jueves, 6 de agosto de 2026

Salud trans: cómo continuar con el amparo y por qué es FUNDAMENTAL ahora estar unidxs

El amparo colectivo presentado por doce personas trans en Salta contra la interrupción de hormonas marca una conquista histórica que traslada el reclamo de los pasillos informales a los tribunales. Sin embargo, la respuesta del Estado provincial —que intenta dilatar el proceso deslindando responsabilidades y catalogando el servicio especializado como un "privilegio"— demuestra que la disputa apenas comienza. En este escenario crítico, sostener la unidad del colectivo no es solo una estrategia jurídica eficaz, sino una herramienta indispensable de cuidado comunitario y resistencia política. Articular activamente a las familias, asambleas y diversas organizaciones permite transformar el sufrimiento individual en una fuerza transformadora. Para consolidar este impulso frente a la burocracia oficial, resulta vital convocarse en comunidad, superar las tensiones internas y defender de manera colectiva que la salud integral y el trato digno son derechos obligatorios y no concesiones del gobierno de turno.

Síntesis en audio. Sobre el proceso judicial (ultima parte) y sobre la importancia de la unidad (primera parte)


Leer más sobre la evolución del amparo y la lucha por la salud trans, aqui


Llegamos al amparo: qué significa esta primera conquista y qué nos espera

El amparo colectivo presentado por doce personas trans en Salta contra el gobierno provincial marca un hito histórico de organización y resistencia. Frente a la interrupción abrupta de la entrega gratuita de hormonas e insumos, especialmente en el Centro de Salud N.° 63, la judicialización transformó un dolor individual en una causa colectiva que obliga al Estado a dar respuestas formales por escrito. Mientras el Ministerio de Salud provincial intenta deslindar responsabilidades acusando al Estado Nacional y argumentando que un equipo de salud diverso es un "privilegio" innecesario, este proceso ya constituye una victoria política. Al correr el reclamo de los pasillos informales a los tribunales, se disputa el acceso real a la salud integral, la reanudación de tratamientos vitales y las cirugías de adecuación corporal, defendiendo que la ciudadanía sexual no es un papel, sino un derecho exigible.

Llegamos al amparo: qué significa esta primera conquista y qué nos espera

Un documento para las organizaciones, las familias
y las personas que sostienen este proceso



En defensa de la provisión de insumos y hormonas para el colectivo lgbt en salta en un contexto de retroceso Estatal

Revisar, https://miguelragonediversidades.blogspot.com/2025/09/en-defensa-de-la-provision-de-insumos-y.html

El informe, fechado el 8 de septiembre de 2025, registra una reunión clave en Salta entre organizaciones sociales, activistas y abogadas para enfrentar el retroceso estatal en políticas de género, diversidad y salud. A casi un año de distancia, su valor no es solo documental: también funciona como *memoria de una propuesta de acción*, útil para revisar qué se proyectó entonces, qué avances se alcanzaron y qué sigue pendiente.

El eje del encuentro fue la defensa del acceso a insumos médicos y hormonales para el colectivo LGBT, especialmente para personas trans y para quienes viven con VIH/SIDA. Se señaló la falta de hormonas, preservativos, reactivos de laboratorio y otros recursos esenciales, en un contexto de recortes y desabastecimiento que expone la fragilidad de las respuestas estatales. La reunión definió que la estrategia debía combinar acciones judiciales y extrajudiciales.

Entre las ideas principales, se propuso impulsar un amparo provincial por la provisión de hormonas, considerado el caso más sólido, y avanzar paralelamente con pedidos de informe y otras acciones sobre VIH. También se discutió la necesidad de reunir pruebas: testimonios, declaraciones juradas, informes de organizaciones y antecedentes de reclamos administrativos no respondidos.

El texto muestra además una dimensión política y organizativa: las luchas por salud y diversidad fueron ubicadas dentro de la memoria más amplia de los derechos humanos, reconociendo que son conquistas históricas y no concesiones del Estado. La reunión buscó articular ONGs, abogadas y actores institucionales para sostener una respuesta colectiva.

Vista hoy, esta síntesis permite releer la propuesta original como un punto de partida: una hoja de ruta para evaluar qué se logró, qué resistencias persisten y cómo reactivar la defensa de derechos en un escenario aún más critico crítico que un año atrás.

Introducción: por qué escribimos esto

Este texto no está pensado para tribunales. Está pensado para nosotros y nosotras: para las organizaciones que acompañaron a las doce personas amparistas, para las familias, para quienes participaron de las asambleas, los talleres y las reuniones donde se discutió si judicializar o no, para quienes prestaron su testimonio sabiendo que exponerse tiene un costo. Queremos explicar, en un lenguaje que no requiera ser abogado o abogada para entenderlo, qué es lo que efectivamente logramos al llegar a esta instancia, por qué eso ya es una conquista aunque todavía no haya sentencia, y cómo está respondiendo el Estado provincial a nuestro reclamo. También queremos nombrar algo que no siempre se dice con todas las letras en los expedientes: los prejuicios que atraviesan las respuestas oficiales, y que nosotros y nosotras sí podemos identificar porque los vivimos.

El amparo colectivo fue presentado por doce personas trans de la provincia de Salta contra el Gobierno de la Provincia y su Ministerio de Salud Pública, por la interrupción abrupta de la entrega gratuita de hormonas y de insumos de hormonización que venía funcionando en el sistema público, especialmente en el Centro de Salud N.° 63. Se reclama la reanudación inmediata de la medicación, la conformación de un equipo de salud capacitado en diversidad, y el acceso a las cirugías de adecuación corporal que varios de los amparistas necesitan, entre ellas la adenomastectomía. El Estado provincial ya contestó la demanda. Ese es el punto en el que estamos parados hoy.

 

Primera parte: el valor de haber llegado hasta acá

1. Llegar al amparo ya es una victoria, no un trámite

Es importante decirlo con claridad: el solo hecho de que este amparo colectivo exista, esté admitido y esté siendo contestado por el Estado, es en sí mismo una conquista política y jurídica. No es un paso automático ni menor.

Durante mucho tiempo, el reclamo por hormonas y por atención integral fue un problema que se discutía puertas adentro: notas presentadas ante la Secretaría de Medicina Social o la Secretaría de Género que quedaban archivadas, promesas de que se abriría un expediente para pasarlo a presupuesto y que "nunca más se movió", reuniones en la Mesa de la Diversidad que terminaban en gestos de cercanía sin resolver nada concreto. Ese circuito de diálogo informal, sin consecuencias jurídicas, es el terreno en el que el Estado se siente cómodo: puede escuchar, puede lamentarse, puede prometer, sin que nada de eso lo obligue a actuar ni tenga un plazo.

Judicializar el reclamo rompió ese círculo. Convertir el dolor y la urgencia sanitaria de cada persona en una demanda judicial colectiva significa que, por primera vez, el Estado tiene la obligación formal de responder, con fundamentos, por escrito, y bajo la mirada de un juez. Ya no alcanza con la empatía de un funcionario en un pasillo. El Estado tuvo que sentarse a explicar jurídicamente por qué dejó de entregar la medicación, y esa explicación quedó registrada, es revisable, y puede ser refutada.

2. De reclamo individual a causa colectiva: por qué ese cambio de escala importa

Uno de los logros más importantes de este proceso, incluso antes de cualquier sentencia, fue el paso de reclamos individuales y dispersos hacia una causa colectiva única. Cada amparista atravesó su propio recorrido de angustia, de fraccionamiento casero de la dosis, de turnos negados, de maltrato en los pasillos de un centro de salud. Esas historias, si quedaran aisladas, corren el riesgo de ser tratadas por el sistema como "casos particulares", excepciones a resolver una por una, sin que eso obligue a cambiar nada de manera estructural.

Al litigar de forma colectiva, se transformó una serie de sufrimientos privados en la evidencia de un patrón estatal: la interrupción no fue un error administrativo aislado sobre una persona, sino una política de hecho que afectó de manera sistemática a un colectivo entero desde 2025. Esa diferencia es enorme. Un reclamo individual pide una solución para una persona; un reclamo colectivo exige que el Estado reorganice su forma de funcionar para que la vulneración no se repita con la próxima persona que llegue al Centro de Salud N.° 63.

Esto conecta con algo que discutieron largamente las organizaciones que impulsaron la demanda: la tensión entre visibilizar la causa y proteger a quienes no querían o no podían exponerse públicamente por miedo al rechazo familiar o comunitario. El instrumento colectivo, sostenido en declaraciones juradas, historias clínicas y testimonios resguardados, permitió que la experiencia traumática individual se convirtiera en prueba jurídica sin necesitar que cada persona se exponga mediáticamente. Ese equilibrio —entre fuerza colectiva y cuidado individual— es también una conquista de diseño estratégico, no un detalle técnico.

3. Poner el cuerpo en la ley: la extensión de la ciudadanía sexual

Cuando hablamos de "ciudadanía sexual" nos referimos a algo muy concreto: no alcanza con que una ley reconozca la identidad de género en el papel si el cuerpo real de las personas trans queda librado a la voluntad presupuestaria de turno, a la buena predisposición de un profesional de la salud, o a la capacidad económica de cada quien para comprar en el mercado privado lo que el Estado dejó de garantizar.

La Ley Nacional de Identidad de Género (N.° 26.743) reconoció en 2012 un derecho enorme: que cada persona pueda ser tratada según su identidad autopercibida, y que el sistema de salud público, privado y de obras sociales garantice de manera gratuita e integral el acceso a las hormonas y a las cirugías que cada quien necesite. Pero un derecho escrito que no se sostiene en la práctica cotidiana —en la provisión efectiva del medicamento, en el turno que se consigue, en el trato digno en la consulta— es una ciudadanía a medias. Es reconocimiento sin redistribución: el Estado te nombra correctamente, pero no te garantiza los recursos materiales para vivir esa identidad con salud y dignidad.

Este amparo es, en el fondo, una disputa por completar esa ciudadanía. No se está pidiendo un favor ni una prestación extraordinaria: se está exigiendo que el Estado cumpla con una ley que ya existe, que ya fue votada, que ya es obligatoria. Cada vez que un colectivo trans lleva al Estado a los tribunales para que cumpla su propia ley, se amplía un poco más el terreno de lo que efectivamente se puede exigir como ciudadano o ciudadana, y no solo como beneficiario de la buena voluntad de turno.

4. Nombrar el daño como daño de vida o muerte, no como capricho estético

Otra conquista de este proceso, que no es menor, es haber logrado instalar —con historias clínicas, con testimonios, con el propio texto de la demanda— que la interrupción de la hormonización no es una cuestión estética ni un capricho, sino una amenaza directa a la vida. Los propios amparistas lo dijeron con esas palabras: "no es una cuestión estética, no es un capricho, es algo de vida o muerte". El regreso forzado de ciclos menstruales en varones trans, la angustia, la depresión, la ideación suicida y el fraccionamiento desesperado de las dosis para "estirar" el tratamiento son consecuencias médicas y psicológicas documentadas, no exageraciones.

Haber logrado plasmar esto en un expediente judicial, respaldado por historias clínicas y por el testimonio directo de quienes lo atraviesan, es un paso fundamental para correr el eje del debate: no se discute si el Estado "tiene ganas" de ayudar, se discute si el Estado está poniendo en riesgo la vida de doce personas —y de todo un colectivo— por una decisión administrativa.

 

Segunda parte: cómo está respondiendo el sistema de salud del gobierno

Ahora que entendimos el valor de haber llegado hasta acá, es necesario mirar con atención qué está diciendo el Estado provincial en su defensa. El Ministerio de Salud Pública de Salta y la Fiscalía de Estado ya presentaron sus respuestas al amparo. Vale la pena explicar cada argumento en lenguaje simple, porque entender la estrategia del otro lado es parte de sostener con fuerza la nuestra.

5. "No fuimos nosotros, fue Nación": la estrategia del deslinde

El primer argumento central del Ministerio de Salud provincial es que la compra y distribución de los insumos de hormonización le corresponde, según normativa nacional, al Ministerio de Salud de la Nación, y que la falta de entrega se debe a que Nación dejó de enviar los insumos. Sobre esa base, piden que se obligue a citar al Estado Nacional como parte del juicio, antes de seguir adelante con el proceso.

Es importante entender qué hace este argumento, más allá de si tiene o no asidero normativo. Traslada el centro de la responsabilidad hacia una jurisdicción distinta (la federal), lo cual puede demorar los tiempos del proceso, y le permite a la Provincia decir, en los hechos: "el problema no lo generamos nosotros, no depende de nosotros resolverlo". Es un movimiento que corre el cuerpo de la responsabilidad política y económica directa hacia otro nivel de gobierno, mientras las personas siguen sin su medicación en el presente.

Frente a esto, la respuesta jurídica que se está construyendo sostiene algo central: en materia de salud, la responsabilidad del Estado argentino es compartida entre Nación y provincias, y ninguna de las dos partes puede escudarse en la otra para dejar de garantizar el derecho de manera inmediata. Si Nación efectivamente redujo el envío de insumos, eso no libera a la Provincia de su deber de conseguir esos medicamentos por otras vías mientras se resuelve el conflicto de fondo entre los niveles de gobierno. La salud de las personas no puede quedar rehén de una discusión presupuestaria entre Nación y Provincia.

6. "No hace falta un equipo especial": el prejuicio de la igualdad formal

El segundo argumento del Ministerio es que no corresponde crear un equipo de salud específico para la atención de personas trans, porque eso violaría las pautas de "racionalización de recursos humanos" del Estado provincial. Sostienen que la atención debe darse a través de los servicios ya existentes en cada hospital —endocrinología, ginecología, salud mental— igual que para el resto de la población, y que crear un circuito específico sería generar una estructura "privilegiada" o "paralela".

Aquí es donde conviene detenerse, porque este argumento contiene un prejuicio que merece ser nombrado con claridad. Tratar como "privilegio" la adecuación de un servicio de salud a las necesidades específicas de un colectivo históricamente discriminado invierte el sentido de la igualdad real. La igualdad no consiste en tratar a todo el mundo exactamente igual sin importar su situación: consiste en dar a cada quien lo que necesita para acceder efectivamente a sus derechos. Cuando el sistema "ordinario" de salud —el mismo que se ofrece como alternativa suficiente— es, en los hechos, el mismo lugar donde una persona recibe la noticia de que se le corta la hormona en medio de un pasillo, a los gritos, o donde una médica le pregunta a un paciente trans si "no quiere tener hijos" para después decirle que "igual no iba a poder", ese sistema ordinario no es neutral: ya está funcionando de manera excluyente.

Pedir un equipo capacitado y sensibilizado no es pedir un privilegio. Es pedir que el Estado reconozca que la oferta "común" no está funcionando para este colectivo, y que la responsabilidad de adaptarse es del sistema de salud, no de las personas que tienen que adaptarse a un sistema que las maltrata. Cuando el Estado dice "los tratamos igual que a todos", en un contexto donde ese trato igual produce sistemáticamente destrato, demoras y violencia institucional, esa igualdad formal termina siendo una forma más de discriminación.

7. "No hubo negativa, hay un trámite en curso": la burocratización de la urgencia

Sobre las cirugías de adenomastectomía, la posición del Ministerio es que no existió una negativa: se dio inicio a un trámite administrativo para gestionarlas en el Hospital Público Materno Infantil, aunque condicionado a evaluaciones médicas previas.

Esta estrategia merece ser leída con atención, porque no niega el derecho, pero lo diluye en el tiempo. Convierte lo que para las personas amparistas es una necesidad urgente en un "expediente en curso", algo que está siendo gestionado, sin plazos concretos ni garantías. Es una forma de neutralizar el reclamo sin decir que no: se dice "sí, pero después", y ese "después" puede no tener fecha. Frente a esto, el reclamo judicial insiste en algo clave: la salud de las personas no puede depender de la velocidad que la administración quiera darle a un trámite. El tiempo administrativo y el tiempo de la vida de una persona no son lo mismo.

8. "El amparo no corresponde, y menos la medida cautelar": el prejuicio procesal

Finalmente, la Fiscalía de Estado sostuvo que el amparo —una vía judicial pensada para casos urgentes y de ilegalidad manifiesta— no es el camino adecuado, porque no habría arbitrariedad evidente, y que existen otros trámites administrativos disponibles. También se opuso con fuerza a la medida cautelar solicitada —que pedía el restablecimiento inmediato de la medicación mientras dura el juicio— argumentando que otorgarla equivaldría a "adelantar" la sentencia antes de tiempo, lo cual vulneraría el derecho de defensa del Estado.

Este argumento, aunque está formulado en términos estrictamente procesales, tiene un efecto muy concreto sobre los cuerpos: mientras se discute si corresponde o no una medida urgente, las personas siguen sin su medicación. La objeción del "adelanto de jurisdicción" es un argumento clásico en la defensa de los Estados frente a reclamos de salud, pero existe jurisprudencia consolidada de la Corte Suprema que sostiene exactamente lo contrario: cuando está en juego la vida, la integridad física o la continuidad de un tratamiento biológico imprescindible, la urgencia de proteger ese derecho pesa más que la preocupación procesal por no anticipar el resultado del juicio. No es un adelanto indebido: es una medida de protección frente a un daño que, si se consuma, ya no tiene marcha atrás.

 

Tercera parte: lo que este proceso nos enseña

9. Los prejuicios no siempre gritan: a veces se visten de racionalidad administrativa

Vale la pena que como organizaciones nos llevemos una lectura clara de este momento: el prejuicio contra las personas trans, en el terreno institucional, rara vez aparece como insulto explícito. Aparece disfrazado de neutralidad presupuestaria, de racionalización de recursos, de trámite en curso, de objeción procesal. Es un prejuicio que no dice "no me importan las personas trans", sino "esto no corresponde según la normativa de recursos humanos", o "esto excede el rol de esta jurisdicción". El efecto sobre los cuerpos es exactamente el mismo, pero el lenguaje se vuelve más difícil de señalar como discriminatorio, precisamente porque se presenta como técnico y objetivo.

Por eso es tan importante el trabajo que venimos haciendo: traducir ese lenguaje administrativo a lo que realmente produce en la vida cotidiana. Cuando el Estado dice "racionalización de recursos", nosotros y nosotras sabemos que eso significa turnos que no se consiguen, consultas que duran cinco minutos, profesionales sin formación específica y personas que terminan fraccionando su propia medicación en la casa para que alcance. Nombrar esa distancia entre el lenguaje burocrático y la experiencia real es parte del trabajo político que este amparo viene a visibilizar.

10. La empatía no reemplaza al presupuesto

Un aprendizaje que atraviesa todo este proceso, y que conviene tener presente de cara a las próximas etapas: los gestos de cercanía, las mesas de diálogo, las palabras de comprensión de parte de funcionarios y funcionarias, son valiosos como puerta de entrada, pero no pueden ser el punto de llegada. El Estado puede sostenerse mucho tiempo sobre la empatía cuando no puede sostenerse sobre el presupuesto. Exigir respuestas estructurales —provisión efectiva, equipo capacitado, protocolos de trato digno— puede generar tensión con quienes ofrecen buena predisposición sin resolución concreta, pero es exactamente esa tensión la que permite que los derechos dejen de depender de la voluntad individual de quien esté de turno en un cargo, y empiecen a depender de una obligación jurídica exigible.

11. Lo colectivo como estrategia y como cuidado

Por último, queremos subrayar algo que atraviesa todo este proceso: litigar de manera colectiva no es solamente una estrategia jurídica más eficaz. Es también una forma de cuidado comunitario. Permite que quienes no pueden exponerse individualmente encuentren protección en el grupo, que la experiencia de cada persona se sostenga en la experiencia de las demás, y que el reclamo deje de depender de la exposición pública de un solo cuerpo. Sostener esta causa como colectivo —con todas las tensiones internas que eso implica entre organizaciones con historias, vínculos y posiciones distintas frente al Estado— es en sí mismo un ejercicio de construcción de comunidad política, más allá de lo que finalmente resuelva el juzgado.

 

Cierre: dónde estamos parados

Llegar hasta este punto —con el amparo admitido, con las contestaciones del Estado sobre la mesa, con la medida cautelar en discusión— es ya un logro que no debe minimizarse frente a la ansiedad legítima por una sentencia definitiva. Cada respuesta del Estado, incluso cuando busca dilatar, deslindar responsabilidad o diluir el reclamo en trámites, deja registrado por escrito su posición, y eso mismo es lo que ahora se puede refutar con argumentos jurídicos sólidos, con historias clínicas, con testimonios y con la normativa que el propio Estado está obligado a cumplir.

La pelea sigue. Pero vale la pena, en este momento del proceso, reconocer con claridad lo que ya conseguimos: sacar el reclamo del pasillo de un centro de salud y ponerlo en un expediente judicial que el Estado no puede ignorar.

Nos vamos a convocar para evaluar en comunidad, como continuamos.

 

miércoles, 1 de julio de 2026

Estéticas de la trinchera El cuerpo queer como refugio en la Salta neoliberal

 

En el ensayo "Estéticas de la trinchera", Fernando Pequeño Ragone analiza la Marcha del Orgullo de invierno de 2026 en Salta como un acto de resistencia política ante el repliegue del Estado neoliberal. Ubicado en el Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón, el autor explora cómo los cuerpos disidentes construyen una infraestructura afectiva de supervivencia en un contexto de desabastecimiento sanitario y precarización laboral.

A través de una mirada etnográfica, el texto destaca que la ausencia de proclamas políticas tradicionales es suplida por el baile, el vestuario y el fuego, elementos que funcionan como tecnologías de resistencia tan legítimas como el panfleto. El autor emplea la noción bajtiniana de cultura carnavalesca para describir cómo el vogue, el transformismo y la cumbia-RKT instauran un "segundo mundo" que suspende las jerarquías oficiales y la intemperie institucional. En definitiva, el ensayo propone que la juventud salteña ha transformado el asfalto en una pasarela de soberanía identitaria, donde el goce popular y el cuidado colectivo se erigen como la respuesta política más sofisticada frente a la crisis actual.

Estéticas de la trinchera

El cuerpo queer como refugio en la Salta neoliberal

Notas etnográficas sobre la Marcha del Orgullo de invierno, Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón, Salta, 2026

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

 

Síntesis auditiva


Palabras para el colectivo LGBTQ+

¡Compañeras, compañeros, compañeres, qué orgullo enorme es vernos acá, aguantando el frío de este invierno salteño en nuestro querido Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón!. No estamos acá por casualidad ni por capricho; estamos acá porque esta marcha de invierno es nuestro termómetro de resistencia, el lugar donde nos encontramos para debatir y plantarnos frente a la intemperie que nos quieren imponer.

Sabemos muy bien que estamos viviendo tiempos difíciles donde el Estado se retira y nos deja a gamba: lo sentimos en la falta de reactivos para la detección del VIH, en los palos que le ponen a nuestras hormonizaciones y cirugías, y en cómo nos precarizan el cupo laboral. Esa violencia no es un papel escrito, es algo que se nos mete en el cuerpo, pero ante ese desamparo tenemos una elección clara: o nos quedamos solos o armamos esta respuesta colectiva.

A los que dicen que nos falta el documento o la proclama política tradicional, les respondemos con nuestro baile, nuestro vestuario y nuestro fuego. Porque nuestro goce y nuestra alegría son tecnologías de lucha tan válidas como cualquier documento político. Acá, en este anfiteatro, estamos fundando un "segundo mundo", un territorio de libertad donde por unas horas mandamos nosotres con nuestra risa y nuestra soberanía del cuerpo.

Miren lo que logramos hoy: borramos el límite del escenario con esta bandera gigante y transformamos el cemento gris en una pasarela donde nuestras identidades marginadas brillan con luz propia. En esta Salta que a veces se pone tan conservadora, ocupar este espacio público con nuestras estéticas trans y drag es un acto de rebeldía pura, porque rompe con ese mandato de que tenemos que vivir escondidos o solo de noche.

Cuando escuchamos "El Show debe conitnuar" o cuando nuestras artistas drag dan vuelta las canciones de siempre para cantarlas con nuestro sentimiento, estamos usando la música como una armadura de orgullo contra la hostilidad. Y cuando bajamos al suelo con el vogue, con cada caída y cada pose, estamos desobedeciendo esa postura rígida que la sociedad nos quiere imponer; estamos tomando el suelo para decir que este espacio también es nuestro.

Ese círculo de fuego que armamos no es solo para la foto; es nuestro ritual de cuidado, es la tribu que se junta en el asfalto para protegerse del frío institucional. Y cuando suena el RKT y la cumbia, estamos gritando que nuestro orgullo también es de barrio, es marika-trava-villero y que no necesitamos pedir permiso para ocupar el centro.

Compañeres, aunque no haya un documento escrito, nuestra política está en cada abrazo y en cada coreografía, porque el repertorio de nuestros cuerpos es lo que mantiene viva nuestra memoria. Donde el Estado nos da la espalda, nosotres ponemos el hombro y el afecto como nuestra infraestructura para sobrevivir. ¡Sigamos bailando y luchando, porque para nosotres, el show no solo continúa, el show es nuestra resistencia!.

Segmentos del show. Anfiteatro Cuchi Legizamón

1. Problematización: pensar el cuerpo disidente cuando el Estado se retira

Escribo estas páginas desde el lugar de quien observa —y se deja afectar— por casi un cuarto de siglo de marchas del orgullo en la capital salteña. En 2026, como en años anteriores, la militancia local desdobló el calendario en dos convocatorias: una marcha de invierno, celebrada a fines de junio en sincronía con el calendario internacional que conmemora los disturbios de Stonewall, y una marcha de verano, hacia fines de año, heredera de la tradición porteña y pensada para la convocatoria masiva al aire libre. Esta duplicación no es un capricho de agenda: en una provincia geográficamente extensa y de arraigo conservador persistente, la versión invernal funciona como termómetro de resistencia y debate político frente a la intemperie institucional, mientras que la estival descentraliza la protesta y permite que las delegaciones del interior converjan en la capital. Es sobre la jornada de invierno de 2026, registrada en el Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón del Parque San Martín, que construyo este ensayo.

Mi primer impulso analítico, al sentarme frente al registro audiovisual de esa noche, fue de cuño marxista y existencialista. Si las condiciones materiales de existencia determinan, en última instancia, la conciencia social (Marx, 1859/2008), entonces el repliegue del Estado de bienestar —el desabastecimiento de medicación para el VIH, la retracción en la provisión de insumos para la detección de carga viral, la quita de fondos para hormonización y cirugías de reasignación, la precarización del cupo laboral trans— no es una abstracción de política pública: es una violencia material que se inscribe directamente sobre los cuerpos. Cruzando esa premisa con la libertad situada de Jean-Paul Sartre (1943/2004), para quien el sujeto está “condenado a ser libre” y a definirse mediante elecciones concretas en circunstancias históricas que no eligió, entendí el desamparo institucional como una bifurcación existencial: atomización individualista o respuesta colectiva. No abandono esa lectura estructural a lo largo de este texto. Pero me propongo, deliberadamente, no detenerme allí.

Existe una tentación teórica —que reconozco en ciertas relecturas pesimistas de Antonio Gramsci (1975) sobre la hegemonía cultural y en el diagnóstico de Mark Fisher (2009/2016) acerca del “realismo capitalista”— de asumir que la subsunción del deseo bajo la lógica del mercado clausura todo horizonte emancipatorio, que la batalla cultural ya está perdida de antemano. Frente al escenario del Anfiteatro Cuchi Leguizamón, esa lectura se revela insuficiente. No encontré allí los documentos políticos leídos en voz alta, ni la denuncia explícita en formato de proclama partidaria que el imaginario militante clásico esperaría. Encontré, en cambio, baile, vestuario, canto y fuego. Y sostengo que ese hallazgo exige ampliar el marco: pensar la hegemonía no como bloque monolítico sino, con el propio Gramsci, como proceso en permanente disputa, y leer la corporalidad, la música y la reapropiación del espacio público como tecnologías de resistencia tan legítimas como el panfleto.

Esta ampliación encuentra su llave teórica más productiva en Mijaíl Bajtín (1965/1987) y su noción de cultura popular carnavalesca. Para Bajtín, la fiesta medieval no era evasión pasiva de la opresión feudal y eclesiástica, sino la instauración temporaria de un “segundo mundo” regido por la inversión utópica de las jerarquías oficiales. Sostengo, a lo largo de este ensayo, que el Anfiteatro Cuchi Leguizamón reactiva esa tecnología medieval bajo clave queer y contemporánea: frente al frío invierno neoliberal, el espacio de la fiesta suspende momentáneamente las leyes del mercado y la intemperie institucional para fundar, por unas horas, un territorio regido por el exceso, la risa plebeya y la soberanía del cuerpo. Lo sagrado del poder oficial —la solemnidad, la binariedad, el silencio impuesto sobre el deseo disidente— es profanado mediante el perreo, el vogue y el transformismo. La fiesta no es el olvido de la crisis: es, como intentaré mostrar en cada escena descrita a continuación, un ensayo general de libertad, un laboratorio donde los cuerpos precarizados construyen, colectivamente, una infraestructura afectiva de supervivencia.

La diferencia generacional entre quien escribe y quienes protagonizan estas escenas —jóvenes veinteañeros que habitan la espacialidad resistente de la noche invernal— aparece, en un primer momento, como un abismo biográfico. Me propongo convertir ese abismo en puente analítico y afectivo. La pregunta que organiza mi mirada no es si esta juventud podrá, algún día, articular una respuesta reflexiva y políticamente lúcida ante el vaciamiento sanitario, la discriminación laboral solapada y la reactivación de las lógicas disciplinadoras policiales —esa pregunta institucional sigue abierta y no debo obturarla—, sino qué formas de resistencia están ya ensayando, aquí y ahora, en las fisuras del capitalismo tardío y la cultura globalizada, allí donde el mandato individualista del mercado intenta, una y otra vez, fagocitar la solidaridad para devolverla convertida en oferta mercantil o en métrica de rédito personal.

2. Nota sobre la posición de observación

Las escenas que describo a continuación provienen de un registro audiovisual fragmentario —nueve fragmentos de video tomados sobre el escenario y las gradas del anfiteatro— que reconstruyo aquí en clave narrativa, respetando su orden de aparición pero tejiéndolos con las categorías teóricas que fueron emergiendo del propio corpus. Mi posición es la de un observador situado, que llega con un marco previo (materialismo histórico, existencialismo, teoría de la hegemonía) y que ese mismo marco se ve tensionado, ampliado y en parte reescrito por lo que efectivamente ve y escucha. Este ejercicio etnográfico no pretende exhaustividad sociológica; pretende inteligibilidad: volver legible, para un lector que no comparte necesariamente el código generacional o musical de estas escenas, la densidad política que las atraviesa.

3. El anfiteatro como ágora: cuerpo, espacio y comunidad

El Anfiteatro Cuchi Leguizamón fue diseñado, como todo anfiteatro, con gradas semicirculares que miran hacia un punto bajo central: una arquitectura pensada para separar a quien actúa de quien observa. Esa noche de invierno, sin embargo, la disposición tradicional se resignifica. Una inmensa bandera del orgullo, desplegada sobre el suelo del escenario, borra el límite físico entre el cemento gris del proscenio y las gradas; la convocatoria desde el micrófono invita a las drags y a los colectivos de ballroom a armar una pasarela improvisada, y el centro deja de estar reservado a una autoridad para volverse superficie de exhibición libre de las identidades marginadas. El público —mayoritariamente joven— no permanece rígidamente sentado: la masa humana se comprime en las gradas bajas y en los laterales, muchos se sientan directamente en el suelo o en los bordes del escenario, y esa informalidad corporal denota confianza, comunidad, la certeza compartida de estar en un “espacio seguro”. Los celulares encendidos que capturan cada instante, los aplausos comunitarios y el abrigo compartido —propio de la marcha de invierno— construyen una corporalidad atenta y protectora, cuerpos que se apoyan entre sí y que habitan lo colectivo desde la horizontalidad.

En un territorio como el de Salta, en el Noroeste argentino, de fuertes raíces conservadoras y tradicionales, esta ocupación del espacio público municipal por parte de estéticas trans, drag y no binarias constituye, en sí misma, un acto de resistencia política: rompe con el mandato del secreto y de la nocturnidad al que estas identidades fueron históricamente confinadas. Incluso los anuncios más domésticos —buscar un celular perdido, coordinar el regreso a casa— se integran con naturalidad e ironía queer al relato de la jornada, y revelan que la fiesta, el baile y la organización comunitaria funcionan, en Salta, como herramientas de una red de apoyo mutuo que sostiene la diversidad durante todo el año, no solo la noche de la marcha.

4. La voz que resiste: del himno pop a la balada íntima

Sobre ese escenario circular, una artista interpreta en vivo “The Show Must Go On” (El show debe continuar), de Queen, un clásico grabado por Freddie Mercury en sus últimos meses de vida cuya elección no es meramente estética: evoca de manera intrínseca la resiliencia comunitaria históricamente vinculada a las luchas contra los estigmas sanitarios y sociales hacia el colectivo LGBT+. En el clímax del tema, la letra funciona como metáfora perfecta de la marcha misma: el maquillaje que se resquebraja y la sonrisa que, aun así, permanece, se resignifican no como ocultamiento sino como armadura de orgullo frente a la hostilidad. Vestida con un traje rojo monocromático de corte sastrero —una silueta formal reapropiada con giro queer, muy alineada con la moda joven urbana—, la intérprete domina el semicírculo central descalza, ganando proximidad física con un público que corea en silencio respetuoso los agudos de la canción para luego estallar en aplausos. Ese gesto colectivo revela una sensibilidad que no consume el pop retro como nostalgia sino como herramienta viva para habitar el presente con fuerza e identidad.

El registro se desplaza, en otro momento de la noche, hacia un lugar radicalmente más íntimo: una dupla con guitarra interpreta una pieza de pop acústico e indie de autor, con una lírica de la cotidianidad y el deseo directo —una declaración de atracción sin metáforas complejas, cantada a “nena” de manera acústica, suave y melódica frente a la multitud—. Cantarle así, en público, a otra mujer despoja a la canción de la grandilocuencia del pop comercial y la transforma en una declaración íntima compartida. Que esa balada de amor sáfico se interprete en un escenario municipal que lleva el nombre de un prócer cultural local es, sostengo, una declaración de soberanía cultural: nuestras historias de amor también forman parte del patrimonio y del aire de Salta. La respuesta del público —escucha atenta, luces de celulares que reemplazan a las banderas de agitación— construye una atmósfera de validación mutua que demuestra que la resistencia joven no se ejerce solo desde la protesta enérgica, sino también desde la legitimación pública de la vulnerabilidad.

5. Justicia poética: la subversión drag del cancionero nacional

Uno de los gestos más elocuentes de la jornada es la reapropiación de clásicos del cancionero popular argentino —rock nacional, folklore, pop tradicional de décadas pasadas— grabados originalmente bajo ópticas heteronormativas o melancólicas. Al pasar por la voz y el cuerpo de la juventud LGBT+ local, esas palabras mutan de enunciación: la entonación abandona la solemnidad del intérprete tradicional para buscar la complicidad de una masa que corea los versos como un grito de supervivencia, y la métrica original se tensiona con cadencias contemporáneas que la despojan de su estatus de pieza de museo. El contraste con la puesta en escena original es elocuente: donde el contexto de origen ofrecía vestuarios solemnes y posturas estáticas frente a un micrófono, diseñadas para una audiencia pasiva en butacas de teatros cerrados, la nueva interpretación despliega estética drag y sin género —corsetería expuesta, maquillaje disruptivo, plataformas caóticas— sobre un anfiteatro teñido de banderas del arcoíris, con el cemento del suelo del anfiteatro como pasarela y una masa humana que interrumpe constantemente los límites del escenario.

En una provincia donde la música tradicional operó muchas veces como cerco cultural excluyente, esta intervención no rechaza la identidad nacional: la ensancha. Cantar la memoria musical del país bajo términos, trajes y pasiones propias es, en el marco de la marcha de invierno, una forma de ocupar el centro simbólico del anfiteatro sin pedir permiso.

6. La coreografía como manifiesto: vogue, waacking y la caída al suelo

La dimensión más técnicamente codificada de la noche aparece cuando la música electrónica de nicho —bases aceleradas de vogue beat, con un comentarista que anima el ritmo repitiendo la palabra “madre”, elogio contemporáneo en la jerga pop y queer local— organiza una batalla de baile sobre el escenario. Los movimientos no son aleatorios: pertenecen formalmente al vocabulario del vogue fem — bajadas y caídas (dips y drops), caídas dramáticas al suelo con una pierna doblada, exhibición de destreza y control corporal absoluto sincronizado al golpe del beat—, y a los desplazamientos de pasarela (catwalk) que imitan, con flexión de rodillas, una pasarela de alta costura. Nacida en las comunidades afroamericanas y latinas LGBTQ+ de Nueva York en las ballrooms de los años setenta y ochenta, esta cultura fue, desde su origen, un espacio de resistencia, refugio y celebración de la identidad para jóvenes históricamente expulsados de sus hogares (Bailey, 2013). Que esa tecnología corporal migre al asfalto salteño, mezclada con la jerga local, muestra cómo la juventud fusiona tendencias globales con códigos identitarios propios.

En otro fragmento, sobre una base de tribal house y percusiones sincopadas, el lenguaje dancístico se ancla en el golpeo (waacking) y en la ocupación deliberada del suelo (groundwork): los bailarines pierden la verticalidad de manera controlada, se disocian en flexiones de rodillas y quiebres de cadera que reapropian una sensualidad históricamente censurada en las identidades disidentes del norte argentino, y cortan el aire con gestos de manos que enmarcan el rostro y proyectan altanería. Leído junto con la noción de performatividad de Judith Butler (1990/2007, 1993/2002) —para quien el género no es una esencia sino una repetición estilizada de actos corporales que, en su reiteración misma, puede subvertir la norma que la produce—, este vogue salteño no representa una identidad ya dada: la produce, en tiempo real, ante un público que la ratifica con cada aplauso. “tomar el suelo” en un espacio público e institucional como un anfiteatro municipal implica desobediencia: desarma la postura rígida y formal del cuerpo ciudadano tradicional para habitar el espacio desde una libertad plástica y visceral.

7. El círculo de fuego: ritual, trance y comunidad de cuidado

Hacia el tramo más ritual de la noche, el elemento ígneo irrumpe como eje del movimiento. Sobre una base de tribal house con percusiones pesadas y repetitivas que emulan tambores ancestrales, quienes bailan incorporan antorchas encendidas como extensión viva de sus extremidades: cada giro de torso, cada flexión de rodillas, cada quiebre de cadera se ejecuta calculando la velocidad del viento y la distancia de las llamas respecto de la piel y el cabello. En la penumbra invernal, la estela lumínica del fuego acentúa las trayectorias de la danza y la gestualidad oscila entre el trance devocional y la actitud desafiante de las danzas urbanas: el cuerpo expuesto al peligro simbólico del fuego se convierte en metáfora de la carne que resiste y brilla en la hostilidad.

Lo que más me interesa retener de esta escena, sin embargo, no es el riesgo individual sino la disposición del público que la rodea: una multitud organizada de forma concéntrica alrededor del fuego y los bailarines, un círculo tribal moderno donde no existe la distancia pasiva del teatro. El grupo que contempla cumple una función dual —barrera protectora de contención afectiva ante el exterior, y dinamizador energético del show mediante gritos, aplausos y arengas coordinadas con el ritmo—. En el marco de la cultura joven argentina actual, este círculo representa un retorno a los rituales comunitarios de protección mutua: ante la intemperie social y la pérdida de redes institucionales, la juventud salteña recrea la tribu en el asfalto, y encuentra en el calor de la fogata urbana y el baile compartido un refugio político de supervivencia. Es aquí donde la lectura bajtiniana se vuelve más literal: el círculo de fuego es, casi en sentido propio, la instauración temporal de ese “segundo mundo” carnavalesco que suspende, por unas horas, las jerarquías y el desamparo del afuera.

8. Del ballroom al barrio: la cumbia-RKT como democratización del goce

El quiebre estético más significativo de la jornada ocurre cuando la música abandona los patrones rígidos del techno y el house globales para abrazar las cadencias del RKT, el turreo y la cumbia urbana: las bandas sonoras cotidianas de los barrios populares argentinos. Introducir esta variación en el escenario del orgullo es un posicionamiento político rotundo de las identidades marika-trava-villeras y maricas de sectores populares: dice que la disidencia no pertenece solo a las estéticas estilizadas e importadas de las capitales globales, sino que late al ritmo del asfalto local. Con el cambio de género, la corporalidad muta de inmediato: los movimientos estilizados y lineales del vogue —brazos rectos, poses de alta costura— ceden paso al perreo, el muelleo y el quiebre de cadera bajo, con el centro de gravedad descendiendo drásticamente hacia el suelo, y a gestualidades tomadas de las batallas de freestyle callejero: señas desafiantes, movimientos de hombros entrecortados, complicidad pícara con el público. El vestuario acompaña ese giro —zapatillas y ropa deportiva combinadas con transparencias y accesorios de alto impacto— y subvierte las lógicas de la indumentaria de calle, asociada muchas veces por el sentido común conservador a la marginalidad, transformándola en prenda de alta costura disidente. En la Salta actual, calle y escenario se han vuelto, en esa escena, el mismo lugar de resistencia.

9. La banda sonora de la emancipación: tres dimensiones de un mismo pulso

Si reordeno el paisaje sonoro que atravesó la noche, emergen con claridad tres grandes dimensiones que dialogan entre lo global, lo ritual y lo barrial. La primera es la música de club y la cultura ballroom —el vogue beat—, nacida en los márgenes neoyorquinos de los años setenta y ochenta, creada por y para personas trans y queer, que democratizó el concepto de alta costura y pasarela permitiendo que jóvenes precarizados simularan, en el baile, el éxito y el poder que la sociedad les negaba (Bailey, 2013). La segunda es la electrónica experimental y el tribal house, que despoja a la música de club de su frialdad industrial para inyectarle percusiones que emulan tambores ancestrales y que convocan, precisamente, al círculo de protección que describí en torno al fuego. La tercera es el RKT, el turreo y la cumbia urbana, el giro definitivo que ancla la disidencia sexual en el ritmo de la calle y demuestra que el orgullo no es un producto estético importado para minorías privilegiadas, sino una realidad que se vive y se baila en el asfalto periférico. Estas tres dimensiones no compiten: se suceden y se superponen a lo largo de una misma noche, como capas de un mismo pulso emancipatorio que va del linaje global de la ballroom al arraigo local de la cumbia, pasando por el trance ritual del tribal.

10. Discusión: la disputa hegemónica más allá de la proclama

Vuelvo, para cerrar, a la tensión que organizó mi problematización inicial. La ausencia de una proclama política tradicional de formato partidario o discursivo no equivale a la ausencia de política. Lo que observé en el Anfiteatro Cuchi Leguizamón fue una praxis corporal, estética y comunitaria que disputa el sentido del dolor y el aislamiento desde el goce popular: el cuerpo que baila, se viste y se abraza no evade la realidad, ensaya una infraestructura afectiva de supervivencia allí donde el Estado ha decidido retirarse. Diana Taylor (2003) distingue entre el archivo —los documentos, las actas, las proclamas escritas que sobreviven al evento— y el repertorio —el conocimiento incorporado que se transmite en la performance misma, en el gesto, en el baile que no deja rastro documental pero que se repite y se enseña de cuerpo a cuerpo—. Gran parte de lo que sostiene, en Salta, la memoria y la continuidad de la disidencia sexual pertenece a ese repertorio, y por eso resulta invisible para una lectura que solo busca panfletos.

Esto no clausura la urgencia de la dimensión institucional que abrí en la introducción: el desabastecimiento sanitario, la precarización laboral, la reactivación de las lógicas disciplinadoras policiales siguen siendo, para esta comunidad, amenazas concretas y materiales, en el sentido más marxista del término. Pero sostengo que la urgencia institucional no debe obturar la visibilidad de estas micro-políticas que emergen en las fisuras del capitalismo tardío. La hegemonía, decía Gramsci (1975), se disputa; y esa disputa no ocurre solo en el parlamento o en el sindicato, sino también —y quizás sobre todo, para esta generación— en el anfiteatro, en el círculo de fuego, en el perreo que democratiza la pista de baile. La lectura pesimista del “realismo capitalista” (Fisher, 2009/2016), que asume clausurado todo horizonte de emancipación bajo la lógica del mercado, no logra explicar por qué estos cuerpos, precisamente los más precarizados por ese mismo mercado, insisten en reunirse, cantar, bailar y cuidarse colectivamente cada invierno.

11. Conclusión: el show continúa

Las expresiones artísticas juveniles registradas en la Marcha del Orgullo de invierno de Salta 2026 configuran una gramática de resistencia cultural sofisticada frente al desmantelamiento de los lazos del Estado de bienestar. En un contexto de retracción de las políticas públicas de cuidado, la comunidad LGBT+ de Salta capital en el Noroeste argentino se repliega y se organiza sobre el espacio público, transformando el Anfiteatro Cuchi Leguizamón en un laboratorio de soberanía identitaria. Tres dimensiones atraviesan ese laboratorio: la trinchera bailable —el vogue y las caídas al suelo como lenguaje corporal que disputa la verticalidad ciudadana y procesa el desamparo socioeconómico—; el refugio acústico —la canción de autor sáfica que recupera el derecho a la ternura colectiva—; y la justicia poética —la subversión drag de los himnos populares argentinos, que ensancha en lugar de rechazar la memoria nacional—. Donde el Estado se retira, la juventud precarizada erige el asfalto como pasarela y el afecto comunitario como infraestructura de supervivencia. No hallé, esa noche, la proclama que esperaba encontrar. Encontré algo que, sostengo, la excede: el show no solo continúa, se vuelve resistencia.

Referencias

Bailey, M. M. (2013). Reinas masculinas con tacones: Género, performance y cultura ballroom en Detroit. (Butch queens up in pumps: Gender, performance, and ballroom culture in Detroit). University of Michigan Press.

Bajtín, M. (1987). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de François Rabelais (J. Forcat & C. Conroy, Trads.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1965).

Butler, J. (2002). Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (A. Bixio, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1993).

Butler, J. (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad (M. A. Muñoz, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1990).

Fisher, M. (2016). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? (C. Fernández Gómez, Trad.). Caja Negra. (Obra original publicada en 2009).

Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la cárcel (Ed. crítica del Instituto Gramsci, a cargo de V. Gerratana). Einaudi.

Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI. (Obra original publicada en 1859).

Sartre, J.-P. (2004). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica (J. Valmar, Trad.). Losada. (Obra original publicada en 1943).

Taylor, D. (2003). El archivo y el repertorio: La representación de la memoria cultural en las Américas. (The archive and the repertoire: Performing cultural memory in the Americas). Duke University Press.

lunes, 29 de junio de 2026

Conversatorio "Voces del Orgullo" por la Sub secretaría de Género de Salta

En el marco del Día Internacional del Orgullo, la Usina Cultural de Salta fue sede de un conversatorio organizado por la Subsecretaría de Mujeres, Género y Diversidad, que reunió a activistas, profesionales, deportistas y funcionarias en torno a una pregunta central: qué significa vivir y trabajar siendo quien se es. A lo largo de tres rondas de conversación —arte y trabajo, deporte y bienestar, salud y validación— circularon testimonios que fueron desde la gestión cultural hasta la medicina, pasando por el fútbol femenino y el yoga. La jornada, abierta por la subsecretaria Julieta Valencia, incluyó también la voz urgente de la activista Pía Ceballos y cerró con la palabra del Estado presente. Mientras tanto, en una pizarra del salón, el público fue construyendo con post-its un mural colectivo de pertenencia, autenticidad y bienestar. Una crónica sobre identidad, comunidad y derechos, contada por sus propios protagonistas.

DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO · SALTA 2026

Voces del Orgullo

Crónica de un conversatorio sobre identidad, trabajo y comunidad en la Usina Cultural de Salta



Una cita con la memoria y el presente

El 29 de junio, en el marco del Día Internacional del Orgullo, la Usina Cultural de Salta abrió sus puertas para alojar un conversatorio pensado como espacio de encuentro, celebración y reflexión colectiva. La actividad fue organizada por la Subsecretaría de Mujeres, Género y Diversidad del Gobierno de la Provincia de Salta, y reunió a activistas, profesionales, deportistas, artistas y funcionarias en torno a una pregunta que atravesó toda la jornada: qué significa, en Salta, poder vivir y trabajar siendo quien se es.

La dinámica del encuentro se organizó en tres rondas de conversación sucesivas, cada una con sus propios interlocutores y su propio eje temático, hilvanadas por una apertura institucional y un cierre de autoridades. A esto se sumó una propuesta participativa: en un costado del salón se dispuso una pizarra para que quienes asistían escribieran, en post-its, sus sentimientos y reflexiones sobre lo escuchado, conformando así un mural colectivo que fue creciendo a medida que avanzaba la tarde. La invitación, repetida al cierre de cada bloque, fue clara: que la palabra no quedara solo en el panel, sino que también tomara forma en las manos de quienes escuchaban.

Los objetivos del encuentro

Detrás de la organización del conversatorio se identifican cuatro objetivos centrales, que funcionaron como columna vertebral de las tres rondas:

En primer lugar, el fortalecimiento de los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ+, articulado alrededor de cuatro ejes que se repitieron como una trama a lo largo de la jornada: validación, pertenencia, autenticidad y bienestar. En segundo lugar, la visibilización y el apoyo a quienes atraviesan sus propios procesos de asunción de identidad, mostrando que es posible construir una vida en libertad en la provincia. En tercer lugar, un análisis específico del ámbito laboral: cómo reciben las organizaciones a la diversidad y qué se necesita para construir espacios de trabajo donde cada persona pueda ser auténtica sin barreras. Y, por último, la reivindicación del arte y el transformismo como trabajo, recuperando su lugar histórico como uno de los primeros refugios laborales de la comunidad.

La apertura: la palabra de Julieta Valencia

La jornada comenzó con las palabras de la Lic. Julieta Valencia, Subsecretaria de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia de Salta y principal autoridad del evento. En su apertura, Valencia reconoció el contexto adverso a nivel nacional, donde —dijo— se han "cerrado muchas puertas" a las políticas de diversidad, pero remarcó que el gobierno provincial sostiene su compromiso con la comunidad bajo una premisa que funcionó como epígrafe de toda la tarde:

"La identidad es parte de lo que nos hace feliz."

La subsecretaria compartió también su propio proceso de aprendizaje y de ruptura con estructuras familiares heredadas, en un gesto que buscó acortar la distancia entre la autoridad y el público. Cerró su intervención con una invitación a la acción: no bajar las banderas y sostener la participación activa como forma de marcar la diferencia, tanto puertas adentro del Estado como en la vida cotidiana.

Primera ronda: arte, trabajo y dignidad

El primer bloque del conversatorio giró en torno a los ejes de pertenencia y autenticidad aplicados al mundo laboral y a la producción cultural, con la mirada puesta en una pregunta compartida por ambos interlocutores: qué precio se paga, o se dejó de pagar, por sostener la identidad en los espacios de trabajo.

Pablo Ezequiel Bondanas: arte, resistencia y gestión cultural

Pablo Ezequiel Bondanas, director general del Distrito Cultural Dino Saluzzi, administrador de empresas, productor de televisión —creador del primer reality drag de Argentina, Juego de Reinas— y artista drag, compartió su experiencia de haber gestado ese proyecto desde una Salta que describió como conservadora y atravesada por estructuras eclesiásticas.

Bondanas planteó que el arte funcionó históricamente como refugio: explicó que, desde la infancia, muchas personas de la comunidad han tenido que "ser artistas" para sobrevivir, inventando historias y estrategias de pertenencia frente a un entorno hostil. En ese recorrido, reconoció una deuda con la comunidad trans, subrayando que buena parte de los derechos de los que hoy goza la comunidad LGBTIQ+ se debe a la lucha histórica de las mujeres trans, las primeras en poner el cuerpo en las calles cuando nadie más lo hacía.

Su intervención culminó con una frase que resumió el espíritu de la ronda, vinculando identidad y dignidad laboral:

"No hay trabajo digno si para marcar tarjeta tenemos que dejar nuestra identidad en la puerta."

Dra. Celina Caro: recursos humanos y sector corporativo

La Dra. Celina Caro, abogada especialista en Recursos Humanos y relaciones laborales, con trayectoria como gerente en empresas del sector privado y como exsecretaria de Estado del Ministerio de Salud Pública, aportó una mirada desde la gestión corporativa y estatal.

Caro describió una evolución del mercado laboral: del tabú y la prohibición tácita de otras épocas a una visión actual donde el respeto por la diversidad incide directamente en el clima laboral y en la productividad de las organizaciones. Sostuvo que en los procesos de selección modernos prevalece el criterio del talento y las habilidades —la capacidad "multitarea"— por sobre cualquier juicio de valor sobre la identidad de quien se postula. Como ejemplo de responsabilidad social empresaria, mencionó a multinacionales como Coca-Cola y Mercado Libre, cuyas políticas de inclusión, señaló, se traducen también en mejores resultados económicos.

Cierre de la primera ronda: el mural de pertenencia y trabajo

Al finalizar este bloque, se retomó la dinámica participativa propuesta para toda la jornada: se invitó a los asistentes a escribir en post-its sus sentimientos y reflexiones sobre lo escuchado, para pegarlos en la pizarra dispuesta en el salón y así construir un mural colectivo, esta vez centrado en los conceptos de pertenencia y trabajo.

Segunda ronda: voces del deporte y el bienestar


El segundo bloque, presentado bajo el nombre "Voces del Orgullo", reunió a tres interlocutores para pensar el deporte y el bienestar como herramientas de transformación social, con un eje compartido: la construcción de pertenencia y autenticidad a través del cuerpo y del movimiento.

Jorge Liquin: el Club Medusa y la pertenencia más allá del resultado

Jorge Liquin, de 44 años, Presidente del club deportivo diverso Medusa, centró su discurso en la necesidad de pertenencia por encima de los resultados competitivos. Relató que el club nació al advertir que muchas personas de la diversidad querían practicar deporte, pero encontraban espacios atravesados por el miedo, el prejuicio y la exclusión, especialmente en vestuarios y canchas.

Para Liquin, el mayor logro de Medusa no son las medallas, sino ver a las personas recuperar la confianza en sí mismas, construir amistades y formar comunidad. Celebró además que instituciones y empresas, como el Banco Macro, acompañen hoy el proyecto, lo que —sostuvo— envía un mensaje claro:

"La diversidad ya no pide permiso para participar."

Anunció, como cierre de su intervención, la cuarta edición del torneo nacional "De la cancha de todes", prevista para el mes de octubre.

Belén Morelli: fútbol femenino y contención social

Belén Morelli, referente del fútbol femenino, directora técnica y coordinadora del departamento de fútbol femenino de la Liga Salteña, relató una trayectoria de lucha contra los estereotipos en un ambiente históricamente masculinizado. Recordó que en 1981 no existían escuelas para niñas y que jugar al fútbol era motivo de estigmatización —la palabra "marimacho" perseguía a quienes lo intentaban—, describiendo el paso de un fútbol de barrio jugado "a escondidas por las mujeres" al fútbol federado que hoy se practica en el Club Central Norte.

Morelli definió su trabajo como algo que excede lo estrictamente deportivo: actúa como sostén ante situaciones críticas de las jugadoras —abusos, violencia intrafamiliar, hambre, dudas sobre la identidad de género—, trabajando en red con la Subsecretaría de Género. Celebró el crecimiento de la liga, que hoy cuenta con categorías desde los 5 años hasta la primera división, con padres que acompañan a sus hijas, rompiendo un miedo que llevaba décadas instalado.

Mencionó también reconocimientos a su labor, documentada por cineastas franceses y distinguida como una de las ocho mujeres destacadas de la provincia de Salta. Sin embargo, no ocultó la dureza del camino: admitió que muchas veces le dieron la espalda —"no hay plata, no hay trofeos"—, aunque destacó el apoyo de figuras clave como Sergio Chiván, presidente de la Liga Salteña, y subrayó que su éxito se apoya en la visibilización y en no bajar los brazos frente al egoísmo del ambiente.

Lena Mancilla Muñoz: yoga, cuerpo y transidad

Lena (Lina) Mancilla Muñoz, profesora de yoga y mujer trans, aportó una mirada espiritual y existencial sobre el cuerpo y la identidad. Explicó que el yoga le permitió reconocer su energía femenina como "perfecta" y reconciliarse con un cuerpo que guardaba memorias de dolor.

Cuestionó los sistemas educativos binarios y patriarcales que excluyen a las niñeces trans y no binarias, y reivindicó la importancia de que hoy esté presente una voz trans real, señalando que "nuestras voces siempre son habladas por amigas… pero no son nuestras voces las que se escuchan". Cerró su intervención definiendo al deporte y al yoga no solo como herramientas de inclusión, sino como un acto de cuidar y acompañar vidas.

El panel finalizó invitando nuevamente a los asistentes a sumar sus reflexiones al mural colectivo, esta vez bajo el eje de "autenticidad y deporte", dando paso al bloque siguiente: "Diversidad, validación y bienestar".

Tercera ronda: validación, bienestar y salud integral


El bloque final del conversatorio estuvo dedicado a los ejes de validación, bienestar y salud integral, abordados desde perspectivas médicas y psicológicas complementarias.

Dra. Laura Rojo: una mirada integral de la salud

La Dra. Laura Rojo, médica sanitarista, pediatra, especialista en salud pública, escritora y médica de adolescentes, con recorrido en medicina rural y gestión hospitalaria, propuso una mirada integral y no biologicista de la salud, entendiendo al ser humano como un todo. Se definió a sí misma como una "anfibia de dos mundos" —la ciencia y el arte— y subrayó la importancia del trabajo colectivo en el campo de la salud.

Compartió el relato de su encuentro con Eva, una mujer trans que llegó en estado crítico a un hospital. Rojo intervino para que el equipo médico respetara su identidad de género, una experiencia que la llevó a escribir el poema "Es ella" como herramienta de interpelación para sus colegas. Entre 2022 y 2025 desarrolló el dispositivo "Transitando", enfocado en la atención de adolescencias diversas de entre 10 y 19 años, enfrentando en el camino la resistencia de colegas con miradas juiciosas.

En el plano de la práctica clínica, detalló la importancia de la anamnesis privada, el derecho al trato digno consagrado en el artículo 12 de la Ley de Identidad de Género, y la necesidad de preguntar siempre cómo desea ser nombrada cada persona. Cuestionó la cis-heteronorma y el binarismo en la medicina, abogando por una atención de la intersexualidad respetuosa de la autopercepción, sin medicalización forzada.

Lic. Francisco (Ricardo Francisco Villalobos): la palabra como herramienta de salud mental

El Lic. Francisco, psicólogo con 35 años de trayectoria y exdocente universitario, relató la evolución histórica del abordaje de la sexualidad en el ámbito académico: de una época en la que estaba prohibido hablar del tema en la universidad, a una actualidad con mayor apertura, pero también con nuevos riesgos.

Advirtió sobre el impacto del acoso anónimo en redes sociales y sobre la falta de espacios donde los y las jóvenes puedan poner en palabras lo que les sucede. Desde una perspectiva psicoanalítica, criticó la sobre-clasificación de las sexualidades, sosteniendo que cuantas menos etiquetas se impongan, mayores son las posibilidades de que cada sujeto construya su propia subjetividad. Definió a la palabra como el elemento transformador que permite interpretar, comprender y construir salud mental, y propuso reflexionar sobre cómo está construido el "armario" de cada persona —familia, barrio, escuela— para facilitar procesos de asunción de identidad más saludables.

La voz desde el público: la intervención de Pía Ceballos


Hacia el final de la jornada, la activista Pía Ceballos tomó la palabra desde el público. Su intervención introdujo una nota de urgencia y dolor en el conversatorio: solicitó una reflexión colectiva sobre los discursos de odio amplificados por funcionarios estatales en televisión, y mencionó, con dolor, el fallecimiento de una compañera trans de 24 años. En su planteo, Ceballos vinculó de manera directa la violencia simbólica de esos discursos con la precariedad concreta de las vidas trans, recordando que las palabras que circulan en los medios y en la política tienen consecuencias materiales sobre cuerpos y biografías reales.

El cierre: la palabra y el Estado presente

El conversatorio concluyó con las palabras de cierre de Julieta Valencia, quien agradeció la participación de los panelistas y de las organizaciones presentes. La subsecretaria resaltó la importancia de la palabra y del Estado presente como garantes de derechos en el contexto actual, en línea con el mensaje que había abierto la jornada. Antes de dar por finalizado el encuentro, invitó a la concejala presente a sumar unas palabras.

Malvina Gareca, concejala por Salta capital, expresó su apoyo al proceso llevado adelante por la Subsecretaría y destacó la importancia de trasladar la agenda de la diversidad a los espacios estatales, señalando que los paneles escuchados a lo largo de la tarde nutren también su propia labor legislativa.

Con esas palabras, y con el mural de post-its ya completo sobre la pizarra del salón —testimonio silencioso de validación, pertenencia, autenticidad y bienestar—, la Subsecretaría de Género en la Usina Cultural de Salta cerró una jornada que, más que un conversatorio, funcionó como un ejercicio colectivo de memoria, comunidad y futuro.

jueves, 25 de junio de 2026

Voces del Orgullo en el marco del dia internacional de las diversidades

La Asociación Dr. Miguel Ragone manifiesta su firme adhesión institucional a la Subsecretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidades de Salta para impulsar la creación de una Agenda Participativa y Comunitaria. En un escenario marcado por la retracción de las políticas nacionales, la Asociación —con su histórico arraigo en la defensa de los derechos humanos— entiende que este momento histórico exige una presencia organizada y un diálogo horizontal con el activismo cotidiano.

El Día Internacional de las Diversidades puede ser una jornada de construcción real y defensa de derechos. La convocatoria es para el próximo 29 de junio, de 19:00 a 21:30, en la Usina Cultural, donde se desarrollará un conversatorio enfocado en la validación, pertenencia, autenticidad y bienestar de la comunidad.

Para la Asociación Ragone, la articulación con la Subsecretaría responde a la responsabilidad de sostener las conquistas logradas y evitar que las leyes vigentes se conviertan en "letra muerta". El evento reivindica la memoria local de figuras como Pelusa Liendro, reafirmando que la igualdad real se gestiona y defiende desde el territorio y las alianzas transversales.


Sintesis del texto en el audio. Agrega explicación detallada del programa (ausente en el texto): 

ASOCIACIÓN DR. MIGUEL RAGONE

en adhesión a la

SUBSECRETARÍA DE LAS MUJERES, GÉNEROS Y DIVERSIDADES — SALTA

 

INVITACIÓN

a la construcción de una

AGENDA PARTICIPATIVA Y COMUNITARIA

para la celebración del

DÍA INTERNACIONAL DE LAS DIVERSIDADES — 29 DE JUNIO

 

A: Organizaciones, colectivos y referentes de la diversidad sexual y de géneros de Salta

Invitación de la Sub Secretaría de Mujeres, Género y Diversidad. 




I. POR QUÉ CONVOCAMOS: LA SUPERVIVENCIA COMUNITARIA COMO PUNTO DE PARTIDA

La retracción del Estado no implica el fin de las políticas de diversidad, sino su mutación. El futuro inmediato exige pasar de una lógica de demanda al Estado benefactor a una fase de supervivencia comunitaria, litigio estratégico y alianzas transversales. La normativa argentina vigente constituye un piso innegociable; el desafío de la próxima década será defender la aplicación de esas leyes en los territorios concretos, evitando que queden convertidas en letra muerta.

Esta conclusión —surgida del análisis estructural del campo de las políticas de diversidad en Argentina post-cierre del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades— no es un diagnóstico resignado. Es, por el contrario, el mapa desde el cual organizamos esta convocatoria. Ante la supresión de la arquitectura institucional construida entre 2004 y 2023, el horizonte de la igualdad real no se clausura: se desplaza al territorio, a las comunidades, a las alianzas, a los municipios, a los conversatorios como el que aquí proponemos.

La Asociación Dr. Miguel Ragone —institución con arraigo en la defensa de los derechos humanos y la memoria política de Salta— entiende que este momento histórico exige presencia organizada, no repliegue. Adherimos a la iniciativa de la Subsecretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidades de la provincia de Salta porque compartimos la convicción de que las instituciones que permanecen en pie tienen la responsabilidad de convocar, de sostener, de articular. Y de hacerlo en diálogo horizontal con quienes llevan el peso del activismo cotidiano.

Por ello convocamos a las organizaciones de la diversidad de Salta a un proceso participativo de construcción de agenda para la celebración del 29 de junio —Día Internacional de las Diversidades—, en la Usina Cultural de la ciudad, en el formato conversatorio propuesto por la Subsecretaría. La convocatoria no es solo a un evento: es a construir juntas y juntos el contenido de ese evento, y a delinear colectivamente las demandas y propuestas que la comunidad necesita sostener en el actual escenario provincial y nacional.

 

II. EL 29 DE JUNIO Y EL SIGNIFICADO DE JUNIO EN LA HISTORIA ARGENTINA DE LAS DIVERSIDADES

El 28 de junio de 1969, en el bar Stonewall Inn de Nueva York, personas travestis, trans, lesbianas, gays y bisexuales respondieron con resistencia colectiva a una razzia policial. Esa rebelión, conocida como la Revuelta de Stonewall, se convirtió en el punto de origen simbólico del activismo LGBTIQ+ contemporáneo. Desde entonces, junio es reconocido mundialmente como el mes del Orgullo. En Argentina, la fecha del 29 de junio adquirió una inscripción local adicional: es el día en que el movimiento salteño conmemora a sus propias figuras de lucha, en particular la memoria de Pelusa Liendro, mujer trans, trabajadora sexual y militante de derechos LGBTIQ+ que en 2004 encabezó la primera Marcha del Orgullo en la ciudad de Salta, marcando un hito en la visibilidad del colectivo en el interior del país.

La historia reciente confirma la vitalidad de este movimiento en nuestra provincia. En noviembre de 2024, Salta organizó la Marcha del Orgullo bajo la consigna de la memoria de Pelusa Liendro, con un festival previo realizado el 15 de noviembre en la propia Usina Cultural —el mismo espacio que ahora se propone para el conversatorio del 29 de junio— que reunió a la comunidad en torno a la feria, la música y la visibilidad cultural. En noviembre de 2025, la 22.a Marcha del Orgullo salteña volvió a colmar el centro de la ciudad bajo los lemas Somos comunidad y A la marcha la hacemos entre todes, con concentración en el Paseo de la Diversidad sobre la calle Lavalle y cierre artístico frente al Cabildo. Organizaciones LGBTIQ+, activistas, familias y público general avanzaron juntos exigiendo políticas que garanticen salud, trabajo y protección frente a la violencia institucional, en un año atravesado por recortes que golpean especialmente a los sectores más vulnerables de la comunidad. También en el Valle Calchaquí, Cafayate vivió en noviembre de 2024 su Cuarta Marcha Plurinacional del Orgullo bajo el lema tierra de lucha y resistencia, expresión de la creciente federalización del movimiento al interior de la provincia.

Celebrar el 29 de junio no es solo honrar un origen. Es afirmar, en el presente, que la comunidad de las diversidades en Salta tiene historia propia, tiene militantes, tiene cuerpos que marcharon y siguen marchando, y tiene derecho a que el Estado provincial acompañe ese camino con políticas sostenidas.

 

III. LA CONCEPCIÓN DE DIVERSIDAD QUE ANIMA ESTA JORNADA

La coordinación de la sub secretaria planificó este conversatorio con una idea central: la diversidad no es solo una identidad que se declara, sino un modo de estar en el mundo que requiere validación, pertenencia, autenticidad y bienestar. Bajo estos cuatro ejes, el evento no se propone como un espacio de denuncia exclusiva ni como un acto de visibilidad meramente simbólica, sino como una jornada que produzca encuentro real entre personas y entre instituciones.


Validación: la jornada debe reconocer que las identidades diversas existen y tienen derechos, no como excepción tolerada sino como parte constitutiva de la comunidad política salteña. En términos del Plan de Ciudadanía LGBT de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), esto significa asumir que el no reconocimiento de los derechos de las personas LGBT crea ciudadanías de primera y de segunda, un paradójico sujeto que necesita escindirse para pertenecer a una sociedad que le pide como condición negarse a sí mismo.

Pertenencia: el formato conversatorio —inspirado en la escucha activa del modelo del Consejo Económico— busca que las organizaciones de la diversidad se sientan efectivamente escuchadas, no como beneficiarias pasivas de un programa sino como actoras con voz propia en la definición de la agenda. Esta concepción supera la modalidad de panel académico tradicional y la reemplaza por un espacio de intercambio genuino.

Autenticidad: se propone que el evento incorpore la diversidad de expresiones de la propia comunidad —arte, emprendimiento, talento, cuerpos, experiencias— sin reducirla a una narrativa única. El cierre artístico propuesto, con participación de expresiones trans y disidentes, es coherente con esta lectura: la diversidad se muestra, se celebra, se habita.

Bienestar: la jornada no soslaya las condiciones materiales de vida de la comunidad. La propuesta de incorporar al sector privado y a profesionales independientes responde a la necesidad de que la comunidad no vea al Estado como única fuente de inclusión, abriendo perspectivas concretas de empleo, salud, acceso a derechos y autonomía económica.

Esta concepción de la diversidad —enraizada en la validación, la pertenencia, la autenticidad y el bienestar— se amplifica cuando se la piensa desde una escala federal e intramunicipal. El Plan de Ciudadanía LGBT de la FALGBT señala con claridad que las ciudades, por su escala y cercanía con su población, son ámbitos privilegiados para la implementación de políticas públicas que aborden las necesidades de grupos poblacionales específicos.

 

IV. EL ESCENARIO EN QUE NOS ENCONTRAMOS: SIETE COORDENADAS PARA UNA AGENDA INFORMADA

Para que la agenda que construyamos juntas y juntos sea efectiva, necesitamos nombrar el territorio en el que operamos. El análisis del campo de las políticas de género y diversidad en Argentina post-cierre del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades arroja siete coordenadas que deben orientar nuestra discusión:

1. Diagnóstico general: del Estado presente al Estado en retracción. Entre 2019 y 2023, Argentina consolidó una arquitectura institucional sin precedentes para la diversidad: el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades, el Cupo Laboral Travesti Trans, el DNI no binario, el Programa Acompañar. Con el cambio de gobierno a fines de 2023, ese edificio fue desmantelado mediante el DNU 8/2023: el Ministerio fue eliminado, los fondos del Programa Acompañar licuados, la Línea 144 reducida, las transferencias a provincias cortadas. El Estado pasó de ser garante de derechos a emitir violencia institucional, y la diversidad perdió su estatus de sujeto político de protección estatal para convertirse en blanco de estigmatización bajo el rótulo de 'ideología de género'. La normativa vigente —Ley de Identidad de Género, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley Micaela, Ley de Cupo Laboral Trans— subsiste como piso de derechos no negociables, pero su aplicación efectiva depende ahora de la presión organizada de la sociedad civil y de los estados provinciales y municipales.

2. Impacto específico en Salta. La provincia atravesó el corte de transferencias nacionales con una estructura ya frágil: programas de asistencia a víctimas de violencia y discriminación perdieron su anclaje económico, los equipos técnicos se redujeron, y la política de diversidad quedó concentrada en la capital, desprotegiendo al interior —Orán, Tartagal, el Valle Calchaquí— donde las poblaciones LGBT indígenas y de frontera enfrentan vulnerabilidades interseccionales agudas. El gobierno provincial adoptó una postura de adaptación pragmática: mantiene la estructura institucional —la Subsecretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidades que hoy nos convoca en adhesión— pero con perfil bajo y lógica de subsistencia. La Legislatura salteña aprovechó el clima nacional para frenar iniciativas progresistas. La Universidad Nacional de Salta se consolidó como trinchera de la perspectiva de género. Y las organizaciones LGBT pasaron de exigir ampliación de derechos a gestionar asistencia alimentaria y defensa contra detenciones arbitrarias.

3. Modificación del comportamiento de los actores: de la demanda al Estado a la autogestión. El desmantelamiento institucional produjo una rápida reinvención del movimiento. Las organizaciones LGBTIQ+ transitan de la institucionalización —gestión conjunta con el Estado— a la resistencia comunitaria: redes de cuidados autogestivos, cooperativas de alimentos, roperos comunitarios y fondos de emergencia virtuales. Los medios hegemónicos reproducen el clima ideológico regresivo; los medios comunitarios y digitales refuerzan el activismo. Los municipios absorben el colapso social sin presupuesto para hacerle frente. La academia sostiene diplomaturas y protocolos como espacios de resistencia. Y los sindicatos, centros de estudiantes y organismos de derechos humanos emergen como aliados naturales de un movimiento que no puede resistir aislado.

4. Transformaciones en el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad. El Poder Judicial salteño mantiene una matriz tradicionalista: las causas por crímenes de odio y transfemicidios corren el riesgo de ser invisibilizadas bajo carátulas de homicidios simples, negando el agravante por violencia de género o identidad. Las fuerzas de seguridad, bajo un nuevo clima de 'mano dura', han incrementado el hostigamiento policial hacia poblaciones LGBT —especialmente hacia personas trans en situación de prostitución— y el Código de Contravenciones sigue siendo una herramienta discrecional para hostigar en el espacio público a las identidades disidentes. Ante este escenario, el litigio estratégico se convierte en herramienta central: amparos colectivos, denuncias ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la exigencia de protocolos específicos de actuación policial son vías que la comunidad organizada puede y debe recorrer.

5. La relación emergente con el sector empresarial. Ante la retracción del Estado, el sector privado emerge como actor complejo. Corporaciones y grandes empresas impulsan políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) que pueden ofrecer recursos y visibilidad, pero bajo la lógica de la rentabilidad y el capital de marca. El “pinkwashing” —apoyar el Orgullo un día al año sin modificar cadenas de valor ni garantizar derechos laborales plenos— es el riesgo principal. En Salta, esta incursión corporativa es incipiente y concentrada en el sector minero. La propuesta de incluir al sector privado y a profesionales independientes en la jornada del 29 de junio —impulsada por la coordinación del evento— es promisoria si se la acompaña de una discusión sobre condiciones: el sector privado puede ser aliado, pero la agenda la define la comunidad.

6. Financiamiento internacional y cooperación externa. El retiro del Estado nacional desplazó la cooperación de los organismos internacionales —PNUD, ONU Mujeres, embajadas europeas, Open Society, ILGA— directamente hacia la sociedad civil. Esto genera una hiper-competitividad entre organizaciones que antes cooperaban y una asimetría técnica que margina a las organizaciones territoriales del interior, como las de Salta, en beneficio de grandes ONGs porteñas con mayor capacidad de formulación de proyectos. El riesgo es la ONGización del movimiento y la dependencia de agendas externas. La jornada del 29 de junio puede ser una oportunidad para visibilizar ante la cooperación internacional las necesidades específicas del NOA y fortalecer la capacidad de articulación de las organizaciones salteñas.

7. Prospectiva: cómo profundizar políticas en estados desfinanciados. El análisis prospectivo identifica cinco ejes de acción sostenible: la municipalización de las políticas de género —los municipios como nodos de resistencia mediante ordenanzas de protección antidiscriminatoria, exenciones impositivas a comercios que contraten personas trans, y uso de infraestructura existente como espacios seguros—; las alianzas intersectoriales amplias, incluyendo en Salta la convergencia con organizaciones de pueblos originarios por la interseccionalidad de las identidades chineadas y disidentes; el litigio estratégico ante la negativa ejecutiva de aplicar leyes vigentes; la producción cultural y comunicacional desde abajo, para evidenciar que las políticas de diversidad son un asunto de supervivencia material, salud pública e inclusión económica real; y, de manera central, la posibilidad de que los municipios se conviertan en el principal escenario de resistencia y continuidad de las políticas de diversidad cuando el Estado nacional y provincial retroceden. Esta última perspectiva es especialmente relevante para Salta: los conversatorios entre organizaciones de diversidad y referentes de concejos deliberantes del interior —como los que la coordinación del evento propone mediante la articulación con el Foro de Intendentes— pueden ser el inicio de una red de municipios inclusivos que compartan buenas prácticas y optimicen recursos.

V. CONVOCATORIA FINAL

La Asociación Dr. Miguel Ragone nació de la memoria de un hombre que gobernó desde la justicia social y fue desaparecido por ello. Sabemos, por esa historia, que los derechos no se conceden: se construyen, se defienden y se celebran. Sabemos también que en los momentos de mayor retroceso institucional, la organización comunitaria es la que sostiene lo conquistado y prefigura lo que viene.

Invitamos a cada organización, colectivo, referente y persona de la comunidad de las diversidades de Salta a sumar su voz a este proceso. La agenda del 29 de junio se construye con las urgencias reales de quienes viven la diversidad todos los días: en sus cuerpos, en sus trabajos, en sus accesos a la salud, en sus relaciones con las instituciones. Ese conocimiento no está en los escritorios: está en las organizaciones que convocamos.

Les esperamos. Con la Usina Cultural como espacio de encuentro, con el Día de las Diversidades como fecha de celebración y con la agenda de derechos como razón de fondo.

Por la Asociación Dr. Miguel Ragone

Salta, junio de 2026


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