domingo, 8 de febrero de 2026

De la Desaparición al Descarte: Blanca Lescano y la Continuidad Genocida en el Discurso de los Derechos Humanos

Análisis del discurso pronunciado frente a la sede de La Libertad Avanza en Salta

Por Fernando Pequeño Ragone, asistido con Claude IA [1]

El discurso de Blanca Lescano, pronunciado frente a la sede de La Libertad Avanza (LLA) en Salta durante la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascista, es una de las intervenciones más lúcidas y estructurales sobre la actualización de las formas de violencia estatal en democracia. Desde su trayectoria en la lucha por los derechos humanos, Lescano construye un puente analítico que conecta el terrorismo de Estado de la última dictadura militar con las políticas de exclusión y exterminio social del presente neoliberal, desmontando la falsa separación entre "violaciones de derechos humanos del pasado" y "políticas económicas del presente".

 



Contenidos

Dela Desaparición al Descarte: Blanca Lescano y la Continuidad Genocida en elDiscurso de los Derechos Humanos

Lademocracia como conquista y su usufructo por quienes la niegan

Delgenocidio militar al genocidio social: la ampliación necesaria del concepto

Lacriminalización de la vulnerabilidad: cuando el Estado penaliza a quienesdebería proteger

Lapolicía como aparato de reproducción del fascismo y el odio

Lamemoria activa como resistencia: del museo al combate político

Conclusión:La lucha por los derechos humanos como lucha por la supervivencia colectiva

 

 

La democracia como conquista y su usufructo por quienes la niegan

Lescano inicia su intervención desde un lugar de memoria política que recuerda el costo histórico de la recuperación democrática. No se trata de una referencia nostálgica sino de una advertencia estratégica: la democracia no es un estado natural de las cosas, sino una conquista colectiva que costó vidas, tortura, desapariciones y décadas de lucha. Esta premisa es fundamental para comprender la denuncia que articula a continuación.

La contradicción que señala es punzante: "Usufructuaron la democracia que a todo el pueblo argentino le costó conseguir y que resulta que ahora pretenden imponer desde el Estado Nacional también un genocidio". El verbo "usufructuar" no es casual. Lescano está señalando que sectores políticos que llegaron al poder utilizando las herramientas de la institucionalidad democrática —el voto, la Constitución, los procedimientos republicanos— están empleando esa legitimidad formal para desmantelar desde adentro los contenidos sustantivos de la democracia: la justicia social, la protección de los más vulnerables, la redistribución de la riqueza.

Esta formulación es políticamente crucial porque desmonta dos trampas discursivas: por un lado, la idea liberal de que la democracia se agota en los procedimientos formales (elecciones libres, división de poderes) sin importar qué proyecto de sociedad se construya con esos procedimientos; por otro, la ingenuidad de ciertos sectores progresistas que creen que el simple hecho de mantener la institucionalidad electoral garantiza la preservación de derechos conquistados. Lescano está advirtiendo que el fascismo contemporáneo ha aprendido a usar las formas democráticas para vaciarlas de contenido emancipatorio.

Del genocidio militar al genocidio social: la ampliación necesaria del concepto

El núcleo duro del discurso de Lescano es la redefinición del concepto de genocidio. Lejos de limitarlo a la desaparición física de personas por parte de fuerzas militares durante dictaduras —definición restrictiva que permite al poder democrático liberal declararse inocente—, Lescano lo extiende a la destrucción sistemática de las condiciones de vida de sectores enteros de la población.

Su formulación es contundente: "Pretenden imponer desde el Estado Nacional también un genocidio; un genocidio para los trabajadores, un genocidio para los pobres". Esta ampliación conceptual no es una metáfora ni un romanticismo militante. Es el reconocimiento de que el exterminio no requiere campos de concentración ni vuelos de la muerte cuando puede realizarse mediante la destrucción del empleo, el desfinanciamiento de la salud pública, el desmantelamiento de la educación, la criminalización de la pobreza y el hambre como política de Estado.

Lescano establece una continuidad estructural entre dos momentos históricos que suelen pensarse como radicalmente diferentes:

  1. El genocidio de la dictadura: Desaparición forzada, tortura, apropiación de niños, aniquilamiento de organizaciones populares mediante el terror estatal directo.
  2. El genocidio neoliberal: Destrucción de las condiciones materiales de existencia de los sectores populares, abandono deliberado de niños y jubilados, criminalización de la supervivencia, violencia institucional selectiva.

La conexión entre ambos momentos no es solo analógica sino genealógica. Lescano denuncia que el proyecto político que hoy gobierna reivindica explícitamente a los genocidas del pasado: "pretenden liberar a los condenados por crímenes de lesa humanidad". No se trata solo de políticas económicas neoliberales aplicadas por tecnócratas pragmáticos, sino de un proyecto ideológico que celebra el exterminio previo y busca continuarlo bajo nuevas formas.

Esta lectura desmonta la separación artificial entre "derechos civiles y políticos" (violados por las dictaduras) y "derechos económicos, sociales y culturales" (cuya violación suele minimizarse como "ajuste necesario" o "responsabilidad fiscal"). Lescano está diciendo que cuando el Estado abandona deliberadamente a los niños al hambre, cuando desmantela el sistema jubilatorio condenando a la miseria a los ancianos, cuando destruye el empleo y criminaliza la pobreza resultante, está ejecutando un genocidio.

La criminalización de la vulnerabilidad: cuando el Estado penaliza a quienes debería proteger

Uno de los pasajes más duros del discurso de Lescano es su denuncia de la inversión de roles del Estado: "Pretende poner la violencia en la calle, golpear jubilados, golpear niños y niñas... pretenden resolverlo penalizando a los niños que tendrían que defender por los tratados internacionales de derechos humanos".

Esta formulación identifica un mecanismo central del neoliberalismo contemporáneo: la gestión de la crisis social mediante la criminalización de sus víctimas. El Estado no solo abandona a niños y jubilados —los sujetos de especial protección según el derecho internacional—, sino que luego los penaliza por las consecuencias de ese abandono. Los niños empobrecidos son tratados como "delincuentes en potencia", los jubilados que protestan son reprimidos, las madres que reclaman alimentos son acusadas de "extorsión social".

Lescano señala la contradicción jurídica escandalosa: Argentina ha suscrito tratados internacionales que obligan al Estado a proteger prioritariamente a niños, niñas y adolescentes, así como a garantizar condiciones dignas para las personas mayores. Sin embargo, las políticas concretas violan sistemáticamente esos compromisos, invirtiendo la lógica del derecho: en lugar de proteger a los vulnerables y perseguir a los responsables de su vulnerabilización, se protege a los poderes concentrados y se persigue a quienes el sistema expulsa.

Esta inversión no es accidental ni resultado de "errores de gestión". Es una estrategia política deliberada que busca disciplinar socialmente mediante el terror: si te empobrecemos y encima te criminalizamos por ser pobre, si te dejamos sin trabajo y encima te reprimimos por reclamar, el mensaje es claro: tu única opción es la sumisión total.

La policía como aparato de reproducción del fascismo y el odio

El discurso de Lescano adquiere una especificidad territorial crucial cuando analiza el rol de la policía de Salta. Sus denuncias son demoledoras: "Esa es la policía que encubre a esto, a ese fascismo... esa es la policía que debería estar cuidando a las mujeres que están en riesgo".

Esta caracterización de las fuerzas de seguridad provinciales no es una crítica genérica a "excesos policiales" o "casos aislados de violencia institucional". Lescano está señalando que la policía opera como un brazo armado del proyecto fascista, cumpliendo funciones específicas:

  1. Encubrimiento del fascismo: La policía no solo no persigue los discursos y prácticas fascistas, sino que los ampara, los protege, los habilita.
  2. Abandono de las mujeres en riesgo: Mientras debería estar protegiendo a mujeres amenazadas por violencia machista, está dedicada a otras funciones represivas.
  3. Propagación del odio: "Esa es la policía de Salta que lo único que propaga es odio". La institución policial no es neutral que se limita a "cumplir órdenes", sino un actor político que reproduce y amplifica los discursos de odio contra disidencias sexuales, migrantes, pueblos originarios, pobres.
  4. Revictimización sistemática: "La policía que cada vez que vamos a hacer una denuncia las revictimiza y violenta". Esta denuncia es particularmente grave porque señala que el aparato que debería proteger a las víctimas es, en realidad, parte del sistema de victimización.

La experiencia de Lescano como militante de derechos humanos en Salta le da autoridad testimonial para estas afirmaciones. No está especulando teóricamente sino denunciando prácticas que ha enfrentado directamente: mujeres que van a hacer denuncias por violencia de género y son maltratadas por el personal policial, familias que buscan justicia por sus muertos en comisarías y encuentran encubrimiento, personas LGBTIQ+ que sufren violencia institucional cada vez que entran en contacto con las fuerzas de seguridad.

Esta caracterización conecta directamente con el planteo que desde la Asociación Miguel Ragone venimos haciendo [2] (ver el vínculo al final: Anatomía de la Violencia Institucional en el Distrito Judicial Sur: Un Análisis de la Seguridad y la Letalidad en el Departamento de Anta (2016-2026))   sobre la "normalización sistemática del maltrato, especialmente en los distritos de los municipios del interior donde las comisarías están saturadas y las personas conviven en condiciones inhumanas". La violencia policial en Salta no es disfuncional al sistema: es funcional. Es el mecanismo mediante el cual se disciplina a las poblaciones excedentes, se aterroriza a quienes podrían organizarse, se protege el orden de la desigualdad.

La memoria activa como resistencia: del museo al combate político

El discurso de Lescano, pronunciado en el contexto de la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascista, y en el marco de la conmemoración de los cincuenta años del golpe de 1976, plantea implícitamente una concepción de la memoria como herramienta política activa, no como ejercicio conmemorativo ritual.

Su análisis sostiene que "el fascismo y el racismo no son fenómenos aislados, sino que se manifiestan hoy en la destrucción de las estructuras del Estado y en el abandono de miles de personas". Esta formulación es crucial porque evita dos trampas simétricas:

  1. La trampa de la excepcionalidad: Pensar el genocidio de la dictadura como un evento único, excepcional, radicalmente diferente de la "normalidad democrática". Esta perspectiva permite celebrar la recuperación democrática mientras se naturalizan formas actualizadas de violencia estatal.
  2. La trampa de la banalización: Llamar "genocidio" o "fascismo" a cualquier política que no nos gusta, vaciando los conceptos de contenido analítico y diluyendo la especificidad histórica de las experiencias límite.

Lescano evita ambas trampas mediante una operación conceptual sofisticada: reconoce la especificidad histórica del terrorismo de Estado dictatorial (desaparición forzada, campos clandestinos, plan sistemático de exterminio) mientras identifica continuidades estructurales con las formas contemporáneas de violencia estatal (hambre como política, criminalización de la pobreza, abandono letal de poblaciones enteras).

Esta perspectiva transforma la memoria en práctica de resistencia. No se trata de recordar el pasado para que "nunca más" vuelva a ocurrir algo exactamente igual —promesa que el poder puede cumplir formalmente mientras ejecuta variantes actualizadas—, sino de reconocer las lógicas de poder que persisten bajo nuevas formas para poder combatirlas en el presente.

Conclusión: La lucha por los derechos humanos como lucha por la supervivencia colectiva

El discurso de Blanca Lescano frente a la sede de La Libertad Avanza en Salta es más que una denuncia coyuntural. Es una reformulación estructural de lo que significa defender los derechos humanos en el siglo XXI. Su planteo central —la continuidad genocida entre dictadura y neoliberalismo— no busca equiparar mecánicamente períodos históricos diferentes, sino identificar las lógicas de poder que producen poblaciones descartables, cuerpos superfluos, vidas que no merecen ser vividas.

Al conectar el terrorismo de Estado del pasado con las políticas de exclusión del presente, Lescano está haciendo varias operaciones políticas fundamentales:

  1. Desnaturaliza la violencia neoliberal: El hambre, el desempleo, la falta de acceso a salud y educación no son "consecuencias inevitables" de leyes económicas neutrales, sino decisiones políticas deliberadas que producen sufrimiento y muerte.
  2. Amplía el sujeto de los derechos humanos: Ya no solo las víctimas directas del terrorismo de Estado dictatorial, sino todos los sectores que hoy son objeto de políticas de abandono y exterminio social: trabajadores precarizados, niños hambrientos, jubilados empobrecidos, mujeres desprotegidas, disidencias sexuales criminalizadas.
  3. Actualiza las herramientas de resistencia: La lucha por los derechos humanos no puede limitarse a la judicialización de crímenes del pasado (aunque esto sea importante), sino que debe articularse con las resistencias concretas del presente: la defensa de la educación y la salud públicas, la organización sindical, las luchas territoriales, los feminismos, los movimientos antirracistas.
  4. Identifica a los responsables contemporáneos: No hay genocidio sin genocidas. Al señalar que el proyecto político actual "usufructúa" la democracia para imponer un genocidio social, Lescano está nombrando responsabilidades políticas concretas, no diluyéndolas en abstracciones como "el mercado" o "la globalización".

Su intervención, en el marco de la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascista, sitúa la lucha por los derechos humanos exactamente donde debe estar: no en el terreno despolitizado de la conmemoración estetizada ni en el campo jurídico exclusivamente, sino en el combate político cotidiano por las condiciones materiales de existencia de las mayorías populares.

La memoria activa que propone Lescano es aquella que reconoce en el niño hambriento de hoy al desaparecido de ayer: ambos son víctimas de un proyecto de poder que decide quiénes merecen vivir y quiénes son descartables. Y sitúa la resistencia antifascista como la única forma de preservar no solo la memoria del pasado, sino la posibilidad misma de un futuro donde todas las vidas importen.



[1] Orden (Claude): Describe y analiza el discurso que te adjunto. Incluyendo citas textuales de la interlocutora. Se trata de Blanca Lescano, que desde su trayectoria en la lucha por los Derechos Humanos, aporta una mirada estructural que conecta el genocidio del pasado con la exclusión del presente en el marco de la Segunda Marcha Federal Antirracista y Antifascita en Salta. Titula.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

De la Desaparición al Descarte: Blanca Lescano y la Continuidad Genocida en el Discurso de los Derechos Humanos

Análisis del discurso pronunciado frente a la sede de La Libertad Avanza en Salta Por Fernando Pequeño Ragone, asistido con Claude IA  [1] ...