravesaban problemas psiquiátricos. Y en ese compartir, dice, se encontró a sí misma. Empezó terapia, se sostuvo en la Mocha Celis, y nunca bajó los brazos hasta encontrar, por fin, el cupo laboral en Lanús.


[5] "Anteriormente te contaba que obtuve, ¿no?, bajo el mandato del señor licenciado, del doctor, ahora doctor Fernando Romeri. Y después, este, resistí, cuando entró en otro mandato el señor Isa, el señor Isa me corre y, bueno, tuve que volverme acá a Buenos Aires, volverme a Buenos Aires, y no me quedaba en Metán porque allá no se ejecuta el cupo laboral trans. En cambio, acá en Buenos Aires, sí. Y cuando yo llegué a Buenos Aires dije: o soy prostituta, vuelvo a la droga, vuelvo al alcohol, vuelvo a la violencia en todas sus formas, todo lo que esta zona te ofrece. O busco un puesto laboral, o qué hago. No, opté por estar, por cuidar. Pensé en mí y comencé a trabajar, por primera vez, para tener comida y techo, en Red Puentes. Bueno, no trabajaba, pero, bueno, la cosa es que vivía, y así pude compartir con chicas que están en situación de calle, en situación de extrema vulnerabilidad, atadas por el alcohol, por la situación de calle, por el consumo problemático. También compartí con personas que estaban con problemas psiquiátricos y pude encontrarme, ¿no?, yo a mí misma. Y no había días que pensaba en mí, que pude ver, desde la otra vereda, que la vida vale, que nadie se salva solo y que la vida me regalaba otra oportunidad, donde pude reconocerme trans, que me vi abatida, que me sentí desesperada, y al estar con otras personas y ver que sus vidas, sus historias —porque cada persona carga una historia— eran más fuertes, yo me sentí que lo mío, allá, atolondrada, hacían puentes. Tomé la vida, ¿no?, de mi salud mental: hice terapia, amalgamada con la Mocha Celis, pero nunca bajé los brazos, siempre busqué trabajo y encontré, en Lanús, el cupo laboral." 

[6] "Cupo laboral trans salvavida."


Las que nombra

"Siempre he militado, siempre he estado presente en las luchas. Mi lucha es intensa, mi lucha es fervorosa", dice Virginia, que vuelve una y otra vez a nombrar su pueblo de origen antes de nombrar a nadie más.

[7] "Siempre he militado, siempre he estado presente en las luchas. Mi lucha es intensa, mi lucha es fervorosa. Vengo de un pueblo precisamente de San José de Metán."

Hay un momento, después, en que Virginia deja de hablar de sí misma y empieza a nombrar a otras. Dice que necesita nombrar a las chicas de Ni Una Menos, a Lucy Caballero, a las históricas, a la Mocha Celis, al Gondolín. Nombra a Han Nair y a Jennifer López, amigas trans; a Delfín Navarro; a Marixa Acevedo, a quien llama "la abuelita del Hotel Gondolín". Lo hace, explica, porque nadie se salva solo: esas amigas le prestaron su hogar, su tiempo, su plata, su comida, su ropa, "todo lo que un par le brinda a otro par". Y agrega, sin idealizar, que no todas las travestis son así con una. No todas.

[10] "...Fueron parte de mi proceso. Este, las chicas de Ni Una Menos, quiero nombrar y necesito nombrar a Lucy Caballero. Eh, quiero nombrar a las históricas. Quiero nombrar a la Mocha Celis. Necesito nombrar al Gondolín. Necesito nombrar a dos personas importantes, tres, en mi vida: Han Nair, amiga trans; Jennifer López, amiga trans; Delfín Navarro; Marixa Acevedo, la abuelita del Hotel Gondolín. Porque si nadie se salva solo, estas amigas trans fueron personas que estuvieron a mi lado y que me acompañaron en este proceso, que me prestaron su hogar, que me prestaron su tiempo, que me apoyaron con dinero, con comida, con prendas, con todo lo que un par le brinda a otro par. No todas las travestis son así con una. No todas."

Nombra también su militancia orgánica: el MTA, Movimiento Travesti Trans Argentino, donde milita junto a Sherles Lescano. Dice que conoció la casa de Diana Sacayán y que le está muy agradecida por el camino que le abrió. Y ahí suelta la frase que mejor resume su manera de estar en el mundo: "en la calle no se vive, en la calle no se muere, en la calle se lucha."

[11] "He militado fuertemente también con MTA, Movimiento Travesti Trans Argentino, donde está Sherles Lescano. Conocí la casa de Diana Sacayán, con la cual estoy muy agradecida en este camino que voy transitando. Esta nueva Virginia es un éxito, y quiero decir que en la calle no se vive, eh, en la calle no se muere, en la calle se lucha."

 

El cupo, salvavidas

Del cupo laboral trans, Virginia habla como quien habla de una medicina. Dice que su caso, el de una trava del noroeste, es clave, aunque enseguida se corrige: no quiere ponerse de ejemplo, quiere que su situación sea testimonio para otras. Quiere que su paso por esta vida deje, dice, "un granito de arena" para las generaciones que vienen. Y advierte, con la voz que se le endurece en ese tramo, contra el discurso que reduce el reclamo travesti a un capricho: "es muy fácil decir, ay, las travas piden y piden y piden." Después de años de leyes que llegaron tarde, dice, ahora hay funcionarios —"este pseudointendente, este pseudo presidente"— que quieren tacharlas, negarlas, derrocar lo conseguido. "No lo vamos a permitir."

[12] "Siento que el cupo, el cupo laboral trans, en mi caso, de allá del noroeste, mi caso es clave y soy ejemplo para otras. No, no me quiero poner de ejemplo, quiero que mi situación sea testimonio para otras personas. Quiero que mi paso por esta vida deje un granito de arena para la construcción de las generaciones venideras. Es que el cupo laboral trans es salvavida, porque es muy fácil decir "ay, las travas piden y piden y piden": le generan leyes y a nosotras nos tuvieron muy olvidadas, muy encorsetadas, muy tachadas, y por fin que nos dieron leyes, viene este pseudointendente, este pseudopresidente, y quiere tacharnos, quiere negarnos, quiere derrocar todo esto. De hecho, no lo vamos a permitir."

Hay algo más, en ese tramo de la conversación, que dice casi al pasar y que sin embargo pesa. Cuenta que ha escuchado, muchas veces, cómo las llaman: "las maricas, los putos." Y dice que esas mismas palabras, las que buscaban humillarla, terminaron por hacerla más fuerte. Su militancia, explica, no viene de la persecución de la dictadura —no le tocó vivir esa época, dice, ella viene "de una generación más acá, más abajo, como la cola de esa generación"—, pero es depositaria de esa memoria, y por eso pide, ya, reparación histórica para sus compañeras mayores. Sabe que en diez años más ella también va a ser una de ellas. Por eso insiste en que no alcanza con un trabajo formal si ese trabajo no viene acompañado de respeto: "no sos trava, sos humana", dice que le dicen, y en esa frase deja ver que la inclusión, para ser completa, todavía tiene una asignatura pendiente —que no haga falta dejar de ser trava para ser tratada como humana.

[16] "He escuchado también, por ahí, de persona: 'ay, las maricas, los putos'. Vos verás cómo lo ponés. Marica, si lo dicen, los raros, los putos... hablá como yo te hablo, escuchalo. Quieren todo. Claro. [Se ríe]."

[17] "Escuchado, quieren todo, las maricas, los putos, pero les das una pala, quieren todo, servidor, y no es así. Mi militancia al lado de las históricas es porque yo, si bien no vengo de esa persecución, de aquellas muertes que pasaron mis maestras, adultas mayores trans, que fue en el golpe cívico militar, sino que vengo de una generación más acá, más abajo, como la cola de esa generación, hoy hago un acompañamiento y pido reparación histórica ya para mis compañeras, porque en diez años más yo voy a ser una de ellas. Voy a ser una de ellas. Y nosotras, las chicas tan grandes, estamos en otros tiempos, viviendo otras historias: no nos quedamos con el pasado, no miramos hacia atrás, volvemos a empezar, volvemos a empezar, volvemos a empezar. Tantas veces hemos vuelto a empezar que ya hemos naturalizado el volver a empezar, y yo digo que como trava somos muy fuertes. Más fuerte nos hizo esa palabra... hasta que no nos gritaron. Bueno, todas esas palabras nos hicieron más fuertes."

[19] "Y hoy, gracias a Dios, trabajo en la Subsecretaría de Género y Diversidades de Lanús. Puedo asistir a trabajar contenta. Estoy en continua capacitación. Sigo militando fuertemente. Tengo muchos planes. Me siento íntegra, con salud, con proyecto, teniendo un salario mínimo, vital, móvil. Y si algo quiero decir es que seguiremos trabajando, seguiremos más fuerte, pero yo, como travesti, no me quiero morir luchando, y voy a pedir siempre, fuertemente, reparación histórica. Ya. Porque yo veo que todos los días se va muriendo una de mis pares mayores y no llegaron ni a tener un salario mínimo vital móvil. Hay mucha prostitución, hay muchas drogas, y un trabajo formal que es salvavida, porque es fácil decir "ay, tengo un trabajo en blanco", pero no sos trava, sos humana, no te tratan mal, no te tratan diferente... pero a nosotras las trans nos sigue siendo complicado. Mi testimonio es que el trabajo del cupo laboral trans te cambia la vida, porque tenés que cumplir un horario, tu vida cambia porque ya dormís de noche y vivís de día, te relacionás con personas, ves que la vida vale. Y si algo me tengo que quejar es de que suban un poquito los sueldos, pero de ahí, todo bien. Y reparación histórica ya, porque yo, de acá a diez, quince años más, yo seré una de esas compañeras adultas mayores, y la reparación que sea en vida."

Lo que le enseñó el feminismo, lo que ya no pide permiso

Del feminismo, Virginia rescata una sola lección, la que dice que le importa por sobre todas: que sin las travas no hay feminismo, porque la lucha es transversal, entre feministas cis y travas, "mano a mano y desde antaño". Y que las luchas son colectivas —"no le doy ni dos pesos a esas luchas personales", dice, con una contundencia que no deja mucho margen para la duda.

[22] "Sabemos, vivas, nos queremos. Y si algo he aprendido del feminismo es que sin nosotras, las travas, no hay feminismo, porque la lucha es transversal, es entre feministas cis, mujeres cis, y travas, porque venimos en una lucha intensa, mano a mano y desde antaño. Y si algo me ha enseñado el feminismo es que las luchas son colectivas: no le doy ni dos pesos a esas luchas personales."

De cara al futuro, no pide poco. Quiere que las generaciones travestis que vienen después de ella pisen la universidad, sean doctoras, arquitectas, que trabajen en la NASA, que sean directoras de escuela. Quiere travas concejalas, senadoras, diputadas. "Que no tengan que andar en la vida pidiendo permiso, sino conquistando y firmando decretos, derecho." Lo dice como se dice una plataforma política: sin adornos, con la certeza de quien sabe exactamente lo que antes no tuvo.

[23] "Así también soy artista, feminista, trava salteña originaria, y quiero... y estoy en lucha, y quiero que todo lo que pasé yo, las generaciones venideras gocen de más derechos: pisen la universidad, sean doctoras, sean arquitectas, trabajen en la NASA, sean directoras de establecimiento, que no tengan que andar en la vida pidiendo permiso, sino conquistando y firmando decretos, derechos. Queremos travas concejalas, senadoras, diputadas. Queremos todo, porque antes no teníamos nada."

Más que un archivo


Hacia el final de la conversación, Virginia cuenta algo que la entristece. Un día, por error, le preguntó a una inteligencia artificial quién era Tiara Virginia Caldés. La respuesta la resumió como una chica que había denunciado acoso, que había denunciado esto, que había denunciado aquello. No quiere, dice, que ese sea el dato que la maneje. Pide que se remueva. Pide que se digan "otras cosas bonitas". Lo de Metán, dice, ya pasó, y ella mira el hoy.

 

[24] "Ah, algo que me entristece un montón es que un día, por error, le pregunté a la inteligencia artificial: '¿Quién es Tiara Virginia Caldés?'. Y me dijo: 'Tiara Virginia Caldés es una chica que ha denunciado acoso, que ha denunciado esto, que ha denunciado aquello'. Y no quiero que la maneje esos datos, quiero que los remueva, quiero que digan otras cosas bonitas. Pero bueno, lo de Metán ya pasó, aquello ya pasó, y yo miro el hoy, y soy muy creyente, y siento que la vida te pone a cada persona en su lugar."

 Esa escena es, quizás, la clave de toda la conversación, y por eso esta crónica se escribe como se escribe: no como un expediente de lo que le hicieron, sino como el relato de lo que ella construyó con lo que le hicieron. En un momento anterior, entre risas, ya lo había advertido casi con esas palabras a quien la escuchaba: que no la desviaran de lo que estaba diciendo, que quería sintetizarlo y "dejarlo lindo".

 [13] "Cita fría, también. Y bueno, voy a añadirle... la periodista siempre le añade. No me desvíes de lo que estoy hablando, por favor, que lo quiero sintetizar y dejarlo lindo."

 Virginia no pidió compasión en ningún momento de esta conversación. Pidió trabajo, pidió respeto, pidió reparación histórica, pidió que sus compañeras muertas fueran nombradas y no solo lloradas. Y pidió, sobre todo, que la cuenten completa: la que perdió trabajos y la que los volvió a conseguir; la que enterró amigas y la que sigue militando; la trava del noroeste y la funcionaria de Lanús. Reducirla a la lista de las persecuciones que sufrió habría sido, otra vez, la misma operación que ella misma rechazó cuando se la hizo una máquina.

Ilustración 3 24 abr 2022. Festival de la Doma en Las Lajitas. Ver https://www.youtube.com/watch?v=MjGpdnS5ooM

El monte, otra vez

A Virginia la conocí años antes de esta conversación, en el campo, en el paraje de Los Pozos, cercano al paraje El Sunchal, de su familia; en el departamento de Anta, donde el monte todavía marca los tiempos más que cualquier reloj de oficina. Fue ahí, entre el polvo de una tarde de entrevista rural, donde empezó lo que nos sigue uniendo hoy, a la distancia, entre Lanús y Salta: no un vínculo de investigador y entrevistada, sino el reconocimiento de dos historias que se cruzaron con la misma Salta hostil por delante, cada una a su manera. Eso es, en definitiva, lo que sostiene esta crónica y lo que la excede: un encuentro que no terminó cuando se apagó el grabador.

Ilustración 4 07 feb 2022. Entrevista de ferpeq a Virgi en finca Los Pozos.

Por eso no puede cerrarse sin decirlo con todas las letras: la lucha travesti que Virginia protagoniza —por el cupo, por la reparación histórica, por el derecho a no pedir permiso— es la misma lucha, aunque no siempre se la nombre junta, que reclama la emancipación del interior rural frente a un colonialismo que nunca terminó de irse del todo, y que hoy se disfraza a veces de progreso y a veces de conservación. El monte que vio nacer a Virginia sigue esperando una reparación parecida a la que ella reclama para sus compañeras: que se lo trate no como un recurso a explotar ni como una postal a proteger desde lejos, sino como un territorio con derecho a que sus habitantes —todos, en toda su diversidad— decidan sobre él. Volver a empezar, para Virginia, nunca fue solamente una frase personal. Es, también, una consigna que todavía le queda pendiente al monte que la vio nacer.

 

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Un día, por error, Virginia le preguntó a una inteligencia artificial quién era. La máquina contestó con una lista de denuncias: acoso, esto...