El amparo colectivo presentado por doce personas trans en Salta contra la interrupción de hormonas marca una conquista histórica que traslada el reclamo de los pasillos informales a los tribunales. Sin embargo, la respuesta del Estado provincial —que intenta dilatar el proceso deslindando responsabilidades y catalogando el servicio especializado como un "privilegio"— demuestra que la disputa apenas comienza. En este escenario crítico, sostener la unidad del colectivo no es solo una estrategia jurídica eficaz, sino una herramienta indispensable de cuidado comunitario y resistencia política. Articular activamente a las familias, asambleas y diversas organizaciones permite transformar el sufrimiento individual en una fuerza transformadora. Para consolidar este impulso frente a la burocracia oficial, resulta vital convocarse en comunidad, superar las tensiones internas y defender de manera colectiva que la salud integral y el trato digno son derechos obligatorios y no concesiones del gobierno de turno.
Síntesis en audio. Sobre el proceso judicial (ultima parte) y sobre la importancia de la unidad (primera parte)
El amparo colectivo presentado por doce personas
trans en Salta contra el gobierno provincial marca un hito histórico de
organización y resistencia. Frente a la interrupción abrupta de la entrega
gratuita de hormonas e insumos, especialmente en el Centro de Salud N.° 63,
la judicialización transformó un dolor individual en una causa colectiva
que obliga al Estado a dar respuestas formales por escrito. Mientras el
Ministerio de Salud provincial intenta deslindar responsabilidades acusando
al Estado Nacional y argumentando que un equipo de salud diverso es un
"privilegio" innecesario, este proceso ya constituye una victoria
política. Al correr el reclamo de los pasillos informales a los tribunales, se
disputa el acceso real a la salud integral, la reanudación de
tratamientos vitales y las cirugías de adecuación corporal, defendiendo que la ciudadanía
sexual no es un papel, sino un derecho exigible.
Llegamos al amparo: qué significa esta primera conquista y qué nos espera
Un documento para las
organizaciones, las familias
y las personas que sostienen este proceso
En defensa de la provisión de insumos y hormonas para
el colectivo lgbt en salta en un contexto de retroceso Estatal
El informe, fechado el 8 de septiembre de 2025, registra
una reunión clave en Salta entre organizaciones sociales, activistas y abogadas
para enfrentar el retroceso estatal en políticas de género, diversidad y salud.
A casi un año de distancia, su valor no es solo documental: también funciona
como *memoria de una propuesta de acción*, útil para revisar qué se proyectó
entonces, qué avances se alcanzaron y qué sigue pendiente.
El eje del encuentro fue la defensa del acceso a insumos
médicos y hormonales para el colectivo LGBT, especialmente para personas trans
y para quienes viven con VIH/SIDA. Se señaló la falta de hormonas,
preservativos, reactivos de laboratorio y otros recursos esenciales, en un
contexto de recortes y desabastecimiento que expone la fragilidad de las
respuestas estatales. La reunión definió que la estrategia debía combinar
acciones judiciales y extrajudiciales.
Entre las ideas principales, se propuso impulsar un
amparo provincial por la provisión de hormonas, considerado el caso más sólido,
y avanzar paralelamente con pedidos de informe y otras acciones sobre VIH.
También se discutió la necesidad de reunir pruebas: testimonios, declaraciones
juradas, informes de organizaciones y antecedentes de reclamos administrativos
no respondidos.
El texto muestra además una dimensión política y
organizativa: las luchas por salud y diversidad fueron ubicadas dentro de la
memoria más amplia de los derechos humanos, reconociendo que son conquistas
históricas y no concesiones del Estado. La reunión buscó articular ONGs,
abogadas y actores institucionales para sostener una respuesta colectiva.
Vista hoy, esta síntesis permite releer la propuesta
original como un punto de partida: una hoja de ruta para evaluar qué se logró,
qué resistencias persisten y cómo reactivar la defensa de derechos en un
escenario aún más critico crítico que un año atrás.
Introducción: por qué escribimos esto
Este texto no está pensado para tribunales. Está pensado
para nosotros y nosotras: para las organizaciones que acompañaron a las doce
personas amparistas, para las familias, para quienes participaron de las
asambleas, los talleres y las reuniones donde se discutió si judicializar o no,
para quienes prestaron su testimonio sabiendo que exponerse tiene un costo.
Queremos explicar, en un lenguaje que no requiera ser abogado o abogada para
entenderlo, qué es lo que efectivamente logramos al llegar a esta instancia,
por qué eso ya es una conquista aunque todavía no haya sentencia, y cómo está
respondiendo el Estado provincial a nuestro reclamo. También queremos nombrar
algo que no siempre se dice con todas las letras en los expedientes: los
prejuicios que atraviesan las respuestas oficiales, y que nosotros y nosotras
sí podemos identificar porque los vivimos.
El amparo colectivo fue presentado por doce personas trans
de la provincia de Salta contra el Gobierno de la Provincia y su Ministerio de
Salud Pública, por la interrupción abrupta de la entrega gratuita de hormonas y
de insumos de hormonización que venía funcionando en el sistema público,
especialmente en el Centro de Salud N.° 63. Se reclama la reanudación inmediata
de la medicación, la conformación de un equipo de salud capacitado en
diversidad, y el acceso a las cirugías de adecuación corporal que varios de los
amparistas necesitan, entre ellas la adenomastectomía. El Estado provincial ya
contestó la demanda. Ese es el punto en el que estamos parados hoy.
Primera parte: el valor de haber llegado hasta acá
1. Llegar al amparo ya es una victoria, no un trámite
Es importante decirlo con claridad: el solo hecho de que
este amparo colectivo exista, esté admitido y esté siendo contestado por el
Estado, es en sí mismo una conquista política y jurídica. No es un paso
automático ni menor.
Durante mucho tiempo, el reclamo por hormonas y por atención
integral fue un problema que se discutía puertas adentro: notas presentadas
ante la Secretaría de Medicina Social o la Secretaría de Género que quedaban
archivadas, promesas de que se abriría un expediente para pasarlo a presupuesto
y que "nunca más se movió", reuniones en la Mesa de la Diversidad que
terminaban en gestos de cercanía sin resolver nada concreto. Ese circuito de
diálogo informal, sin consecuencias jurídicas, es el terreno en el que el
Estado se siente cómodo: puede escuchar, puede lamentarse, puede prometer, sin
que nada de eso lo obligue a actuar ni tenga un plazo.
Judicializar el reclamo rompió ese círculo. Convertir el
dolor y la urgencia sanitaria de cada persona en una demanda judicial colectiva
significa que, por primera vez, el Estado tiene la obligación formal de
responder, con fundamentos, por escrito, y bajo la mirada de un juez. Ya no
alcanza con la empatía de un funcionario en un pasillo. El Estado tuvo que
sentarse a explicar jurídicamente por qué dejó de entregar la medicación, y esa
explicación quedó registrada, es revisable, y puede ser refutada.
2. De reclamo individual a causa colectiva: por qué ese cambio de escala
importa
Uno de los logros más importantes de este proceso, incluso
antes de cualquier sentencia, fue el paso de reclamos individuales y dispersos
hacia una causa colectiva única. Cada amparista atravesó su propio recorrido de
angustia, de fraccionamiento casero de la dosis, de turnos negados, de maltrato
en los pasillos de un centro de salud. Esas historias, si quedaran aisladas,
corren el riesgo de ser tratadas por el sistema como "casos
particulares", excepciones a resolver una por una, sin que eso obligue a
cambiar nada de manera estructural.
Al litigar de forma colectiva, se transformó una serie de
sufrimientos privados en la evidencia de un patrón estatal: la interrupción no
fue un error administrativo aislado sobre una persona, sino una política de
hecho que afectó de manera sistemática a un colectivo entero desde 2025. Esa
diferencia es enorme. Un reclamo individual pide una solución para una persona;
un reclamo colectivo exige que el Estado reorganice su forma de funcionar para
que la vulneración no se repita con la próxima persona que llegue al Centro de
Salud N.° 63.
Esto conecta con algo que discutieron largamente las
organizaciones que impulsaron la demanda: la tensión entre visibilizar la causa
y proteger a quienes no querían o no podían exponerse públicamente por miedo al
rechazo familiar o comunitario. El instrumento colectivo, sostenido en
declaraciones juradas, historias clínicas y testimonios resguardados, permitió
que la experiencia traumática individual se convirtiera en prueba jurídica sin
necesitar que cada persona se exponga mediáticamente. Ese equilibrio —entre fuerza
colectiva y cuidado individual— es también una conquista de diseño estratégico,
no un detalle técnico.
3. Poner el cuerpo en la ley: la extensión de la ciudadanía sexual
Cuando hablamos de "ciudadanía sexual" nos
referimos a algo muy concreto: no alcanza con que una ley reconozca la
identidad de género en el papel si el cuerpo real de las personas trans queda
librado a la voluntad presupuestaria de turno, a la buena predisposición de un
profesional de la salud, o a la capacidad económica de cada quien para comprar
en el mercado privado lo que el Estado dejó de garantizar.
La Ley Nacional de Identidad de Género (N.° 26.743)
reconoció en 2012 un derecho enorme: que cada persona pueda ser tratada según
su identidad autopercibida, y que el sistema de salud público, privado y de
obras sociales garantice de manera gratuita e integral el acceso a las hormonas
y a las cirugías que cada quien necesite. Pero un derecho escrito que no se
sostiene en la práctica cotidiana —en la provisión efectiva del medicamento, en
el turno que se consigue, en el trato digno en la consulta— es una ciudadanía a
medias. Es reconocimiento sin redistribución: el Estado te nombra
correctamente, pero no te garantiza los recursos materiales para vivir esa identidad
con salud y dignidad.
Este amparo es, en el fondo, una disputa por completar esa
ciudadanía. No se está pidiendo un favor ni una prestación extraordinaria: se
está exigiendo que el Estado cumpla con una ley que ya existe, que ya fue
votada, que ya es obligatoria. Cada vez que un colectivo trans lleva al Estado
a los tribunales para que cumpla su propia ley, se amplía un poco más el
terreno de lo que efectivamente se puede exigir como ciudadano o ciudadana, y
no solo como beneficiario de la buena voluntad de turno.
4. Nombrar el daño como daño de vida o muerte, no como capricho estético
Otra conquista de este proceso, que no es menor, es haber
logrado instalar —con historias clínicas, con testimonios, con el propio texto
de la demanda— que la interrupción de la hormonización no es una cuestión
estética ni un capricho, sino una amenaza directa a la vida. Los propios
amparistas lo dijeron con esas palabras: "no es una cuestión estética, no
es un capricho, es algo de vida o muerte". El regreso forzado de ciclos
menstruales en varones trans, la angustia, la depresión, la ideación suicida y
el fraccionamiento desesperado de las dosis para "estirar" el
tratamiento son consecuencias médicas y psicológicas documentadas, no
exageraciones.
Haber logrado plasmar esto en un expediente judicial,
respaldado por historias clínicas y por el testimonio directo de quienes lo
atraviesan, es un paso fundamental para correr el eje del debate: no se discute
si el Estado "tiene ganas" de ayudar, se discute si el Estado está
poniendo en riesgo la vida de doce personas —y de todo un colectivo— por una
decisión administrativa.
Segunda parte: cómo está respondiendo el sistema de salud del gobierno
Ahora que entendimos el valor de haber llegado hasta acá, es
necesario mirar con atención qué está diciendo el Estado provincial en su
defensa. El Ministerio de Salud Pública de Salta y la Fiscalía de Estado ya
presentaron sus respuestas al amparo. Vale la pena explicar cada argumento en
lenguaje simple, porque entender la estrategia del otro lado es parte de
sostener con fuerza la nuestra.
5. "No fuimos nosotros, fue Nación": la estrategia del deslinde
El primer argumento central del Ministerio de Salud
provincial es que la compra y distribución de los insumos de hormonización le
corresponde, según normativa nacional, al Ministerio de Salud de la Nación, y
que la falta de entrega se debe a que Nación dejó de enviar los insumos. Sobre
esa base, piden que se obligue a citar al Estado Nacional como parte del
juicio, antes de seguir adelante con el proceso.
Es importante entender qué hace este argumento, más allá de
si tiene o no asidero normativo. Traslada el centro de la responsabilidad hacia
una jurisdicción distinta (la federal), lo cual puede demorar los tiempos del
proceso, y le permite a la Provincia decir, en los hechos: "el problema no
lo generamos nosotros, no depende de nosotros resolverlo". Es un
movimiento que corre el cuerpo de la responsabilidad política y económica
directa hacia otro nivel de gobierno, mientras las personas siguen sin su
medicación en el presente.
Frente a esto, la respuesta jurídica que se está
construyendo sostiene algo central: en materia de salud, la responsabilidad del
Estado argentino es compartida entre Nación y provincias, y ninguna de las dos
partes puede escudarse en la otra para dejar de garantizar el derecho de manera
inmediata. Si Nación efectivamente redujo el envío de insumos, eso no libera a
la Provincia de su deber de conseguir esos medicamentos por otras vías mientras
se resuelve el conflicto de fondo entre los niveles de gobierno. La salud de
las personas no puede quedar rehén de una discusión presupuestaria entre Nación
y Provincia.
6. "No hace falta un equipo especial": el prejuicio de la
igualdad formal
El segundo argumento del Ministerio es que no corresponde
crear un equipo de salud específico para la atención de personas trans, porque
eso violaría las pautas de "racionalización de recursos humanos" del
Estado provincial. Sostienen que la atención debe darse a través de los
servicios ya existentes en cada hospital —endocrinología, ginecología, salud
mental— igual que para el resto de la población, y que crear un circuito
específico sería generar una estructura "privilegiada" o "paralela".
Aquí es donde conviene detenerse, porque este argumento
contiene un prejuicio que merece ser nombrado con claridad. Tratar como
"privilegio" la adecuación de un servicio de salud a las necesidades
específicas de un colectivo históricamente discriminado invierte el sentido de
la igualdad real. La igualdad no consiste en tratar a todo el mundo exactamente
igual sin importar su situación: consiste en dar a cada quien lo que necesita
para acceder efectivamente a sus derechos. Cuando el sistema "ordinario"
de salud —el mismo que se ofrece como alternativa suficiente— es, en los
hechos, el mismo lugar donde una persona recibe la noticia de que se le corta
la hormona en medio de un pasillo, a los gritos, o donde una médica le pregunta
a un paciente trans si "no quiere tener hijos" para después decirle
que "igual no iba a poder", ese sistema ordinario no es neutral: ya
está funcionando de manera excluyente.
Pedir un equipo capacitado y sensibilizado no es pedir un
privilegio. Es pedir que el Estado reconozca que la oferta "común" no
está funcionando para este colectivo, y que la responsabilidad de adaptarse es
del sistema de salud, no de las personas que tienen que adaptarse a un sistema
que las maltrata. Cuando el Estado dice "los tratamos igual que a
todos", en un contexto donde ese trato igual produce sistemáticamente
destrato, demoras y violencia institucional, esa igualdad formal termina siendo
una forma más de discriminación.
7. "No hubo negativa, hay un trámite en curso": la
burocratización de la urgencia
Sobre las cirugías de adenomastectomía, la posición del
Ministerio es que no existió una negativa: se dio inicio a un trámite
administrativo para gestionarlas en el Hospital Público Materno Infantil,
aunque condicionado a evaluaciones médicas previas.
Esta estrategia merece ser leída con atención, porque no
niega el derecho, pero lo diluye en el tiempo. Convierte lo que para las
personas amparistas es una necesidad urgente en un "expediente en
curso", algo que está siendo gestionado, sin plazos concretos ni
garantías. Es una forma de neutralizar el reclamo sin decir que no: se dice
"sí, pero después", y ese "después" puede no tener fecha.
Frente a esto, el reclamo judicial insiste en algo clave: la salud de las
personas no puede depender de la velocidad que la administración quiera darle a
un trámite. El tiempo administrativo y el tiempo de la vida de una persona no son
lo mismo.
8. "El amparo no corresponde, y menos la medida cautelar": el
prejuicio procesal
Finalmente, la Fiscalía de Estado sostuvo que el amparo —una
vía judicial pensada para casos urgentes y de ilegalidad manifiesta— no es el
camino adecuado, porque no habría arbitrariedad evidente, y que existen otros
trámites administrativos disponibles. También se opuso con fuerza a la medida
cautelar solicitada —que pedía el restablecimiento inmediato de la medicación
mientras dura el juicio— argumentando que otorgarla equivaldría a
"adelantar" la sentencia antes de tiempo, lo cual vulneraría el
derecho de defensa del Estado.
Este argumento, aunque está formulado en términos
estrictamente procesales, tiene un efecto muy concreto sobre los cuerpos:
mientras se discute si corresponde o no una medida urgente, las personas siguen
sin su medicación. La objeción del "adelanto de jurisdicción" es un
argumento clásico en la defensa de los Estados frente a reclamos de salud, pero
existe jurisprudencia consolidada de la Corte Suprema que sostiene exactamente
lo contrario: cuando está en juego la vida, la integridad física o la
continuidad de un tratamiento biológico imprescindible, la urgencia de proteger
ese derecho pesa más que la preocupación procesal por no anticipar el resultado
del juicio. No es un adelanto indebido: es una medida de protección frente a un
daño que, si se consuma, ya no tiene marcha atrás.
Tercera parte: lo que este proceso nos enseña
9. Los prejuicios no siempre gritan: a veces se visten de racionalidad
administrativa
Vale la pena que como organizaciones nos llevemos una
lectura clara de este momento: el prejuicio contra las personas trans, en el
terreno institucional, rara vez aparece como insulto explícito. Aparece
disfrazado de neutralidad presupuestaria, de racionalización de recursos, de
trámite en curso, de objeción procesal. Es un prejuicio que no dice "no me
importan las personas trans", sino "esto no corresponde según la
normativa de recursos humanos", o "esto excede el rol de esta jurisdicción".
El efecto sobre los cuerpos es exactamente el mismo, pero el lenguaje se vuelve
más difícil de señalar como discriminatorio, precisamente porque se presenta
como técnico y objetivo.
Por eso es tan importante el trabajo que venimos haciendo:
traducir ese lenguaje administrativo a lo que realmente produce en la vida
cotidiana. Cuando el Estado dice "racionalización de recursos",
nosotros y nosotras sabemos que eso significa turnos que no se consiguen,
consultas que duran cinco minutos, profesionales sin formación específica y
personas que terminan fraccionando su propia medicación en la casa para que
alcance. Nombrar esa distancia entre el lenguaje burocrático y la experiencia
real es parte del trabajo político que este amparo viene a visibilizar.
10. La empatía no reemplaza al presupuesto
Un aprendizaje que atraviesa todo este proceso, y que
conviene tener presente de cara a las próximas etapas: los gestos de cercanía,
las mesas de diálogo, las palabras de comprensión de parte de funcionarios y
funcionarias, son valiosos como puerta de entrada, pero no pueden ser el punto
de llegada. El Estado puede sostenerse mucho tiempo sobre la empatía cuando no
puede sostenerse sobre el presupuesto. Exigir respuestas estructurales
—provisión efectiva, equipo capacitado, protocolos de trato digno— puede generar
tensión con quienes ofrecen buena predisposición sin resolución concreta, pero
es exactamente esa tensión la que permite que los derechos dejen de depender de
la voluntad individual de quien esté de turno en un cargo, y empiecen a
depender de una obligación jurídica exigible.
11. Lo colectivo como estrategia y como cuidado
Por último, queremos subrayar algo que atraviesa todo este
proceso: litigar de manera colectiva no es solamente una estrategia jurídica
más eficaz. Es también una forma de cuidado comunitario. Permite que quienes no
pueden exponerse individualmente encuentren protección en el grupo, que la
experiencia de cada persona se sostenga en la experiencia de las demás, y que
el reclamo deje de depender de la exposición pública de un solo cuerpo.
Sostener esta causa como colectivo —con todas las tensiones internas que eso
implica entre organizaciones con historias, vínculos y posiciones distintas
frente al Estado— es en sí mismo un ejercicio de construcción de comunidad
política, más allá de lo que finalmente resuelva el juzgado.
Cierre: dónde estamos parados
Llegar hasta este punto —con el amparo admitido, con las
contestaciones del Estado sobre la mesa, con la medida cautelar en discusión—
es ya un logro que no debe minimizarse frente a la ansiedad legítima por una
sentencia definitiva. Cada respuesta del Estado, incluso cuando busca dilatar,
deslindar responsabilidad o diluir el reclamo en trámites, deja registrado por
escrito su posición, y eso mismo es lo que ahora se puede refutar con
argumentos jurídicos sólidos, con historias clínicas, con testimonios y con la
normativa que el propio Estado está obligado a cumplir.
La pelea sigue. Pero vale la pena, en este momento del
proceso, reconocer con claridad lo que ya conseguimos: sacar el reclamo del
pasillo de un centro de salud y ponerlo en un expediente judicial que el Estado
no puede ignorar.
Nos vamos a convocar para evaluar en comunidad, como
continuamos.
En el ensayo "Estéticas de la trinchera", Fernando Pequeño Ragone analiza la Marcha del Orgullo de invierno de 2026 en Salta como un acto de resistencia política ante el repliegue del Estado neoliberal. Ubicado en el Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón, el autor explora cómo los cuerpos disidentes construyen una infraestructura afectiva de supervivencia en un contexto de desabastecimiento sanitario y precarización laboral.
A través de una mirada etnográfica, el texto destaca que la ausencia de proclamas políticas tradicionales es suplida por el baile, el vestuario y el fuego, elementos que funcionan como tecnologías de resistencia tan legítimas como el panfleto. El autor emplea la noción bajtiniana de cultura carnavalesca para describir cómo el vogue, el transformismo y la cumbia-RKT instauran un "segundo mundo" que suspende las jerarquías oficiales y la intemperie institucional. En definitiva, el ensayo propone que la juventud salteña ha transformado el asfalto en una pasarela de soberanía identitaria, donde el goce popular y el cuidado colectivo se erigen como la respuesta política más sofisticada frente a la crisis actual.
Estéticas de la trinchera
El cuerpo queer como refugio en la Salta neoliberal
Notas etnográficas sobre la Marcha del
Orgullo de invierno, Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón, Salta, 2026
¡Compañeras,
compañeros, compañeres, qué orgullo enorme es vernos acá, aguantando el frío de
este invierno salteño en nuestro querido Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón!. No
estamos acá por casualidad ni por capricho; estamos acá porque esta marcha de
invierno es nuestro termómetro de resistencia, el lugar donde nos encontramos
para debatir y plantarnos frente a la intemperie que nos quieren imponer.
Sabemos muy
bien que estamos viviendo tiempos difíciles donde el Estado se retira y nos
deja a gamba: lo sentimos en la falta de reactivos para la detección del VIH,
en los palos que le ponen a nuestras hormonizaciones y cirugías, y en cómo nos
precarizan el cupo laboral. Esa violencia no es un papel escrito, es algo que
se nos mete en el cuerpo, pero ante ese desamparo tenemos una elección clara: o
nos quedamos solos o armamos esta respuesta colectiva.
A los que dicen
que nos falta el documento o la proclama política tradicional, les respondemos
con nuestro baile, nuestro vestuario y nuestro fuego. Porque nuestro goce y
nuestra alegría son tecnologías de lucha tan válidas como cualquier documento
político. Acá, en este anfiteatro, estamos fundando un "segundo
mundo", un territorio de libertad donde por unas horas mandamos nosotres
con nuestra risa y nuestra soberanía del cuerpo.
Miren lo que
logramos hoy: borramos el límite del escenario con esta bandera gigante y
transformamos el cemento gris en una pasarela donde nuestras identidades
marginadas brillan con luz propia. En esta Salta que a veces se pone tan
conservadora, ocupar este espacio público con nuestras estéticas trans y drag
es un acto de rebeldía pura, porque rompe con ese mandato de que tenemos que
vivir escondidos o solo de noche.
Cuando
escuchamos "El Show debe conitnuar" o cuando nuestras artistas drag
dan vuelta las canciones de siempre para cantarlas con nuestro sentimiento,
estamos usando la música como una armadura de orgullo contra la hostilidad. Y
cuando bajamos al suelo con el vogue, con cada caída y cada pose, estamos
desobedeciendo esa postura rígida que la sociedad nos quiere imponer; estamos
tomando el suelo para decir que este espacio también es nuestro.
Ese círculo de
fuego que armamos no es solo para la foto; es nuestro ritual de cuidado, es la
tribu que se junta en el asfalto para protegerse del frío institucional. Y
cuando suena el RKT y la cumbia, estamos gritando que nuestro orgullo también
es de barrio, es marika-trava-villero y que no necesitamos pedir permiso para
ocupar el centro.
Compañeres,
aunque no haya un documento escrito, nuestra política está en cada abrazo y en
cada coreografía, porque el repertorio de nuestros cuerpos es lo que mantiene
viva nuestra memoria. Donde el Estado nos da la espalda, nosotres ponemos el
hombro y el afecto como nuestra infraestructura para sobrevivir. ¡Sigamos
bailando y luchando, porque para nosotres, el show no solo continúa, el show es
nuestra resistencia!.
Segmentos del show. Anfiteatro Cuchi Legizamón
1. Problematización: pensar el cuerpo disidente cuando el Estado se retira
Escribo estas páginas desde el lugar de quien observa —y se deja afectar—
por casi un cuarto de siglo de marchas del orgullo en la capital salteña. En
2026, como en años anteriores, la militancia local desdobló el calendario en
dos convocatorias: una marcha de invierno, celebrada a fines de junio en
sincronía con el calendario internacional que conmemora los disturbios de
Stonewall, y una marcha de verano, hacia fines de año, heredera de la tradición
porteña y pensada para la convocatoria masiva al aire libre. Esta duplicación
no es un capricho de agenda: en una provincia geográficamente extensa y de
arraigo conservador persistente, la versión invernal funciona como termómetro
de resistencia y debate político frente a la intemperie institucional, mientras
que la estival descentraliza la protesta y permite que las delegaciones del
interior converjan en la capital. Es sobre la jornada de invierno de 2026,
registrada en el Anfiteatro “Cuchi” Leguizamón del Parque San Martín, que
construyo este ensayo.
Mi primer impulso analítico, al sentarme frente al registro audiovisual
de esa noche, fue de cuño marxista y existencialista. Si las condiciones
materiales de existencia determinan, en última instancia, la conciencia social
(Marx, 1859/2008), entonces el repliegue del Estado de bienestar —el
desabastecimiento de medicación para el VIH, la retracción en la provisión de
insumos para la detección de carga viral, la quita de fondos para hormonización
y cirugías de reasignación, la precarización del cupo laboral trans— no es una
abstracción de política pública: es una violencia material que se inscribe
directamente sobre los cuerpos. Cruzando esa premisa con la libertad situada de
Jean-Paul Sartre (1943/2004), para quien el sujeto está “condenado a ser libre”
y a definirse mediante elecciones concretas en circunstancias históricas que no
eligió, entendí el desamparo institucional como una bifurcación existencial:
atomización individualista o respuesta colectiva. No abandono esa lectura
estructural a lo largo de este texto. Pero me propongo, deliberadamente, no
detenerme allí.
Existe una tentación teórica —que reconozco en ciertas relecturas
pesimistas de Antonio Gramsci (1975) sobre la hegemonía cultural y en el
diagnóstico de Mark Fisher (2009/2016) acerca del “realismo capitalista”— de
asumir que la subsunción del deseo bajo la lógica del mercado clausura todo
horizonte emancipatorio, que la batalla cultural ya está perdida de antemano.
Frente al escenario del Anfiteatro Cuchi Leguizamón, esa lectura se revela
insuficiente. No encontré allí los documentos políticos leídos en voz alta, ni
la denuncia explícita en formato de proclama partidaria que el imaginario
militante clásico esperaría. Encontré, en cambio, baile, vestuario, canto y
fuego. Y sostengo que ese hallazgo exige ampliar el marco: pensar la hegemonía
no como bloque monolítico sino, con el propio Gramsci, como proceso en
permanente disputa, y leer la corporalidad, la música y la reapropiación del
espacio público como tecnologías de resistencia tan legítimas como el panfleto.
Esta ampliación encuentra su llave teórica más productiva en Mijaíl
Bajtín (1965/1987) y su noción de cultura popular carnavalesca. Para Bajtín, la
fiesta medieval no era evasión pasiva de la opresión feudal y eclesiástica,
sino la instauración temporaria de un “segundo mundo” regido por la inversión
utópica de las jerarquías oficiales. Sostengo, a lo largo de este ensayo, que
el Anfiteatro Cuchi Leguizamón reactiva esa tecnología medieval bajo clave
queer y contemporánea: frente al frío invierno neoliberal, el espacio de la
fiesta suspende momentáneamente las leyes del mercado y la intemperie
institucional para fundar, por unas horas, un territorio regido por el exceso,
la risa plebeya y la soberanía del cuerpo. Lo sagrado del poder oficial —la
solemnidad, la binariedad, el silencio impuesto sobre el deseo disidente— es
profanado mediante el perreo, el vogue y el transformismo. La fiesta no es el
olvido de la crisis: es, como intentaré mostrar en cada escena descrita a
continuación, un ensayo general de libertad, un laboratorio donde los cuerpos
precarizados construyen, colectivamente, una infraestructura afectiva de
supervivencia.
La diferencia generacional entre quien escribe y quienes protagonizan
estas escenas —jóvenes veinteañeros que habitan la espacialidad resistente de
la noche invernal— aparece, en un primer momento, como un abismo biográfico. Me
propongo convertir ese abismo en puente analítico y afectivo. La pregunta que
organiza mi mirada no es si esta juventud podrá, algún día, articular una
respuesta reflexiva y políticamente lúcida ante el vaciamiento sanitario, la
discriminación laboral solapada y la reactivación de las lógicas
disciplinadoras policiales —esa pregunta institucional sigue abierta y no debo
obturarla—, sino qué formas de resistencia están ya ensayando, aquí y ahora, en
las fisuras del capitalismo tardío y la cultura globalizada, allí donde el
mandato individualista del mercado intenta, una y otra vez, fagocitar la
solidaridad para devolverla convertida en oferta mercantil o en métrica de
rédito personal.
2. Nota sobre la posición de observación
Las escenas que describo a continuación provienen de un registro
audiovisual fragmentario —nueve fragmentos de video tomados sobre el escenario
y las gradas del anfiteatro— que reconstruyo aquí en clave narrativa,
respetando su orden de aparición pero tejiéndolos con las categorías teóricas
que fueron emergiendo del propio corpus. Mi posición es la de un observador
situado, que llega con un marco previo (materialismo histórico,
existencialismo, teoría de la hegemonía) y que ese mismo marco se ve tensionado,
ampliado y en parte reescrito por lo que efectivamente ve y escucha. Este
ejercicio etnográfico no pretende exhaustividad sociológica; pretende
inteligibilidad: volver legible, para un lector que no comparte necesariamente
el código generacional o musical de estas escenas, la densidad política que las
atraviesa.
3. El anfiteatro como ágora: cuerpo, espacio y comunidad
El Anfiteatro Cuchi Leguizamón fue diseñado, como todo anfiteatro, con
gradas semicirculares que miran hacia un punto bajo central: una arquitectura
pensada para separar a quien actúa de quien observa. Esa noche de invierno, sin
embargo, la disposición tradicional se resignifica. Una inmensa bandera del
orgullo, desplegada sobre el suelo del escenario, borra el límite físico entre
el cemento gris del proscenio y las gradas; la convocatoria desde el micrófono
invita a las drags y a los colectivos de ballroom a armar una pasarela
improvisada, y el centro deja de estar reservado a una autoridad para volverse
superficie de exhibición libre de las identidades marginadas. El público
—mayoritariamente joven— no permanece rígidamente sentado: la masa humana se
comprime en las gradas bajas y en los laterales, muchos se sientan directamente
en el suelo o en los bordes del escenario, y esa informalidad corporal denota
confianza, comunidad, la certeza compartida de estar en un “espacio seguro”.
Los celulares encendidos que capturan cada instante, los aplausos comunitarios
y el abrigo compartido —propio de la marcha de invierno— construyen una
corporalidad atenta y protectora, cuerpos que se apoyan entre sí y que habitan
lo colectivo desde la horizontalidad.
En un territorio como el de Salta, en el Noroeste argentino, de fuertes
raíces conservadoras y tradicionales, esta ocupación del espacio público
municipal por parte de estéticas trans, drag y no binarias constituye, en sí
misma, un acto de resistencia política: rompe con el mandato del secreto y de
la nocturnidad al que estas identidades fueron históricamente confinadas.
Incluso los anuncios más domésticos —buscar un celular perdido, coordinar el
regreso a casa— se integran con naturalidad e ironía queer al relato de la
jornada, y revelan que la fiesta, el baile y la organización comunitaria
funcionan, en Salta, como herramientas de una red de apoyo mutuo que sostiene
la diversidad durante todo el año, no solo la noche de la marcha.
4. La voz que resiste: del himno pop a la balada íntima
Sobre ese escenario circular, una artista interpreta en vivo “The Show
Must Go On” (El show debe continuar), de Queen, un clásico grabado por Freddie
Mercury en sus últimos meses de vida cuya elección no es meramente estética:
evoca de manera intrínseca la resiliencia comunitaria históricamente vinculada
a las luchas contra los estigmas sanitarios y sociales hacia el colectivo
LGBT+. En el clímax del tema, la letra funciona como metáfora perfecta de la
marcha misma: el maquillaje que se resquebraja y la sonrisa que, aun así,
permanece, se resignifican no como ocultamiento sino como armadura de orgullo
frente a la hostilidad. Vestida con un traje rojo monocromático de corte
sastrero —una silueta formal reapropiada con giro queer, muy alineada con la
moda joven urbana—, la intérprete domina el semicírculo central descalza,
ganando proximidad física con un público que corea en silencio respetuoso los
agudos de la canción para luego estallar en aplausos. Ese gesto colectivo
revela una sensibilidad que no consume el pop retro como nostalgia sino como
herramienta viva para habitar el presente con fuerza e identidad.
El registro se desplaza, en otro momento de la noche, hacia un lugar
radicalmente más íntimo: una dupla con guitarra interpreta una pieza de pop
acústico e indie de autor, con una lírica de la cotidianidad y el deseo directo
—una declaración de atracción sin metáforas complejas, cantada a “nena” de
manera acústica, suave y melódica frente a la multitud—. Cantarle así, en
público, a otra mujer despoja a la canción de la grandilocuencia del pop
comercial y la transforma en una declaración íntima compartida. Que esa balada
de amor sáfico se interprete en un escenario municipal que lleva el nombre de
un prócer cultural local es, sostengo, una declaración de soberanía cultural:
nuestras historias de amor también forman parte del patrimonio y del aire de
Salta. La respuesta del público —escucha atenta, luces de celulares que
reemplazan a las banderas de agitación— construye una atmósfera de validación
mutua que demuestra que la resistencia joven no se ejerce solo desde la
protesta enérgica, sino también desde la legitimación pública de la
vulnerabilidad.
5. Justicia poética: la subversión drag del cancionero nacional
Uno de los gestos más elocuentes de la jornada es la reapropiación de
clásicos del cancionero popular argentino —rock nacional, folklore, pop
tradicional de décadas pasadas— grabados originalmente bajo ópticas
heteronormativas o melancólicas. Al pasar por la voz y el cuerpo de la juventud
LGBT+ local, esas palabras mutan de enunciación: la entonación abandona la
solemnidad del intérprete tradicional para buscar la complicidad de una masa
que corea los versos como un grito de supervivencia, y la métrica original se
tensiona con cadencias contemporáneas que la despojan de su estatus de pieza de
museo. El contraste con la puesta en escena original es elocuente: donde el
contexto de origen ofrecía vestuarios solemnes y posturas estáticas frente a un
micrófono, diseñadas para una audiencia pasiva en butacas de teatros cerrados,
la nueva interpretación despliega estética drag y sin género —corsetería
expuesta, maquillaje disruptivo, plataformas caóticas— sobre un anfiteatro
teñido de banderas del arcoíris, con el cemento del suelo del anfiteatro como
pasarela y una masa humana que interrumpe constantemente los límites del
escenario.
En una provincia donde la música tradicional operó muchas veces como
cerco cultural excluyente, esta intervención no rechaza la identidad nacional:
la ensancha. Cantar la memoria musical del país bajo términos, trajes y
pasiones propias es, en el marco de la marcha de invierno, una forma de ocupar
el centro simbólico del anfiteatro sin pedir permiso.
6. La coreografía como manifiesto: vogue, waacking y la caída al suelo
La dimensión más técnicamente codificada de la noche aparece cuando la
música electrónica de nicho —bases aceleradas de vogue beat, con un
comentarista que anima el ritmo repitiendo la palabra “madre”, elogio
contemporáneo en la jerga pop y queer local— organiza una batalla de baile
sobre el escenario. Los movimientos no son aleatorios: pertenecen formalmente
al vocabulario del vogue fem —bajadas y caídas (dips y drops),
caídas dramáticas al suelo con una pierna doblada, exhibición de destreza y
control corporal absoluto sincronizado al golpe del beat—, y a los
desplazamientos de pasarela (catwalk) que imitan, con flexión de rodillas, una
pasarela de alta costura. Nacida en las comunidades afroamericanas y latinas
LGBTQ+ de Nueva York en las ballrooms de los años setenta y ochenta, esta
cultura fue, desde su origen, un espacio de resistencia, refugio y celebración
de la identidad para jóvenes históricamente expulsados de sus hogares (Bailey,
2013). Que esa tecnología corporal migre al asfalto salteño, mezclada con la
jerga local, muestra cómo la juventud fusiona tendencias globales con códigos
identitarios propios.
En otro fragmento, sobre una base de tribal house y percusiones
sincopadas, el lenguaje dancístico se ancla en el golpeo (waacking) y en la
ocupación deliberada del suelo (groundwork): los bailarines pierden la
verticalidad de manera controlada, se disocian en flexiones de rodillas y
quiebres de cadera que reapropian una sensualidad históricamente censurada en
las identidades disidentes del norte argentino, y cortan el aire con gestos de
manos que enmarcan el rostro y proyectan altanería. Leído junto con la noción
de performatividad de Judith Butler (1990/2007, 1993/2002) —para quien el
género no es una esencia sino una repetición estilizada de actos corporales
que, en su reiteración misma, puede subvertir la norma que la produce—, este
vogue salteño no representa una identidad ya dada: la produce, en tiempo real,
ante un público que la ratifica con cada aplauso. “tomar el suelo” en un
espacio público e institucional como un anfiteatro municipal implica
desobediencia: desarma la postura rígida y formal del cuerpo ciudadano
tradicional para habitar el espacio desde una libertad plástica y visceral.
7. El círculo de fuego: ritual, trance y comunidad de cuidado
Hacia el tramo más ritual de la noche, el elemento ígneo irrumpe como eje
del movimiento. Sobre una base de tribal house con percusiones pesadas y
repetitivas que emulan tambores ancestrales, quienes bailan incorporan
antorchas encendidas como extensión viva de sus extremidades: cada giro de
torso, cada flexión de rodillas, cada quiebre de cadera se ejecuta calculando
la velocidad del viento y la distancia de las llamas respecto de la piel y el
cabello. En la penumbra invernal, la estela lumínica del fuego acentúa las
trayectorias de la danza y la gestualidad oscila entre el trance devocional y
la actitud desafiante de las danzas urbanas: el cuerpo expuesto al peligro
simbólico del fuego se convierte en metáfora de la carne que resiste y brilla
en la hostilidad.
Lo que más me interesa retener de esta escena, sin embargo, no es el
riesgo individual sino la disposición del público que la rodea: una multitud
organizada de forma concéntrica alrededor del fuego y los bailarines, un
círculo tribal moderno donde no existe la distancia pasiva del teatro. El grupo
que contempla cumple una función dual —barrera protectora de contención
afectiva ante el exterior, y dinamizador energético del show mediante gritos,
aplausos y arengas coordinadas con el ritmo—. En el marco de la cultura joven
argentina actual, este círculo representa un retorno a los rituales
comunitarios de protección mutua: ante la intemperie social y la pérdida de
redes institucionales, la juventud salteña recrea la tribu en el asfalto, y
encuentra en el calor de la fogata urbana y el baile compartido un refugio
político de supervivencia. Es aquí donde la lectura bajtiniana se vuelve más
literal: el círculo de fuego es, casi en sentido propio, la instauración
temporal de ese “segundo mundo” carnavalesco que suspende, por unas horas, las
jerarquías y el desamparo del afuera.
8. Del ballroom al barrio: la cumbia-RKT como democratización del goce
El quiebre estético más significativo de la jornada ocurre cuando la
música abandona los patrones rígidos del techno y el house globales para
abrazar las cadencias del RKT, el turreo y la cumbia urbana: las bandas sonoras
cotidianas de los barrios populares argentinos. Introducir esta variación en el
escenario del orgullo es un posicionamiento político rotundo de las identidades
marika-trava-villeras y maricas de sectores populares: dice que la disidencia
no pertenece solo a las estéticas estilizadas e importadas de las capitales
globales, sino que late al ritmo del asfalto local. Con el cambio de género, la
corporalidad muta de inmediato: los movimientos estilizados y lineales del
vogue —brazos rectos, poses de alta costura— ceden paso al perreo, el muelleo y
el quiebre de cadera bajo, con el centro de gravedad descendiendo drásticamente
hacia el suelo, y a gestualidades tomadas de las batallas de freestyle
callejero: señas desafiantes, movimientos de hombros entrecortados, complicidad
pícara con el público. El vestuario acompaña ese giro —zapatillas y ropa
deportiva combinadas con transparencias y accesorios de alto impacto— y
subvierte las lógicas de la indumentaria de calle, asociada muchas veces por el
sentido común conservador a la marginalidad, transformándola en prenda de alta
costura disidente. En la Salta actual, calle y escenario se han vuelto, en esa
escena, el mismo lugar de resistencia.
9. La banda sonora de la emancipación: tres dimensiones de un mismo pulso
Si reordeno el paisaje sonoro que atravesó la noche, emergen con claridad
tres grandes dimensiones que dialogan entre lo global, lo ritual y lo barrial.
La primera es la música de club y la cultura ballroom —el vogue beat—, nacida
en los márgenes neoyorquinos de los años setenta y ochenta, creada por y para
personas trans y queer, que democratizó el concepto de alta costura y pasarela
permitiendo que jóvenes precarizados simularan, en el baile, el éxito y el
poder que la sociedad les negaba (Bailey, 2013). La segunda es la electrónica
experimental y el tribal house, que despoja a la música de club de su frialdad
industrial para inyectarle percusiones que emulan tambores ancestrales y que
convocan, precisamente, al círculo de protección que describí en torno al
fuego. La tercera es el RKT, el turreo y la cumbia urbana, el giro definitivo
que ancla la disidencia sexual en el ritmo de la calle y demuestra que el
orgullo no es un producto estético importado para minorías privilegiadas, sino
una realidad que se vive y se baila en el asfalto periférico. Estas tres
dimensiones no compiten: se suceden y se superponen a lo largo de una misma
noche, como capas de un mismo pulso emancipatorio que va del linaje global de
la ballroom al arraigo local de la cumbia, pasando por el trance ritual del
tribal.
10. Discusión: la disputa hegemónica más allá de la proclama
Vuelvo, para cerrar, a la tensión que organizó mi problematización
inicial. La ausencia de una proclama política tradicional de formato partidario
o discursivo no equivale a la ausencia de política. Lo que observé en el
Anfiteatro Cuchi Leguizamón fue una praxis corporal, estética y comunitaria que
disputa el sentido del dolor y el aislamiento desde el goce popular: el cuerpo
que baila, se viste y se abraza no evade la realidad, ensaya una
infraestructura afectiva de supervivencia allí donde el Estado ha decidido
retirarse. Diana Taylor (2003) distingue entre el archivo —los documentos, las
actas, las proclamas escritas que sobreviven al evento— y el repertorio —el
conocimiento incorporado que se transmite en la performance misma, en el gesto,
en el baile que no deja rastro documental pero que se repite y se enseña de
cuerpo a cuerpo—. Gran parte de lo que sostiene, en Salta, la memoria y la
continuidad de la disidencia sexual pertenece a ese repertorio, y por eso
resulta invisible para una lectura que solo busca panfletos.
Esto no clausura la urgencia de la dimensión institucional que abrí en la
introducción: el desabastecimiento sanitario, la precarización laboral, la
reactivación de las lógicas disciplinadoras policiales siguen siendo, para esta
comunidad, amenazas concretas y materiales, en el sentido más marxista del
término. Pero sostengo que la urgencia institucional no debe obturar la
visibilidad de estas micro-políticas que emergen en las fisuras del capitalismo
tardío. La hegemonía, decía Gramsci (1975), se disputa; y esa disputa no ocurre
solo en el parlamento o en el sindicato, sino también —y quizás sobre todo,
para esta generación— en el anfiteatro, en el círculo de fuego, en el perreo
que democratiza la pista de baile. La lectura pesimista del “realismo
capitalista” (Fisher, 2009/2016), que asume clausurado todo horizonte de
emancipación bajo la lógica del mercado, no logra explicar por qué estos
cuerpos, precisamente los más precarizados por ese mismo mercado, insisten en
reunirse, cantar, bailar y cuidarse colectivamente cada invierno.
11. Conclusión: el show continúa
Las expresiones artísticas juveniles registradas en la Marcha del Orgullo
de invierno de Salta 2026 configuran una gramática de resistencia cultural
sofisticada frente al desmantelamiento de los lazos del Estado de bienestar. En
un contexto de retracción de las políticas públicas de cuidado, la comunidad
LGBT+ de Salta capital en el Noroeste argentino se repliega y se organiza sobre
el espacio público, transformando el Anfiteatro Cuchi Leguizamón en un
laboratorio de soberanía identitaria. Tres dimensiones atraviesan ese
laboratorio: la trinchera bailable —el vogue y las caídas al suelo como
lenguaje corporal que disputa la verticalidad ciudadana y procesa el desamparo
socioeconómico—; el refugio acústico —la canción de autor sáfica que recupera
el derecho a la ternura colectiva—; y la justicia poética —la subversión drag
de los himnos populares argentinos, que ensancha en lugar de rechazar la
memoria nacional—. Donde el Estado se retira, la juventud precarizada erige el
asfalto como pasarela y el afecto comunitario como infraestructura de
supervivencia. No hallé, esa noche, la proclama que esperaba encontrar.
Encontré algo que, sostengo, la excede: el show no solo continúa, se vuelve
resistencia.
Referencias
Bailey,
M. M. (2013). Reinas masculinas con tacones: Género, performance y cultura
ballroom en Detroit. (Butch queens up in pumps: Gender, performance, and ballroom culture in
Detroit). University of Michigan
Press.
Bajtín,
M. (1987). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El
contexto de François Rabelais (J. Forcat & C. Conroy, Trads.). Alianza
Editorial. (Obra original publicada en 1965).
Butler,
J. (2002). Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del
“sexo” (A. Bixio, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1993).
Butler,
J. (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad
(M. A. Muñoz, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1990).
Fisher,
M. (2016). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? (C. Fernández Gómez,
Trad.). Caja Negra. (Obra original publicada en 2009).
Gramsci,
A. (1975). Cuadernos de la cárcel (Ed. crítica del Instituto Gramsci, a cargo
de V. Gerratana). Einaudi.
Marx, K.
(2008). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI. (Obra
original publicada en 1859).
Sartre,
J.-P. (2004). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica (J. Valmar,
Trad.). Losada. (Obra original publicada en 1943).
Taylor,
D. (2003). El archivo y el repertorio: La representación de la memoria cultural
en las Américas. (The archive and the repertoire: Performing cultural memory
in the Americas). Duke University Press.
En el marco del Día Internacional del Orgullo, la Usina Cultural de Salta fue sede de un conversatorio organizado por la Subsecretaría de Mujeres, Género y Diversidad, que reunió a activistas, profesionales, deportistas y funcionarias en torno a una pregunta central: qué significa vivir y trabajar siendo quien se es. A lo largo de tres rondas de conversación —arte y trabajo, deporte y bienestar, salud y validación— circularon testimonios que fueron desde la gestión cultural hasta la medicina, pasando por el fútbol femenino y el yoga. La jornada, abierta por la subsecretaria Julieta Valencia, incluyó también la voz urgente de la activista Pía Ceballos y cerró con la palabra del Estado presente. Mientras tanto, en una pizarra del salón, el público fue construyendo con post-its un mural colectivo de pertenencia, autenticidad y bienestar. Una crónica sobre identidad, comunidad y derechos, contada por sus propios protagonistas.
DÍA
INTERNACIONAL DEL ORGULLO · SALTA 2026
Voces del Orgullo
Crónica de un conversatorio sobre
identidad, trabajo y comunidad en la Usina Cultural de Salta
Una
cita con la memoria y el presente
El 29 de junio, en el marco del Día Internacional del Orgullo, la Usina
Cultural de Salta abrió sus puertas para alojar un conversatorio pensado como
espacio de encuentro, celebración y reflexión colectiva. La actividad fue
organizada por la Subsecretaría de Mujeres, Género y Diversidad del Gobierno de
la Provincia de Salta, y reunió a activistas, profesionales, deportistas,
artistas y funcionarias en torno a una pregunta que atravesó toda la jornada:
qué significa, en Salta, poder vivir y trabajar siendo quien se es.
La dinámica del encuentro se organizó en tres rondas de conversación
sucesivas, cada una con sus propios interlocutores y su propio eje temático,
hilvanadas por una apertura institucional y un cierre de autoridades. A esto se
sumó una propuesta participativa: en un costado del salón se dispuso una
pizarra para que quienes asistían escribieran, en post-its, sus sentimientos y
reflexiones sobre lo escuchado, conformando así un mural colectivo que fue
creciendo a medida que avanzaba la tarde. La invitación, repetida al cierre de
cada bloque, fue clara: que la palabra no quedara solo en el panel, sino que
también tomara forma en las manos de quienes escuchaban.
Los objetivos del
encuentro
Detrás de la organización del conversatorio se identifican cuatro
objetivos centrales, que funcionaron como columna vertebral de las tres rondas:
En primer lugar, el fortalecimiento de los derechos humanos de la
comunidad LGBTIQ+, articulado alrededor de cuatro ejes que se repitieron como
una trama a lo largo de la jornada: validación, pertenencia, autenticidad y
bienestar. En segundo lugar, la visibilización y el apoyo a quienes atraviesan
sus propios procesos de asunción de identidad, mostrando que es posible
construir una vida en libertad en la provincia. En tercer lugar, un análisis
específico del ámbito laboral: cómo reciben las organizaciones a la diversidad
y qué se necesita para construir espacios de trabajo donde cada persona pueda
ser auténtica sin barreras. Y, por último, la reivindicación del arte y el
transformismo como trabajo, recuperando su lugar histórico como uno de los
primeros refugios laborales de la comunidad.
La apertura: la palabra de
Julieta Valencia
La jornada comenzó con las palabras de la Lic. Julieta Valencia,
Subsecretaria de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia de Salta y
principal autoridad del evento. En su apertura, Valencia reconoció el contexto
adverso a nivel nacional, donde —dijo— se han "cerrado muchas
puertas" a las políticas de diversidad, pero remarcó que el gobierno
provincial sostiene su compromiso con la comunidad bajo una premisa que
funcionó como epígrafe de toda la tarde:
"La identidad es parte de lo que nos hace
feliz."
La subsecretaria compartió también su propio proceso de aprendizaje y de
ruptura con estructuras familiares heredadas, en un gesto que buscó acortar la
distancia entre la autoridad y el público. Cerró su intervención con una
invitación a la acción: no bajar las banderas y sostener la participación
activa como forma de marcar la diferencia, tanto puertas adentro del Estado
como en la vida cotidiana.
Primera
ronda: arte, trabajo y dignidad
El primer bloque del conversatorio giró en torno a los ejes de
pertenencia y autenticidad aplicados al mundo laboral y a la producción
cultural, con la mirada puesta en una pregunta compartida por ambos
interlocutores: qué precio se paga, o se dejó de pagar, por sostener la
identidad en los espacios de trabajo.
Pablo
Ezequiel Bondanas: arte, resistencia y gestión cultural
Pablo Ezequiel Bondanas, director general del Distrito Cultural Dino
Saluzzi, administrador de empresas, productor de televisión —creador del primer
reality drag de Argentina, Juego de Reinas— y artista drag, compartió su
experiencia de haber gestado ese proyecto desde una Salta que describió como
conservadora y atravesada por estructuras eclesiásticas.
Bondanas planteó que el arte funcionó históricamente como refugio:
explicó que, desde la infancia, muchas personas de la comunidad han tenido que
"ser artistas" para sobrevivir, inventando historias y estrategias de
pertenencia frente a un entorno hostil. En ese recorrido, reconoció una deuda
con la comunidad trans, subrayando que buena parte de los derechos de los que
hoy goza la comunidad LGBTIQ+ se debe a la lucha histórica de las mujeres
trans, las primeras en poner el cuerpo en las calles cuando nadie más lo hacía.
Su intervención culminó con una frase que resumió el espíritu de la
ronda, vinculando identidad y dignidad laboral:
"No hay trabajo digno si para marcar tarjeta tenemos
que dejar nuestra identidad en la puerta."
Dra.
Celina Caro: recursos humanos y sector corporativo
La Dra. Celina Caro, abogada especialista en Recursos Humanos y
relaciones laborales, con trayectoria como gerente en empresas del sector
privado y como exsecretaria de Estado del Ministerio de Salud Pública, aportó
una mirada desde la gestión corporativa y estatal.
Caro describió una evolución del mercado laboral: del tabú y la
prohibición tácita de otras épocas a una visión actual donde el respeto por la
diversidad incide directamente en el clima laboral y en la productividad de las
organizaciones. Sostuvo que en los procesos de selección modernos prevalece el
criterio del talento y las habilidades —la capacidad "multitarea"—
por sobre cualquier juicio de valor sobre la identidad de quien se postula.
Como ejemplo de responsabilidad social empresaria, mencionó a multinacionales
como Coca-Cola y Mercado Libre, cuyas políticas de inclusión, señaló, se
traducen también en mejores resultados económicos.
Cierre
de la primera ronda: el mural de pertenencia y trabajo
Al finalizar este bloque, se retomó la dinámica participativa propuesta
para toda la jornada: se invitó a los asistentes a escribir en post-its sus
sentimientos y reflexiones sobre lo escuchado, para pegarlos en la pizarra
dispuesta en el salón y así construir un mural colectivo, esta vez centrado en
los conceptos de pertenencia y trabajo.
Segunda
ronda: voces del deporte y el bienestar
El segundo bloque, presentado bajo el nombre "Voces del
Orgullo", reunió a tres interlocutores para pensar el deporte y el
bienestar como herramientas de transformación social, con un eje compartido: la
construcción de pertenencia y autenticidad a través del cuerpo y del
movimiento.
Jorge
Liquin: el Club Medusa y la pertenencia más allá del resultado
Jorge Liquin, de 44 años, Presidente del club deportivo diverso Medusa,
centró su discurso en la necesidad de pertenencia por encima de los resultados
competitivos. Relató que el club nació al advertir que muchas personas de la
diversidad querían practicar deporte, pero encontraban espacios atravesados por
el miedo, el prejuicio y la exclusión, especialmente en vestuarios y canchas.
Para Liquin, el mayor logro de Medusa no son las medallas, sino ver a las
personas recuperar la confianza en sí mismas, construir amistades y formar
comunidad. Celebró además que instituciones y empresas, como el Banco Macro,
acompañen hoy el proyecto, lo que —sostuvo— envía un mensaje claro:
"La diversidad ya no pide permiso para
participar."
Anunció, como cierre de su intervención, la cuarta edición del torneo
nacional "De la cancha de todes", prevista para el mes de octubre.
Belén
Morelli: fútbol femenino y contención social
Belén Morelli, referente del fútbol femenino, directora técnica y
coordinadora del departamento de fútbol femenino de la Liga Salteña, relató una
trayectoria de lucha contra los estereotipos en un ambiente históricamente
masculinizado. Recordó que en 1981 no existían escuelas para niñas y que jugar
al fútbol era motivo de estigmatización —la palabra "marimacho"
perseguía a quienes lo intentaban—, describiendo el paso de un fútbol de barrio
jugado "a escondidas por las mujeres" al fútbol federado que hoy se
practica en el Club Central Norte.
Morelli definió su trabajo como algo que excede lo estrictamente
deportivo: actúa como sostén ante situaciones críticas de las jugadoras
—abusos, violencia intrafamiliar, hambre, dudas sobre la identidad de género—,
trabajando en red con la Subsecretaría de Género. Celebró el crecimiento de la
liga, que hoy cuenta con categorías desde los 5 años hasta la primera división,
con padres que acompañan a sus hijas, rompiendo un miedo que llevaba décadas
instalado.
Mencionó también reconocimientos a su labor, documentada por cineastas
franceses y distinguida como una de las ocho mujeres destacadas de la provincia
de Salta. Sin embargo, no ocultó la dureza del camino: admitió que muchas veces
le dieron la espalda —"no hay plata, no hay trofeos"—, aunque destacó
el apoyo de figuras clave como Sergio Chiván, presidente de la Liga Salteña, y
subrayó que su éxito se apoya en la visibilización y en no bajar los brazos
frente al egoísmo del ambiente.
Lena
Mancilla Muñoz: yoga, cuerpo y transidad
Lena (Lina) Mancilla Muñoz, profesora de yoga y mujer trans, aportó una
mirada espiritual y existencial sobre el cuerpo y la identidad. Explicó que el
yoga le permitió reconocer su energía femenina como "perfecta" y
reconciliarse con un cuerpo que guardaba memorias de dolor.
Cuestionó los sistemas educativos binarios y patriarcales que excluyen a
las niñeces trans y no binarias, y reivindicó la importancia de que hoy esté
presente una voz trans real, señalando que "nuestras voces siempre son
habladas por amigas… pero no son nuestras voces las que se escuchan".
Cerró su intervención definiendo al deporte y al yoga no solo como herramientas
de inclusión, sino como un acto de cuidar y acompañar vidas.
El panel finalizó invitando nuevamente a los asistentes a sumar sus
reflexiones al mural colectivo, esta vez bajo el eje de "autenticidad y
deporte", dando paso al bloque siguiente: "Diversidad, validación y
bienestar".
Tercera
ronda: validación, bienestar y salud integral
El bloque final del conversatorio estuvo dedicado a los ejes de
validación, bienestar y salud integral, abordados desde perspectivas médicas y
psicológicas complementarias.
Dra.
Laura Rojo: una mirada integral de la salud
La Dra. Laura Rojo, médica sanitarista, pediatra, especialista en salud
pública, escritora y médica de adolescentes, con recorrido en medicina rural y
gestión hospitalaria, propuso una mirada integral y no biologicista de la
salud, entendiendo al ser humano como un todo. Se definió a sí misma como una
"anfibia de dos mundos" —la ciencia y el arte— y subrayó la
importancia del trabajo colectivo en el campo de la salud.
Compartió el relato de su encuentro con Eva, una mujer trans que llegó en
estado crítico a un hospital. Rojo intervino para que el equipo médico
respetara su identidad de género, una experiencia que la llevó a escribir el
poema "Es ella" como herramienta de interpelación para sus colegas.
Entre 2022 y 2025 desarrolló el dispositivo "Transitando", enfocado
en la atención de adolescencias diversas de entre 10 y 19 años, enfrentando en
el camino la resistencia de colegas con miradas juiciosas.
En el plano de la práctica clínica, detalló la importancia de la
anamnesis privada, el derecho al trato digno consagrado en el artículo 12 de la
Ley de Identidad de Género, y la necesidad de preguntar siempre cómo desea ser
nombrada cada persona. Cuestionó la cis-heteronorma y el binarismo en la
medicina, abogando por una atención de la intersexualidad respetuosa de la
autopercepción, sin medicalización forzada.
Lic.
Francisco (Ricardo Francisco Villalobos): la palabra como herramienta de salud
mental
El Lic. Francisco, psicólogo con 35 años de trayectoria y exdocente
universitario, relató la evolución histórica del abordaje de la sexualidad en
el ámbito académico: de una época en la que estaba prohibido hablar del tema en
la universidad, a una actualidad con mayor apertura, pero también con nuevos
riesgos.
Advirtió sobre el impacto del acoso anónimo en redes sociales y sobre la
falta de espacios donde los y las jóvenes puedan poner en palabras lo que les
sucede. Desde una perspectiva psicoanalítica, criticó la sobre-clasificación de
las sexualidades, sosteniendo que cuantas menos etiquetas se impongan, mayores
son las posibilidades de que cada sujeto construya su propia subjetividad.
Definió a la palabra como el elemento transformador que permite interpretar,
comprender y construir salud mental, y propuso reflexionar sobre cómo está
construido el "armario" de cada persona —familia, barrio, escuela—
para facilitar procesos de asunción de identidad más saludables.
La
voz desde el público: la intervención de Pía Ceballos
Hacia el final de la jornada, la activista Pía Ceballos tomó la palabra
desde el público. Su intervención introdujo una nota de urgencia y dolor en el
conversatorio: solicitó una reflexión colectiva sobre los discursos de odio
amplificados por funcionarios estatales en televisión, y mencionó, con dolor,
el fallecimiento de una compañera trans de 24 años. En su planteo, Ceballos
vinculó de manera directa la violencia simbólica de esos discursos con la
precariedad concreta de las vidas trans, recordando que las palabras que
circulan en los medios y en la política tienen consecuencias materiales sobre
cuerpos y biografías reales.
El
cierre: la palabra y el Estado presente
El conversatorio concluyó con las palabras de cierre de Julieta Valencia,
quien agradeció la participación de los panelistas y de las organizaciones
presentes. La subsecretaria resaltó la importancia de la palabra y del Estado
presente como garantes de derechos en el contexto actual, en línea con el
mensaje que había abierto la jornada. Antes de dar por finalizado el encuentro,
invitó a la concejala presente a sumar unas palabras.
Malvina Gareca, concejala por Salta capital, expresó su apoyo al proceso
llevado adelante por la Subsecretaría y destacó la importancia de trasladar la
agenda de la diversidad a los espacios estatales, señalando que los paneles
escuchados a lo largo de la tarde nutren también su propia labor legislativa.
Con esas palabras, y con el mural de post-its ya completo sobre la
pizarra del salón —testimonio silencioso de validación, pertenencia,
autenticidad y bienestar—, la Subsecretaría de Género en la Usina Cultural de
Salta cerró una jornada que, más que un conversatorio, funcionó como un
ejercicio colectivo de memoria, comunidad y futuro.
La Asociación Dr. Miguel Ragone
manifiesta su firme adhesión institucional a la Subsecretaría de las Mujeres,
Géneros y Diversidades de Salta para impulsar la creación de una Agenda
Participativa y Comunitaria. En un escenario marcado por la retracción de las
políticas nacionales, la Asociación —con su histórico arraigo en la defensa de
los derechos humanos— entiende que este momento histórico exige una presencia
organizada y un diálogo horizontal con el activismo cotidiano.
El Día Internacional de las
Diversidades puede ser una jornada de construcción real y defensa de derechos.
La convocatoria es para el próximo 29 de junio, de 19:00 a 21:30, en la Usina
Cultural, donde se desarrollará un conversatorio enfocado en la validación,
pertenencia, autenticidad y bienestar de la comunidad.
Para la Asociación Ragone, la
articulación con la Subsecretaría responde a la responsabilidad de sostener las
conquistas logradas y evitar que las leyes vigentes se conviertan en
"letra muerta". El evento reivindica la memoria local de figuras como
Pelusa Liendro, reafirmando que la igualdad real se gestiona y defiende desde
el territorio y las alianzas transversales.
Sintesis del texto en el audio. Agrega explicación detallada del programa (ausente en el texto):
ASOCIACIÓN
DR. MIGUEL RAGONE
en
adhesión a la
SUBSECRETARÍA
DE LAS MUJERES, GÉNEROS Y DIVERSIDADES — SALTA
INVITACIÓN
a la construcción de una
AGENDA PARTICIPATIVA Y COMUNITARIA
para la celebración del
DÍA INTERNACIONAL DE LAS DIVERSIDADES —
29 DE JUNIO
A: Organizaciones,
colectivos y referentes de la diversidad sexual y de géneros de Salta
Invitación de la Sub Secretaría de Mujeres, Género y Diversidad.
I. POR QUÉ CONVOCAMOS: LA SUPERVIVENCIA
COMUNITARIA COMO PUNTO DE PARTIDA
La retracción del Estado
no implica el fin de las políticas de diversidad, sino su mutación. El futuro
inmediato exige pasar de una lógica de demanda al Estado benefactor a una fase
de supervivencia comunitaria, litigio estratégico y alianzas transversales. La
normativa argentina vigente constituye un piso innegociable; el desafío de la
próxima década será defender la aplicación de esas leyes en los territorios
concretos, evitando que queden convertidas en letra muerta.
Esta conclusión —surgida
del análisis estructural del campo de las políticas de diversidad en Argentina
post-cierre del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades— no es un
diagnóstico resignado. Es, por el contrario, el mapa desde el cual organizamos
esta convocatoria. Ante la supresión de la arquitectura institucional
construida entre 2004 y 2023, el horizonte de la igualdad real no se clausura:
se desplaza al territorio, a las comunidades, a las alianzas, a los municipios,
a los conversatorios como el que aquí proponemos.
La Asociación Dr. Miguel
Ragone —institución con arraigo en la defensa de los derechos humanos y la
memoria política de Salta— entiende que este momento histórico exige presencia
organizada, no repliegue. Adherimos a la iniciativa de la Subsecretaría de las
Mujeres, Géneros y Diversidades de la provincia de Salta porque compartimos la
convicción de que las instituciones que permanecen en pie tienen la
responsabilidad de convocar, de sostener, de articular. Y de hacerlo en diálogo
horizontal con quienes llevan el peso del activismo cotidiano.
Por ello convocamos a las
organizaciones de la diversidad de Salta a un proceso participativo de
construcción de agenda para la celebración del 29 de junio —Día Internacional
de las Diversidades—, en la Usina Cultural de la ciudad, en el formato conversatorio
propuesto por la Subsecretaría. La convocatoria no es solo a un evento: es a
construir juntas y juntos el contenido de ese evento, y a delinear
colectivamente las demandas y propuestas que la comunidad necesita sostener en
el actual escenario provincial y nacional.
II. EL 29 DE JUNIO Y EL SIGNIFICADO DE JUNIO EN
LA HISTORIA ARGENTINA DE LAS DIVERSIDADES
El 28 de junio de 1969, en
el bar Stonewall Inn de Nueva York, personas travestis, trans, lesbianas, gays
y bisexuales respondieron con resistencia colectiva a una razzia policial. Esa
rebelión, conocida como la Revuelta de Stonewall, se convirtió en el punto de
origen simbólico del activismo LGBTIQ+ contemporáneo. Desde entonces, junio es
reconocido mundialmente como el mes del Orgullo. En Argentina, la fecha del 29
de junio adquirió una inscripción local adicional: es el día en que el
movimiento salteño conmemora a sus propias figuras de lucha, en particular la
memoria de Pelusa Liendro, mujer trans, trabajadora sexual y militante de
derechos LGBTIQ+ que en 2004 encabezó la primera Marcha del Orgullo en la
ciudad de Salta, marcando un hito en la visibilidad del colectivo en el
interior del país.
La historia reciente
confirma la vitalidad de este movimiento en nuestra provincia. En noviembre de
2024, Salta organizó la Marcha del Orgullo bajo la consigna de la memoria de
Pelusa Liendro, con un festival previo realizado el 15 de noviembre en la propia
Usina Cultural —el mismo espacio que ahora se propone para el conversatorio del
29 de junio— que reunió a la comunidad en torno a la feria, la música y la
visibilidad cultural. En noviembre de 2025, la 22.a Marcha del Orgullo salteña
volvió a colmar el centro de la ciudad bajo los lemas Somos comunidad y A la
marcha la hacemos entre todes, con concentración en el Paseo de la Diversidad
sobre la calle Lavalle y cierre artístico frente al Cabildo. Organizaciones
LGBTIQ+, activistas, familias y público general avanzaron juntos exigiendo
políticas que garanticen salud, trabajo y protección frente a la violencia
institucional, en un año atravesado por recortes que golpean especialmente a
los sectores más vulnerables de la comunidad. También en el Valle Calchaquí,
Cafayate vivió en noviembre de 2024 su Cuarta Marcha Plurinacional del Orgullo
bajo el lema tierra de lucha y resistencia, expresión de la creciente
federalización del movimiento al interior de la provincia.
Celebrar el 29 de junio no
es solo honrar un origen. Es afirmar, en el presente, que la comunidad de las
diversidades en Salta tiene historia propia, tiene militantes, tiene cuerpos
que marcharon y siguen marchando, y tiene derecho a que el Estado provincial
acompañe ese camino con políticas sostenidas.
III. LA CONCEPCIÓN DE DIVERSIDAD QUE ANIMA ESTA
JORNADA
La coordinación de la sub
secretaria planificó este conversatorio con una idea central: la diversidad no
es solo una identidad que se declara, sino un modo de estar en el mundo que
requiere validación, pertenencia, autenticidad y bienestar. Bajo estos cuatro
ejes, el evento no se propone como un espacio de denuncia exclusiva ni como un
acto de visibilidad meramente simbólica, sino como una jornada que produzca
encuentro real entre personas y entre instituciones.
Validación: la jornada
debe reconocer que las identidades diversas existen y tienen derechos, no como
excepción tolerada sino como parte constitutiva de la comunidad política
salteña. En términos del Plan de Ciudadanía LGBT de la Federación Argentina de Lesbianas,
Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), esto significa asumir que el no
reconocimiento de los derechos de las personas LGBT crea ciudadanías de primera
y de segunda, un paradójico sujeto que necesita escindirse para pertenecer a
una sociedad que le pide como condición negarse a sí mismo.
Pertenencia: el formato
conversatorio —inspirado en la escucha activa del modelo del Consejo Económico—
busca que las organizaciones de la diversidad se sientan efectivamente
escuchadas, no como beneficiarias pasivas de un programa sino como actoras con voz
propia en la definición de la agenda. Esta concepción supera la modalidad de
panel académico tradicional y la reemplaza por un espacio de intercambio
genuino.
Autenticidad: se propone
que el evento incorpore la diversidad de expresiones de la propia comunidad
—arte, emprendimiento, talento, cuerpos, experiencias— sin reducirla a una
narrativa única. El cierre artístico propuesto, con participación de expresiones
trans y disidentes, es coherente con esta lectura: la diversidad se muestra, se
celebra, se habita.
Bienestar: la jornada no
soslaya las condiciones materiales de vida de la comunidad. La propuesta de
incorporar al sector privado y a profesionales independientes responde a la
necesidad de que la comunidad no vea al Estado como única fuente de inclusión,
abriendo perspectivas concretas de empleo, salud, acceso a derechos y autonomía
económica.
Esta concepción de la
diversidad —enraizada en la validación, la pertenencia, la autenticidad y el
bienestar— se amplifica cuando se la piensa desde una escala federal e
intramunicipal. El Plan de Ciudadanía LGBT de la FALGBT señala con claridad que
las ciudades, por su escala y cercanía con su población, son ámbitos
privilegiados para la implementación de políticas públicas que aborden las
necesidades de grupos poblacionales específicos.
IV. EL ESCENARIO EN QUE NOS ENCONTRAMOS: SIETE
COORDENADAS PARA UNA AGENDA INFORMADA
Para que la agenda que
construyamos juntas y juntos sea efectiva, necesitamos nombrar el territorio en
el que operamos. El análisis del campo de las políticas de género y diversidad
en Argentina post-cierre del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades
arroja siete coordenadas que deben orientar nuestra discusión:
1. Diagnóstico general:
del Estado presente al Estado en retracción. Entre 2019 y 2023, Argentina
consolidó una arquitectura institucional sin precedentes para la diversidad: el
Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades, el Cupo Laboral Travesti
Trans, el DNI no binario, el Programa Acompañar. Con el cambio de gobierno a
fines de 2023, ese edificio fue desmantelado mediante el DNU 8/2023: el
Ministerio fue eliminado, los fondos del Programa Acompañar licuados, la Línea
144 reducida, las transferencias a provincias cortadas. El Estado pasó de ser
garante de derechos a emitir violencia institucional, y la diversidad perdió su
estatus de sujeto político de protección estatal para convertirse en blanco de
estigmatización bajo el rótulo de 'ideología de género'. La normativa vigente
—Ley de Identidad de Género, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley Micaela, Ley de
Cupo Laboral Trans— subsiste como piso de derechos no negociables, pero su
aplicación efectiva depende ahora de la presión organizada de la sociedad civil
y de los estados provinciales y municipales.
2. Impacto específico
en Salta. La provincia atravesó el corte de transferencias nacionales con
una estructura ya frágil: programas de asistencia a víctimas de violencia y
discriminación perdieron su anclaje económico, los equipos técnicos se
redujeron, y la política de diversidad quedó concentrada en la capital,
desprotegiendo al interior —Orán, Tartagal, el Valle Calchaquí— donde las
poblaciones LGBT indígenas y de frontera enfrentan vulnerabilidades
interseccionales agudas. El gobierno provincial adoptó una postura de
adaptación pragmática: mantiene la estructura institucional —la Subsecretaría
de las Mujeres, Géneros y Diversidades que hoy nos convoca en adhesión— pero
con perfil bajo y lógica de subsistencia. La Legislatura salteña aprovechó el
clima nacional para frenar iniciativas progresistas. La Universidad Nacional de
Salta se consolidó como trinchera de la perspectiva de género. Y las
organizaciones LGBT pasaron de exigir ampliación de derechos a gestionar
asistencia alimentaria y defensa contra detenciones arbitrarias.
3. Modificación del
comportamiento de los actores: de la demanda al Estado a la autogestión. El
desmantelamiento institucional produjo una rápida reinvención del movimiento.
Las organizaciones LGBTIQ+ transitan de la institucionalización —gestión
conjunta con el Estado— a la resistencia comunitaria: redes de cuidados
autogestivos, cooperativas de alimentos, roperos comunitarios y fondos de
emergencia virtuales. Los medios hegemónicos reproducen el clima ideológico
regresivo; los medios comunitarios y digitales refuerzan el activismo. Los
municipios absorben el colapso social sin presupuesto para hacerle frente. La
academia sostiene diplomaturas y protocolos como espacios de resistencia. Y los
sindicatos, centros de estudiantes y organismos de derechos humanos emergen
como aliados naturales de un movimiento que no puede resistir aislado.
4. Transformaciones en
el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad. El Poder Judicial salteño
mantiene una matriz tradicionalista: las causas por crímenes de odio y
transfemicidios corren el riesgo de ser invisibilizadas bajo carátulas de
homicidios simples, negando el agravante por violencia de género o identidad.
Las fuerzas de seguridad, bajo un nuevo clima de 'mano dura', han incrementado
el hostigamiento policial hacia poblaciones LGBT —especialmente hacia personas
trans en situación de prostitución— y el Código de Contravenciones sigue siendo
una herramienta discrecional para hostigar en el espacio público a las
identidades disidentes. Ante este escenario, el litigio estratégico se
convierte en herramienta central: amparos colectivos, denuncias ante el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos y la exigencia de protocolos específicos de
actuación policial son vías que la comunidad organizada puede y debe recorrer.
5. La relación
emergente con el sector empresarial. Ante la retracción del Estado, el
sector privado emerge como actor complejo. Corporaciones y grandes empresas
impulsan políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) que pueden ofrecer
recursos y visibilidad, pero bajo la lógica de la rentabilidad y el capital de
marca. El “pinkwashing” —apoyar el Orgullo un día al año sin modificar cadenas
de valor ni garantizar derechos laborales plenos— es el riesgo principal. En
Salta, esta incursión corporativa es incipiente y concentrada en el sector
minero. La propuesta de incluir al sector privado y a profesionales
independientes en la jornada del 29 de junio —impulsada por la coordinación del
evento— es promisoria si se la acompaña de una discusión sobre condiciones: el
sector privado puede ser aliado, pero la agenda la define la comunidad.
6. Financiamiento
internacional y cooperación externa. El retiro del Estado nacional desplazó
la cooperación de los organismos internacionales —PNUD, ONU Mujeres, embajadas
europeas, Open Society, ILGA— directamente hacia la sociedad civil. Esto genera
una hiper-competitividad entre organizaciones que antes cooperaban y una
asimetría técnica que margina a las organizaciones territoriales del interior,
como las de Salta, en beneficio de grandes ONGs porteñas con mayor capacidad de
formulación de proyectos. El riesgo es la ONGización del movimiento y la
dependencia de agendas externas. La jornada del 29 de junio puede ser una
oportunidad para visibilizar ante la cooperación internacional las necesidades
específicas del NOA y fortalecer la capacidad de articulación de las
organizaciones salteñas.
7. Prospectiva: cómo
profundizar políticas en estados desfinanciados. El análisis prospectivo
identifica cinco ejes de acción sostenible: la municipalización de las
políticas de género —los municipios como nodos de resistencia mediante
ordenanzas de protección antidiscriminatoria, exenciones impositivas a
comercios que contraten personas trans, y uso de infraestructura existente como
espacios seguros—; las alianzas intersectoriales amplias, incluyendo en Salta
la convergencia con organizaciones de pueblos originarios por la
interseccionalidad de las identidades chineadas y disidentes; el litigio
estratégico ante la negativa ejecutiva de aplicar leyes vigentes; la producción
cultural y comunicacional desde abajo, para evidenciar que las políticas de
diversidad son un asunto de supervivencia material, salud pública e inclusión
económica real; y, de manera central, la posibilidad de que los municipios se
conviertan en el principal escenario de resistencia y continuidad de las
políticas de diversidad cuando el Estado nacional y provincial retroceden. Esta
última perspectiva es especialmente relevante para Salta: los conversatorios
entre organizaciones de diversidad y referentes de concejos deliberantes del
interior —como los que la coordinación del evento propone mediante la
articulación con el Foro de Intendentes— pueden ser el inicio de una red de
municipios inclusivos que compartan buenas prácticas y optimicen recursos.
V. CONVOCATORIA FINAL
La Asociación Dr. Miguel
Ragone nació de la memoria de un hombre que gobernó desde la justicia social y
fue desaparecido por ello. Sabemos, por esa historia, que los derechos no se
conceden: se construyen, se defienden y se celebran. Sabemos también que en los
momentos de mayor retroceso institucional, la organización comunitaria es la
que sostiene lo conquistado y prefigura lo que viene.
Invitamos a cada
organización, colectivo, referente y persona de la comunidad de las
diversidades de Salta a sumar su voz a este proceso. La agenda del 29 de junio
se construye con las urgencias reales de quienes viven la diversidad todos los
días: en sus cuerpos, en sus trabajos, en sus accesos a la salud, en sus
relaciones con las instituciones. Ese conocimiento no está en los escritorios:
está en las organizaciones que convocamos.
Les esperamos. Con la
Usina Cultural como espacio de encuentro, con el Día de las Diversidades como
fecha de celebración y con la agenda de derechos como razón de fondo.