Análisis del discurso pronunciado frente a la sede de La Libertad Avanza en Salta
Por Fernando Pequeño Ragone, asistido con Claude IA [1]
El discurso de Blanca Lescano, pronunciado frente a la sede de La Libertad Avanza (LLA) en Salta durante la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascista, es una de las intervenciones más lúcidas y estructurales sobre la actualización de las formas de violencia estatal en democracia. Desde su trayectoria en la lucha por los derechos humanos, Lescano construye un puente analítico que conecta el terrorismo de Estado de la última dictadura militar con las políticas de exclusión y exterminio social del presente neoliberal, desmontando la falsa separación entre "violaciones de derechos humanos del pasado" y "políticas económicas del presente".
Contenidos
Lademocracia como conquista y su usufructo por quienes la niegan
Delgenocidio militar al genocidio social: la ampliación necesaria del concepto
Lacriminalización de la vulnerabilidad: cuando el Estado penaliza a quienesdebería proteger
Lapolicía como aparato de reproducción del fascismo y el odio
Lamemoria activa como resistencia: del museo al combate político
Conclusión:La lucha por los derechos humanos como lucha por la supervivencia colectiva
La democracia como conquista y su usufructo por
quienes la niegan
Lescano inicia su intervención desde un lugar de memoria
política que recuerda el costo histórico de la recuperación democrática. No se
trata de una referencia nostálgica sino de una advertencia estratégica: la
democracia no es un estado natural de las cosas, sino una conquista colectiva
que costó vidas, tortura, desapariciones y décadas de lucha. Esta premisa es
fundamental para comprender la denuncia que articula a continuación.
La contradicción que señala es punzante: "Usufructuaron
la democracia que a todo el pueblo argentino le costó conseguir y que resulta
que ahora pretenden imponer desde el Estado Nacional también un genocidio".
El verbo "usufructuar" no es casual. Lescano está señalando que
sectores políticos que llegaron al poder utilizando las herramientas de la
institucionalidad democrática —el voto, la Constitución, los procedimientos
republicanos— están empleando esa legitimidad formal para desmantelar desde
adentro los contenidos sustantivos de la democracia: la justicia social, la
protección de los más vulnerables, la redistribución de la riqueza.
Esta formulación es políticamente crucial porque desmonta
dos trampas discursivas: por un lado, la idea liberal de que la democracia se
agota en los procedimientos formales (elecciones libres, división de poderes)
sin importar qué proyecto de sociedad se construya con esos procedimientos; por
otro, la ingenuidad de ciertos sectores progresistas que creen que el simple
hecho de mantener la institucionalidad electoral garantiza la preservación de
derechos conquistados. Lescano está advirtiendo que el fascismo contemporáneo
ha aprendido a usar las formas democráticas para vaciarlas de contenido
emancipatorio.
Del genocidio militar al genocidio social: la
ampliación necesaria del concepto
El núcleo duro del discurso de Lescano es la redefinición
del concepto de genocidio. Lejos de limitarlo a la desaparición física de
personas por parte de fuerzas militares durante dictaduras —definición
restrictiva que permite al poder democrático liberal declararse inocente—,
Lescano lo extiende a la destrucción sistemática de las condiciones de vida de
sectores enteros de la población.
Su formulación es contundente: "Pretenden imponer
desde el Estado Nacional también un genocidio; un genocidio para los
trabajadores, un genocidio para los pobres". Esta ampliación
conceptual no es una metáfora ni un romanticismo militante. Es el
reconocimiento de que el exterminio no requiere campos de concentración ni
vuelos de la muerte cuando puede realizarse mediante la destrucción del empleo,
el desfinanciamiento de la salud pública, el desmantelamiento de la educación,
la criminalización de la pobreza y el hambre como política de Estado.
Lescano establece una continuidad estructural entre dos
momentos históricos que suelen pensarse como radicalmente diferentes:
- El
genocidio de la dictadura: Desaparición forzada, tortura, apropiación
de niños, aniquilamiento de organizaciones populares mediante el terror
estatal directo.
- El
genocidio neoliberal: Destrucción de las condiciones materiales de
existencia de los sectores populares, abandono deliberado de niños y
jubilados, criminalización de la supervivencia, violencia institucional
selectiva.
La conexión entre ambos momentos no es solo analógica sino
genealógica. Lescano denuncia que el proyecto político que hoy gobierna
reivindica explícitamente a los genocidas del pasado: "pretenden
liberar a los condenados por crímenes de lesa humanidad". No se trata
solo de políticas económicas neoliberales aplicadas por tecnócratas
pragmáticos, sino de un proyecto ideológico que celebra el exterminio previo y
busca continuarlo bajo nuevas formas.
Esta lectura desmonta la separación artificial entre
"derechos civiles y políticos" (violados por las dictaduras) y
"derechos económicos, sociales y culturales" (cuya violación suele
minimizarse como "ajuste necesario" o "responsabilidad
fiscal"). Lescano está diciendo que cuando el Estado abandona
deliberadamente a los niños al hambre, cuando desmantela el sistema jubilatorio
condenando a la miseria a los ancianos, cuando destruye el empleo y criminaliza
la pobreza resultante, está ejecutando un genocidio.
La criminalización de la vulnerabilidad: cuando el
Estado penaliza a quienes debería proteger
Uno de los pasajes más duros del discurso de Lescano es su
denuncia de la inversión de roles del Estado: "Pretende poner la
violencia en la calle, golpear jubilados, golpear niños y niñas... pretenden
resolverlo penalizando a los niños que tendrían que defender por los tratados
internacionales de derechos humanos".
Esta formulación identifica un mecanismo central del
neoliberalismo contemporáneo: la gestión de la crisis social mediante la
criminalización de sus víctimas. El Estado no solo abandona a niños y jubilados
—los sujetos de especial protección según el derecho internacional—, sino que
luego los penaliza por las consecuencias de ese abandono. Los niños
empobrecidos son tratados como "delincuentes en potencia", los
jubilados que protestan son reprimidos, las madres que reclaman alimentos son
acusadas de "extorsión social".
Lescano señala la contradicción jurídica escandalosa:
Argentina ha suscrito tratados internacionales que obligan al Estado a proteger
prioritariamente a niños, niñas y adolescentes, así como a garantizar
condiciones dignas para las personas mayores. Sin embargo, las políticas
concretas violan sistemáticamente esos compromisos, invirtiendo la lógica del
derecho: en lugar de proteger a los vulnerables y perseguir a los responsables
de su vulnerabilización, se protege a los poderes concentrados y se persigue a
quienes el sistema expulsa.
Esta inversión no es accidental ni resultado de
"errores de gestión". Es una estrategia política deliberada que busca
disciplinar socialmente mediante el terror: si te empobrecemos y encima te
criminalizamos por ser pobre, si te dejamos sin trabajo y encima te reprimimos
por reclamar, el mensaje es claro: tu única opción es la sumisión total.
La policía como aparato de reproducción del
fascismo y el odio
El discurso de Lescano adquiere una especificidad
territorial crucial cuando analiza el rol de la policía de Salta. Sus denuncias
son demoledoras: "Esa es la policía que encubre a esto, a ese
fascismo... esa es la policía que debería estar cuidando a las mujeres que
están en riesgo".
Esta caracterización de las fuerzas de seguridad
provinciales no es una crítica genérica a "excesos policiales" o
"casos aislados de violencia institucional". Lescano está señalando
que la policía opera como un brazo armado del proyecto fascista, cumpliendo
funciones específicas:
- Encubrimiento
del fascismo: La policía no solo no persigue los discursos y prácticas
fascistas, sino que los ampara, los protege, los habilita.
- Abandono
de las mujeres en riesgo: Mientras debería estar protegiendo a mujeres
amenazadas por violencia machista, está dedicada a otras funciones
represivas.
- Propagación
del odio: "Esa es la policía de Salta que lo único que propaga
es odio". La institución policial no es neutral que se limita a
"cumplir órdenes", sino un actor político que reproduce y
amplifica los discursos de odio contra disidencias sexuales, migrantes,
pueblos originarios, pobres.
- Revictimización
sistemática: "La policía que cada vez que vamos a hacer una
denuncia las revictimiza y violenta". Esta denuncia es
particularmente grave porque señala que el aparato que debería proteger a
las víctimas es, en realidad, parte del sistema de victimización.
La experiencia de Lescano como militante de derechos humanos
en Salta le da autoridad testimonial para estas afirmaciones. No está
especulando teóricamente sino denunciando prácticas que ha enfrentado
directamente: mujeres que van a hacer denuncias por violencia de género y son
maltratadas por el personal policial, familias que buscan justicia por sus
muertos en comisarías y encuentran encubrimiento, personas LGBTIQ+ que sufren
violencia institucional cada vez que entran en contacto con las fuerzas de seguridad.
Esta caracterización conecta directamente con el planteo que
desde la Asociación Miguel Ragone venimos haciendo [2]
(ver el vínculo al final: Anatomía de la Violencia Institucional en el
Distrito Judicial Sur: Un Análisis de la Seguridad y la Letalidad en el
Departamento de Anta (2016-2026)) sobre la "normalización sistemática del
maltrato, especialmente en los distritos de los municipios del interior donde
las comisarías están saturadas y las personas conviven en condiciones
inhumanas". La violencia policial en Salta no es disfuncional al sistema:
es funcional. Es el mecanismo mediante el cual se disciplina a las poblaciones
excedentes, se aterroriza a quienes podrían organizarse, se protege el orden de
la desigualdad.
La memoria activa como resistencia: del museo al
combate político
El discurso de Lescano, pronunciado en el contexto de la
Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascista, y en el marco de la
conmemoración de los cincuenta años del golpe de 1976, plantea implícitamente
una concepción de la memoria como herramienta política activa, no como
ejercicio conmemorativo ritual.
Su análisis sostiene que "el fascismo y el racismo
no son fenómenos aislados, sino que se manifiestan hoy en la destrucción de las
estructuras del Estado y en el abandono de miles de personas". Esta
formulación es crucial porque evita dos trampas simétricas:
- La
trampa de la excepcionalidad: Pensar el genocidio de la dictadura como
un evento único, excepcional, radicalmente diferente de la
"normalidad democrática". Esta perspectiva permite celebrar la
recuperación democrática mientras se naturalizan formas actualizadas de
violencia estatal.
- La
trampa de la banalización: Llamar "genocidio" o
"fascismo" a cualquier política que no nos gusta, vaciando los
conceptos de contenido analítico y diluyendo la especificidad histórica de
las experiencias límite.
Lescano evita ambas trampas mediante una operación
conceptual sofisticada: reconoce la especificidad histórica del terrorismo de
Estado dictatorial (desaparición forzada, campos clandestinos, plan sistemático
de exterminio) mientras identifica continuidades estructurales con las formas
contemporáneas de violencia estatal (hambre como política, criminalización de
la pobreza, abandono letal de poblaciones enteras).
Esta perspectiva transforma la memoria en práctica de
resistencia. No se trata de recordar el pasado para que "nunca más"
vuelva a ocurrir algo exactamente igual —promesa que el poder puede cumplir
formalmente mientras ejecuta variantes actualizadas—, sino de reconocer las
lógicas de poder que persisten bajo nuevas formas para poder combatirlas en el
presente.
Conclusión: La lucha por los derechos humanos como
lucha por la supervivencia colectiva
El discurso de Blanca Lescano frente a la sede de La
Libertad Avanza en Salta es más que una denuncia coyuntural. Es una
reformulación estructural de lo que significa defender los derechos humanos en
el siglo XXI. Su planteo central —la continuidad genocida entre dictadura y
neoliberalismo— no busca equiparar mecánicamente períodos históricos
diferentes, sino identificar las lógicas de poder que producen poblaciones
descartables, cuerpos superfluos, vidas que no merecen ser vividas.
Al conectar el terrorismo de Estado del pasado con las
políticas de exclusión del presente, Lescano está haciendo varias operaciones
políticas fundamentales:
- Desnaturaliza
la violencia neoliberal: El hambre, el desempleo, la falta de acceso a
salud y educación no son "consecuencias inevitables" de leyes
económicas neutrales, sino decisiones políticas deliberadas que producen
sufrimiento y muerte.
- Amplía
el sujeto de los derechos humanos: Ya no solo las víctimas directas
del terrorismo de Estado dictatorial, sino todos los sectores que hoy son
objeto de políticas de abandono y exterminio social: trabajadores
precarizados, niños hambrientos, jubilados empobrecidos, mujeres
desprotegidas, disidencias sexuales criminalizadas.
- Actualiza
las herramientas de resistencia: La lucha por los derechos humanos no
puede limitarse a la judicialización de crímenes del pasado (aunque esto
sea importante), sino que debe articularse con las resistencias concretas
del presente: la defensa de la educación y la salud públicas, la organización
sindical, las luchas territoriales, los feminismos, los movimientos
antirracistas.
- Identifica
a los responsables contemporáneos: No hay genocidio sin genocidas. Al
señalar que el proyecto político actual "usufructúa" la
democracia para imponer un genocidio social, Lescano está nombrando
responsabilidades políticas concretas, no diluyéndolas en abstracciones
como "el mercado" o "la globalización".
Su intervención, en el marco de la Segunda Marcha Federal
Antirracista y Antifascista, sitúa la lucha por los derechos humanos
exactamente donde debe estar: no en el terreno despolitizado de la
conmemoración estetizada ni en el campo jurídico exclusivamente, sino en el
combate político cotidiano por las condiciones materiales de existencia de las
mayorías populares.
La memoria activa que propone Lescano es aquella que
reconoce en el niño hambriento de hoy al desaparecido de ayer: ambos son
víctimas de un proyecto de poder que decide quiénes merecen vivir y quiénes son
descartables. Y sitúa la resistencia antifascista como la única forma de
preservar no solo la memoria del pasado, sino la posibilidad misma de un futuro
donde todas las vidas importen.
[1]
Orden (Claude): Describe y analiza el discurso que te adjunto. Incluyendo citas
textuales de la interlocutora. Se trata de Blanca Lescano, que desde su
trayectoria en la lucha por los Derechos Humanos, aporta una mirada estructural
que conecta el genocidio del pasado con la exclusión del presente en el marco
de la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascita en Salta. Titula.




