En Salta, a catorce años de la
sanción de la Ley de Identidad de Género, un escenario se convirtió en altar.
Organizada por el Movimiento Trans Argentino Salta, ATTA Salta, La Ventolera,
Ballroom Salta, Magika Producciones y Full Moon in Gemini, la celebración
reunió en un mismo espacio la memoria de las que resistieron sin ley y la
vitalidad de quienes construyen presente. Las históricas —mujeres trans que
promedian los sesenta años y sobrevivieron a los edictos policiales, a la
exclusión sistemática, a la muerte prematura como destino administrado—
volvieron a doblar a sus divas. No por nostalgia: por soberanía. El fonomímico,
esa tecnología de resistencia nacida en la clandestinidad, demostró una vez más
que en comunidades donde el Estado llegó tarde y mal, la alegría no es evasión
sino trinchera. Este ensayo describe lo que ocurrió esa noche y pregunta por
qué importa.
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| Pía Ceballos abre el espacio de discursos en la conmemoración |
Doblar la Diva, Sostener la Vida
Mímica trans en Salta: resistencia, memoria y política
en el escenario
A catorce años de la Ley de Identidad de Género 26.743
Por Fernando Pequeño
Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.
“La mímica es el cordón
umbilical que une la resistencia del pasado con la visibilidad del presente”.
I. Antes de que empezara la música
Hay eventos que no
caben en la categoría de espectáculo. Que desbordan el escenario, la
iluminación, el micrófono de pie y el telón. La celebración organizada en Salta
a catorce años de la sanción de la Ley de Identidad de Género fue,
indudablemente, uno de esos eventos. No se trató de un show. Se trató de un
ritual. Un acto colectivo de memoria, de reparación y de alegría política
protagonizado por mujeres que hicieron de la sobrevivencia un arte y del arte
una forma de sobrevivencia.
Convocado y
organizado por un arco de organizaciones que recorre toda la densidad histórica
y la vitalidad emergente del activismo LGBTIQ+ salteño —el Movimiento Trans
Argentino Salta (MTA Salta), la Asociación de Travestis, Transexuales y
Transgéneros de Argentina Salta (ATTA Salta), la veterana La Ventolera junto a
las nuevas institucionalidades de la escena: Ballroom Salta, Magika
Producciones y Full Moon in Gemini—, la noche reunió en un mismo espacio lo que
la ciudad suele mantener separado: el pasado y el presente de las luchas trans,
la generación que construyó derechos en los márgenes y la que los habita como
herencia conquistada.
Intento aquí describir
lo que sucedió anoche en La Ventolera. Y también de explicar por qué importa.
— ✦ —
II. Quiénes hicieron la fiesta: una genealogía política
MTA Salta y ATTA Salta: la memoria organizada
Las siglas MTA y
ATTA no son simples nombres. Son coordenadas en el mapa político de las luchas
trans argentinas. El Movimiento Trans Argentino y la Asociación de Travestis,
Transexuales y Transgéneros de Argentina tienen en su haber décadas de
militancia, de cuerpos en la calle, de reuniones donde se discutió qué
reclamar, cómo reclamarlo y a quién. Sus filiales salteñas llevan esa historia
y la inscriben en el territorio específico del NOA: una región atravesada por
conservadurismo religioso, por desigualdades económicas profundas, por una
geografía donde la distancia entre los pueblos del interior y las estructuras
de derechos puede medirse en horas de ruta y en décadas de abandono
institucional.En Salta, ambas
organizaciones han sido interlocutoras ineludibles con el Estado provincial,
operadoras de programas de acompañamiento, articuladoras de redes de cuidado
comunitario. Han denunciado, han negociado, han sostenido. Y han celebrado:
porque la celebración, en una comunidad con los indicadores de mortalidad
temprana que arrastra la población trans argentina, no es un lujo sino una
necesidad política. Cada cumpleaños que se festeja es una victoria contra la
estadística.
La Ventolera: el nombre que viene de antes
La Ventolera tiene
en el activismo salteño la condición de lo que en una familia se llama la mayor,
porque con sus años de existencia se ha institucionalizado como un espacio
amigable a la comunidad y resistente en propuesta que une gastronomía y cultura.
Ballroom Salta, Magika Producciones y Full Moon in Gemini: el presente que
llega
Junto a las
organizaciones históricas, la noche también fue posible gracias a las energías
de un activismo más reciente y de estéticas nuevas. Ballroom Salta trae al
campo del activismo una tradición que viene del underground neoyorquino de los
años ochenta y que encontró en América Latina un suelo fértil: los balls, las
casas, los voguing como práctica de autoafirmación y competencia estética entre
comunidades negras y latinas LGBTIQ+ excluidas. Que Ballroom exista en Salta
como espacio organizado dice algo sobre la capacidad de una ciudad periférica
para absorber y resignificar lenguajes globales sin perder su especificidad
territorial.
Magika Producciones
y Full Moon in Gemini representan, a su modo, la institucionalización de una
escena que antes dependía enteramente de la informalidad y el boca a boca. Son
la prueba de que hay una economía cultural de la diversidad en Salta, todavía pequeña
y frágil, pero existente y en crecimiento. Al organizarse para producir un
evento de esta naturaleza, estas nuevas expresiones demuestran que la fiesta
trans no es solo herencia: también es proyecto.
La suma de estas
organizaciones sobre un mismo escenario es, en sí misma, un argumento político.
Dice que la comunidad trans salteña no es homogénea ni está encapsulada en una
sola sigla. Dice que hay generaciones, que hay estéticas, que hay debates internos,
y que todos esos vectores pueden converger en una noche sin borrarse
mutuamente.
— ✦ —
III. El fonomímico como tecnología de resistencia
Un arte que nació en la clandestinidad
Para comprender lo
que ocurrió anoche durante la actuación de la consagrada militante y activista
Mary Robles, es necesario entender qué es la mímica trans —el fonomímico, como
se la llama en la tradición comunitaria— y de dónde viene. No es un género
artístico nacido en el teatro o en los conservatorios. Es una práctica que
emergió en los márgenes: en las fiestas cerradas de casas particulares, en los
cabarets que toleraban la presencia trans siempre que fuera en el escenario y
no en la clientela, en los boliches nocturnos que quedaban abiertos cuando el
mundo diurno ya había bajado sus persianas.
Para la generación
que hoy promedia los sesenta años —las llamadas históricas, las que
sobrevivieron a los edictos policiales, a la pandemia del VIH sin acceso a
salud, a la exclusión familiar y laboral sistemática—, el fonomímico no fue un
pasatiempo. Fue el primer territorio de libertad. Antes de que existiera un
marco legal que reconociera su nombre, su género y su cuerpo, el escenario era
el único lugar donde podían ser plenamente lo que eran. Doblar a una diva era,
en ese contexto, mucho más que imitar: era un acto de soberanía.
La voz prestada como operación política
En una época en que
la voz propia de las personas trans era frecuentemente el primer marcador de la
sospecha —el indicio que delataba ante los agentes del orden lo que los códigos
de faltas llamaban 'escándalo en la vía pública' o 'atentado al pudor'—, tomar
prestada la voz de una cantante consagrada era una operación de una
inteligencia táctica notable. No se trataba de ocultar: se trataba de desplazar
la mirada social desde la marginalidad hacia la excelencia. Al encarnar a
Estela Raval, a Valeria Lynch, a Mina o a Dalida, la intérprete trans no decía
'soy como ella'. Decía algo más complejo y más poderoso: 'en mi cuerpo cabe
toda esta potencia'.
El teórico
venezolano José Muñoz llamó a esta operación 'desidentificación': no la
imitación pura ni el rechazo absoluto, sino el uso estratégico de los
materiales de la cultura dominante para producir sentidos que esa cultura no
autorizaba. La mímica trans argentina es, en ese sentido, una práctica
desidentificatoria avant la lettre: tomó los géneros musicales populares, los
cuerpos de las divas heterosexuales, el glamour de las lentejuelas, y los
reconfiguró para decir verdades que de otro modo habrían sido silenciadas.
La elección de las canciones como manifiesto biográfico
En la tradición del
fonomímico trans, la elección de la canción nunca es inocente. No se dobla
cualquier cosa. Se elige la canción que dice lo que el cuerpo no puede decir de
otro modo. Las letras de amor imposible, de amor que persiste contra todo pronóstico,
de mujeres que se niegan a ser borradas del mapa: todas estas narrativas
resuenan con una fuerza política específica cuando la intérprete es una mujer
trans de sesenta años en Salta.
Significan haber
sobrevivido a los edictos. Significan haber llegado a esta noche desde un
pasado donde llegar a esta noche no estaba garantizado. Cada verso sobre la
resistencia, sobre la dignidad, sobre el amor que no cede, funciona como un
currículum vitae implícito: estas son las coordenadas de mi trayectoria, este
es el peso de lo que cargué, esto es lo que no me pudieron quitar.
El cuerpo como archivo
Lo que el video del
evento captura —y lo que el ojo del espectador presente puede ver con aún más
nitidez— es la gestualidad específica de las intérpretes. El movimiento de las
manos, el porte de la cabeza, la forma en que los ojos interpelan a la audiencia:
todo esto remite a un entrenamiento aprendido en la clandestinidad, transmitido
de generación en generación sin academias ni programas de estudio, por
observación y repetición en los espacios de la comunidad.
El cuerpo trans
histórico es, en ese sentido, un archivo vivo. Lleva en su gestualidad la
memoria de noches que no están registradas en ninguna hemeroteca, de
celebraciones que no tuvieron cobertura periodística ni documentación
institucional. Cuando una de las históricas sube al escenario y dobla su
canción, está haciendo visible ese archivo: está diciendo 'esto estuvo siempre
acá, aunque nadie lo viera'.
— ✦ —
IV. El escenario como altar
Lo que había detrás de la intérprete
Detrás del
escenario, la muestra fotográfica y las banderas que decoraban el espacio no
eran una ambientación: eran una declaración de principios. En la comunidad
trans argentina, celebrar implica siempre recordar a las ausentes. El promedio
de vida de una mujer trans en Argentina sigue siendo dramáticamente bajo,
resultado de décadas de exclusión del sistema de salud, de la educación formal,
del mercado de trabajo regular. Muchas de las que podrían haber estado en ese
escenario no llegaron. Las fotos y las banderas son el modo en que la comunidad
se niega a olvidarlas.
El escenario se
convierte así en un altar, en el sentido más amplio y menos religioso del
término: un lugar donde los vivos se comunican con los muertos, donde la
alegría del presente reconoce la deuda con el sufrimiento del pasado, donde la
celebración y el duelo no se excluyen sino que se habitan simultáneamente.
Salta como territorio específico
Realizar este
ritual en Salta añade capas de sentido que no existirían en otro lugar. La
provincia tiene una identidad cultural marcada por la religiosidad católica,
por tradiciones que se presentan a sí mismas como eternas e inamovibles, por un
sentido de 'lo salteño' que históricamente ha excluido lo que no encaja en sus
definiciones de normalidad. Que la mímica trans ocurra en el corazón de esa
ciudad es una interrupción de ese relato. Es la demostración de que la
identidad trans es parte constitutiva del tejido social salteño, no un elemento
foráneo que llegó de Buenos Aires o de los medios de comunicación.
Las mujeres que actúan
esos rituales de resistencia mímica, como Mary Robles en la noche de la conmemoración
de los 14 años, son salteñas. Pueden venir del interior de la provincia, de los
valles y los quebrachales, de los pueblos del Chaco salteño donde crecer
diferente es crecer en el riesgo constante del rechazo familiar. La posibilidad
de su presencia en espacios como La Ventolera, es también un mapa de la provincia: un mapa de
todo lo que la provincia contiene y que sus relatos oficiales prefieren no ver.
El diálogo intergeneracional
Uno de los aspectos
más significativos de la noche fue la convivencia de generaciones en la sala y
en el escenario. La histórica Mary Robles, que dobla a sus divas, Carolina
Garzón y muchas presentes que estaban y no actuaron, comparten el espacio con jóvenes que crecieron
con la Ley 26.743 ya sancionada, que tuvieron acceso —imperfecto, desigual, a
veces tardío, pero acceso al fin— a documentos de identidad que las nombraban
correctamente desde el inicio de su trayectoria adulta.Esa convivencia no
es solo simbólica. Es pedagógica. Ver a una trans de sesenta años y sus amigas
generacionales en el escenario es conectar con una genealogía que los libros de
historia no registran. Es entender que los derechos que hoy se ejercen fueron
posibles porque alguien los habitó antes en el cuerpo, sin ley que los
respaldara, con puro deseo de existir como sostén. La mímica es el cordón
umbilical que une la resistencia del pasado con la visibilidad del presente.
— ✦ —
V. La fiesta como estrategia política
La alegría como trinchera
Hay una tradición
en el pensamiento político que desconfía de la alegría: la ve como distracción,
como despolitización, como el opio de los oprimidos. Esa tradición se equivoca,
al menos en este caso. La alegría trans no es evasión: es una afirmación ontológica.
Es el rechazo activo de la narrativa que dice que las vidas trans merecen
sufrimiento, marginalidad y muerte temprana. Celebrar es decir 'no': no a esa
narrativa, no a ese destino, no a esa definición de lo que se merece.
En el contexto
político actual —con un gobierno nacional que ha desmantelado políticas de
diversidad con una velocidad que asusta, con discursos estigmatizantes que han
recuperado legitimidad en el espacio público, con una regresión que amenaza con
reescribir lo que costó décadas construir—, la alegría trans adquiere el
estatuto de una trinchera. No metafórica: real. El escenario es el lugar donde
se sostiene lo que el Estado nacional abandona.
La fiesta como forma de acceso al debate público
La celebración
tiene además una virtud táctica que las organizaciones que la promueven conocen
bien: permite que temas densos —derechos humanos, vejez trans, reparación
histórica, violencia policial, exclusión del sistema previsional— entren en la
esfera pública a través del goce y no del conflicto directo. La mímica invita
al otro a la empatía antes que al debate. Primero lo convoca emocionalmente;
después lo deja con preguntas.
Alguien que esa
noche aplaudió a una intérprete histórica, que sintió algo moverse en su pecho
ante la precisión de ese gesto, ante esa voz prestada que decía verdades
propias, es alguien que ya no puede mirar a esa mujer como si no existiera. La
política de la visibilidad no se resuelve en el aula ni en el tribunal: también
se resuelve en el aplauso.
La paradoja de la invisibilidad persistente
Y sin embargo,
sería deshonesto terminar aquí. Porque la mímica celebra la conquista de
derechos al mismo tiempo que pone en evidencia sus límites. Muchas de las
mujeres trans enfrentan que han sobrevivido enfrentan en esta época una nueva
forma de invisibilidad: la que produce la vejez trans en un sistema que no
contempló su existencia cuando elaboró sus políticas de jubilación, de salud
geriátrica, de cuidado en la tercera edad.
La Ley de Identidad
de Género reconoció el nombre y el género. No resolvió la exclusión laboral de
décadas que dejó a muchas de las históricas sin aportes jubilatorios. No diseñó
programas de salud específicos para las trayectorias corporales trans en la
vejez. No creó casas de retiro o espacios comunitarios para quienes envejecen
sin familias que las contengan, a veces sin redes que las sostengan.
La actuación mímica
es también un grito frente a esa paradoja: 'sigo aquí, mi cuerpo es memoria y
mi identidad es un triunfo que todavía necesita sustento material'. La fiesta
lo dice con lentejuelas y con playback. Pero lo dice.
— ✦ —
VI. El Estado en la sala: sobre la presencia de Julieta Valencia
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| Carla Lacci, Fernando Pequeño, Julieta Valencia |
En ese contexto cargado, la presencia de Julieta Valencia, subsecretaria de Género de la provincia de Salta, en el evento no fue un acto protocolar. Fue un gesto de reconocimiento mutuo que merece ser leído con cuidado, sin ingenuidad pero también sin cinismo previo.
Cuando la máxima
autoridad del área de género del gobierno provincial elige estar en ese espacio
—no en la conferencia de prensa, no en el acto con estrado y micrófono
institucional, sino en la celebración comunitaria, en el calor del ritual,
frente al escenario donde las históricas doblan a sus divas—, está comunicando
algo que ningún comunicado oficial puede comunicar. Está diciendo, con el
lenguaje del cuerpo presente, que reconoce la legitimidad política de esa
alegría. Que la alegría trans no es un asunto privado sino un hecho político
que merece testigos institucionales.
Para la comunidad,
recibir ese gesto implica su propia operación: la de reconocer al Estado
provincial, en ese momento y en esa persona, como un interlocutor posible. No
un aliado garantizado —la historia de las luchas trans con el Estado provincial
tiene demasiados episodios de promesas rotas como para que la confianza sea
automática—, pero sí alguien con quien hablar, a quien interpelar, frente a
quien plantear las demandas que siguen siendo urgentes.
Es un
reconocimiento doble y mutuamente orientado: condicionado, frágil, construido
sobre los escombros de la desconfianza histórica. Pero existente. Y en el
contexto actual, eso no es poco.
— ✦ —
VII. Después del último playback
Imagino tarde noche
ya, el escenario desarmándose. Las luces apagándose. A Mary Robles volviendo a
su casa. Como símbolo de las tantas casas de mujeres que mañana van a necesitar
un turno médico, o una gestión en el ANSES, o que alguien les crea cuando
denuncian.
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| Todes ellos seguirán estando presentes. Archivo de la Memoria Trans, Salta. |
La mímica trans en Salta, a catorce años de la Ley de Identidad de Género, es muchas cosas al mismo tiempo. Es un arte que nació en la clandestinidad y se sostiene en la escena pública con la misma dignidad que cuando era clandestino. Es un archivo corporal de memorias que el Estado no registró. Es un ritual comunitario que une a las que están con las que ya no están. Es una pedagogía intergeneracional que transmite lo que no se aprende en ninguna currícula. Es una estrategia política que convoca a la empatía antes que al conflicto. Y es, en el contexto actual, una trinchera de resistencia frente a la regresión.
Las organizaciones
que la hicieron posible —MTA Salta, ATTA Salta, La Ventolera, Ballroom Salta,
Magika Producciones, Full Moon in Gemini— pusieron en ese escenario toda la
densidad de su historia y toda la energía de su presente. Lo que produjeron no
fue un espectáculo. Fue un argumento. Un argumento sobre la belleza como forma
de justicia, sobre la alegría como forma de lucha, sobre la presencia como la
más básica y la más poderosa de las afirmaciones políticas.
A catorce años de
la ley, las históricas salteñas siguen subiendo al escenario. Siguen doblando a
sus divas. Siguen diciendo, con el cuerpo prestado de la canción y el cuerpo
propio de la trayectoria, que existieron. Que existen. Que no piensan irse.
— ✦ —
Salta, mayo de 2026






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